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¿Es verde la energía nuclear?

¿Y el gas natural? ¿El color de la energía importa? La Comisión Europea opina que sí, mientras que el Gobierno de España dice lo contrario. Pero hay algo más importante que todo eso: ¿qué significa que una energía sea verde? ¿Tiene algún sentido o solo se trata de una etiqueta más?

13/03/2022 - 

VALÈNCIA.- Durante las últimas horas de 2021 la Comisión Europea publicó un documento que generó mucha tensión política. Se trataba de un borrador sobre la clasificación de energías verdes que —al menos sobre el papel— debe guiar las inversiones energéticas para contribuir a la famosa transición ecológica. 

A esta clasificación se la conoce como taxonomía verde europea y tiene sentido en el contexto del Pacto Verde Europeo, aprobado en 2019. En aquellas reuniones se marcaron algunos objetivos medioambientales, y uno de los puntos acordados fue convertir a la Unión Europea en un territorio climáticamente neutro en 2050. Es decir, dejar de emitir gases de efecto invernadero que contribuyen al incremento del calentamiento global. 

La necesidad de reducir la contaminación es evidente. Con los datos en la mano, el cambio climático producido por el ser humano es innegable. Pero ahora, cuando esos efectos empiezan a ser cada vez más evidentes, se han acompañado las buenas intenciones con algo más que palabras. En concreto, cuatrocientos mil millones de euros que la UE va a dedicar al cambio de modelo energético. Y es ahí donde está el auténtico color verde de la energía: en el dinero.

La crítica que hacen muchas asociaciones ecologistas es que algunos países, como Francia, dependen principalmente de las centrales nucleares —el 70% de su electricidad viene de esa fuente— y son ellos quienes han forzado esta clasificación. Por otro lado, los defensores de la taxonomía propuesta argumentan que las centrales nucleares no emiten gases de efecto invernadero.

De todas estas cuestiones sabe mucho Pedro Fresco, director general de Transición Ecológica de la Generalitat Valenciana: «Al final, la gobernanza de la Unión Europea es complicada y hay que tener a muchos países contentos. Y dentro de la Unión Europea hay muchas posiciones diferentes respecto a lo que debe ser el gas natural y la energía nuclear. Yo creo que todo el mundo entiende que las renovables son el estándar al que tenemos que ir, pero hay países que consideran que el gas y la nuclear deben ser energías de transición. Para contentar a todo el mundo, la comisión ha hecho una propuesta donde el estándar son las renovables, pero se hace una categoría B de energías que son de transición y son coherentes con el proceso de descarbonización. Es decir, que se les llama verde, pero no son el estándar, y ahí meten al gas y a la nuclear».

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Entonces, ¿qué explicación tiene todo este lío de etiquetas? Está claro que la energía nuclear no produce emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, aunque es controvertida por los residuos radioactivos que genera y la posibilidad de un accidente nuclear. Pero ¿qué hay del gas? El gas se quema para producir electricidad en grandes centrales, y toda combustión emite gases de efecto invernadero. ¿Por qué se le quiere dar la etiqueta verde?

* Lea el artículo íntegramente en el número 89 (marzo 2022) de la revista Plaza

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