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GRAND PLACE / OPINIÓN

Fantasmas en la buhardilla

26/02/2019 - 

No recuerdo exactamente cuándo leí a Orwell. Supongo que en mis años de instituto o por influencia de aquél primer novio revolucionario. Fue por la misma época en que leí el Tractatus logico-philosophicus de Wittgenstein -¡en catalán, no en latín!- o El pensament saltvatge de Claude Lévi-Strauss. Me adentro de nuevo en mi biblioteca y recorro los años sobre los lomos de los libros, según su color y olor, según evoco sueños y aromas. De aquella época de juventud, acabo de reencontrarme en la segunda fila del fondo -me faltan estantes- Les dictadures del nostres dies de Andreu Nin y Països Catalans i llibertat de Josep Guia, entre el Tenir o ésser de Erich Fröm y una Antologia poética de Ausiàs March. Retrato de una época.

De George Orwell, recuerdo que me impactó tanto como Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Este último se quedó en casa de mi madre. Era suyo. La biblioteca de mi madre aún no nos la hemos repartido. Bucear en la biblioteca de las personas es como penetrar en su intrahistoria, en su vida y en sus anhelos. De Orwell, recuerdo haber leído Rebelión en la granja y 1984, pero no los veo. Tal vez alguien me los prestó. O yo los presté. Mi madre siempre me decía que no dejara mis libros, que “los libros no tienen dueño”. Sí, se me han perdido algunos libros en la vida, como pequeños tesoros añorados que evoco con pesar.

A Orwell vuelvo ahora. A Mundo Orwell. Manual de supervivencia para un mundo hiperconectado, del coronel Ángel Gómez de Ágreda. Este libro es sólo un aperitivo de lo que vendrá después. Desde las redes sociales viene avisando -o tal vez amenazando-, del mundo que nadie pudo imaginar, ni siquiera el profético Orwell, con su Gran Hermano y el Ministerio de la Verdad en un nuevo tipo de sociedad controlada totalitariamente, donde el lenguaje era adulterado por el poder para distorsionar los hechos o, más exactamente, para crear una nueva realidad artificial donde el lavado de cerebro,el soborno, el control y la manipulación de la verdad eran las claves.

¿Les suena, verdad? Volvamos a la cruda realidad. ¿Conocen a Alexa? ¿Y a Rumba? Nos lo explica el coronel y lo explicaba hace dos años a mis alumnos de la Facultad de Derecho de la Universitat de València. Las tenemos en casa y saben en cada momento lo que hacemos, comemos, queremos, amamos, pensamos… Ven y escuchan todo lo que ocurre a su alrededor, en la intimidad de nuestros hogares y de nuestros chips. Y lo transmiten en tiempo real al ordenador central de la empresa que los comercializa, al Gran Hermano que, en este siglo, no está en poder de un Gobierno o un ejército, sino de una multinacional con poder para comprar varios gobiernos y un ejército a la carta.

Aún así, la sutilidad es mayor que en el Orwell del siglo pasado. Ángel Gómez de Ágreda, especialista en Ciberdefensa, estudia los algoritmos por los que Google y compañía eligen por nosotros lo que queremos ver y leer, la música que queremos oír, la persona que queremos amar. Vamos hacia el pensamiento único, el que nos cosifica y nos predetermina sin dejarnos otear más allá de lo que nos apetece, sin dejarnos acercarnos al otro, al que piensa diferente. Me lo intentaba explicar hace casi tres años el coronel en un vuelo Dakar-Bamako, a bordo de un Hércules del Ejército del Aire. Gómez de Ágreda comandaba entonces el Destacamento Marfil, en apoyo al ejército francés durante la Operación Barkhane, en eterna lucha contra los yihadistas en el Sahel. Hace tres, días arrasaron una aldea en Malí dejando 130 muertos. Justo el día en que Estados Unidos anuncia el fin del Estado Islámico.

“Esta vez no podemos esperar a desarrollar un nuevo mundo, antes de pensar cómo queremos que sea. La ética de la inteligencia artificial y de las neurociencias es necesaria”, explica el coronel hoy desde sus redes. “Muévete deprisa y rompe cosas, decía Zuckerberg. ¿Y si rompemos Facebook? Difícil, el mundo digital tiende a los monopolios”. Gómez de Ágreda nos hace reflexionar sobre el sesgo dela información y las redes sociales, sobre las fake news y su control a través de un mundo digital cada vez más incontrolado. ¿Les suena?

La Unión Europea acaba de multar a Google con 1.494 millones de euros por “abuso de posición dominante”, es decir, por bombardearnos con anuncios mientras navegamos en nuestro ordenador de lo que se supone compramos, comemos, amamos… Yo, por si acaso, me vuelvo a Erich Fröm: “¿Com rompre la voluntat d’una persona sense que aquesta siga conscient? (…) Bona part de la gent creu que segueix la pròpia voluntat, i no s’adona mínimament que aquesta és, al contrari, condicionada i manipulada”. Gràcies Erich, gràcies coronel.

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