VALÈNCIA. Convertir a la Comunitat Valenciana y la Región de Murcia en un entorno favorable para el desarrollo de compañías de deeptech, cuya innovación se basa en avances científico-tecnológicos de frontera, exigirá mucho más que el diseño de una política adecuada de ayudas públicas. Hay aspectos burocráticos, regulatorios, de acceso a financiación, de transferencia de conocimiento, que elevan el desafío a la categoría de cambio cultural. Las compañías avanzan en cualquier caso a enorme velocidad: Quibim prepara un acuerdo con Anthropic y Arkadia un nuevo producto que revolucionará la propulsión de los satélites.
En la mesa redonda “DeepTech: las capacidades que decidirán la competitividad del futuro”, celebrada en el contexto del evento de presentación del Observatorio de I+D de la Fundación LAB se ha dado, en definitiva, por buena la voluntad de crear un territorio deeptech friendly y se ha tendido también la mano a la colaboración con los sectores más maduros de nuestra economía.
Estas son las nuevas fronteras que se plantean nuestras empresas deeptech ahora mismo. El fundador y CEO de Internxt, una compañía de almacenamiento de datos en la nube, Fran Villalba, ha explicado que “hemos desarrollado tecnología postcuántica para procesar los datos y que ninguna tercera parte pueda acceder a ellos cuando en dos, tres o cuatro años, puedan utilizarse ordenadores cuánticos”.
Ángel Alberich, fundador y CEO de Quibim, especializada en el análisis de imágenes médicas con inteligencia artificial (IA), ha explicado que esta tecnología está empoderando a los pacientes para liderar el cambio hacia una medicina preventiva al margen de los ritmos gubernamentales. “Este cambio no va a estar inducido por los gobiernos, sino que son ya el propio paciente y la propia población los que, gracias a la IA, están tomando las riendas”. Quibim nos sorprenderá pronto con alguno de los acuerdos con gigantes tecnológicos como Anthropic, en los que trabaja para integrar diagnósticos en los modelos de IA generativa.
La novedad que prepara Arkadia Space, empresa de propulsores para satélites basados en peróxido de hidrógeno de alta concentración (lo que conocemos como agua oxigenada) para sustituir sustancias tóxicas y cancerígenas, se encuentra aún en una fase temprana. “Utiliza un combustible también alternativo que, al contacto con el peróxido de hidrógeno, ignita de forma espontánea, no necesita, por tanto, ninguna fuente de ignición externa como podría ser una bujía o un calentador. Esto iguala las prestaciones totalmente con esos sistemas tradicionales, pero reduce muchísimo los costes, en torno a un 70%, y a nivel de operaciones elimina la complejidad y la toxicidad”, ha explicado su cofundador, Sergio Soler.
Un contexto todavía difícil
Desarrollar empresas de tecnología profunda a largo plazo sin facturación inmediata resulta sumamente adverso en el mercado español. “En España es prácticamente imposible hacer una empresa deeptech que necesita estar 10-15 años sin facturar, lo que estamos consiguiendo en general aquí invirtiendo en innovación es prácticamente heroico”, ha apuntado Fran Villalba. Los programas públicos de financiación exigen garantías bancarias que bloquean los fondos de las empresas, “tienes que pignorar el 100% antes de que te den la ayuda”.
Para Ángel Alberich resulta llamativo que exista “un volumen masivo de información médica no aprovechada en pruebas clínicas”, si se compara con la tecnología de vehículos autónomos. “En una resonancia magnética de una persona tenemos mucha más información que en dos días de conducción de un vehículo autónomo, pero nos ha preocupado más el Tesla que el tumor”. Las herramientas de IA deben permitir democratizar el diagnóstico médico y abaratar costes a nivel global. “La medicina tiene que ser de precisión y no de privilegio”.
Sergio Soler ha señalado que, aunque Arkadia Space ha captado más del doble de capital público que privado para financiarse, las empresas sufren un desgaste masivo para adaptarse a “decenas de nuevas cláusulas de justificación que se añaden cada año”. Eso las obliga a contratar consultoras para poner “parches”, y así persistirá mientras no se erradique la burocracia de raíz.
Se ha producido, además, un cambio reciente de postura en la Comisión Europea que perjudica a las empresas en fase de crecimiento. Según ha explicado Ángel Alberich, en su afán por proteger la soberanía tecnológica y evitar la fuga de propiedad intelectual, Europa exige ahora a las startups identificar y detallar el origen de los inversores detrás de los fondos de capital riesgo internacionales. Dado que los fondos de inversión se niegan a revelar públicamente la identidad de sus socios, la financiación pública europea corre riesgo de bloquearse para las empresas más avanzadas tecnológicamente y de derivarse sólo hacia startups totalmente controladas dentro de la UE.
A pesar de este contexto, el interés del mercado por este tipo de compañías existe. El capital riesgo internacional destina cerca de un tercio de sus fondos a tecnologías profundas debido a la prioridad en soberanía estratégica. “Estamos en el máximo histórico, un 32% de toda la inversión VC se dedica a deeptech, que es como el doble en comparación con hace 10 años”, ha apuntado Itziar Blasco, directora de empresa y emprendimiento de Barcelona Activa y directora del Barcelona Deep Tech Summit.
Las empresas deeptech requieren, no obstante, de espacios físicos de laboratorio y supercomputación para realizar pruebas antes que financiación pura, en su opinión. Otro objetivo clave de los ecosistemas locales debe ser conectar la tecnología de las startups con el tejido empresarial e industrial tradicional.
La mesa ha enfatizado también el contraste actual entre la abundancia de patrimonio en sectores industriales tradicionales y su desconexión con el ecosistema tecnológico. Ángel Alberich ha subrayado que España necesita más emprendedores de éxito que reinyecten su capital en el ecosistema, como están haciendo en la Comunitat Valenciana figuras como Juan Roig, Iker Marcaide o Iñaki Berenger. Se necesitan “miles de ellos”, ha dicho, para consolidar una masa crítica y evitar depender de fondos británicos y estadounidenses.
Hacer ‘match’ con los sectores maduros
A pesar de la brecha cultural, existen puntos de contacto reales entre la tecnología punta y los sectores maduros. Con la industria del mecanizado industrial, Arkadia trabaja de forma constante para fabricar componentes y piezas complejas de sus motores de propulsión espacial y con las pymes de la industria química y del plástico, buscan materiales y plásticos especiales capaces de canalizar y almacenar peróxido de hidrógeno de alta concentración sin degradar otros componentes del sistema. También colabora con los institutos tecnológicos, pero muchas veces “falta una industria madura local capaz de fabricar y suministrar como proveedora a escala comercial”.
En el caso de Internext, su tecnología de cifrado en la nube es agnóstica y aplicable a cualquier empresa de la economía tradicional que gestione un volumen de datos sensibles que deba proteger frente a ciberataques. Colaboran con compañías de seguridad y videovigilancia, medios de comunicación y sector audiovisual y empresas de distribución y retail. Incluso Valencia Club de Fútbol y Levante UD confían en la empresa de Fran Villalba para la gestión de sus activos digitales.
Las posibilidades de colaboración de Quibim con empresas de sectores maduros se dan principalmente dentro del propio ámbito sanitario y biotecnológico, con firmas como Highlight Therapeutics, el grupo Columbus Venture Patrners y el fondo Asabys. Además, ha participado en el lanzamiento de la Fundación Imaging en València y ha trabajado junto a empresas de ciberseguridad aplicada a la salud y con institutos tecnológicos para impresión 3D.
Itziar Blasco ha explicado el caso real de Bodegas Torres, que colaboró con una startup de base científica para identificar mediante tecnología avanzada la presencia de ciertas bacterias en sus viñedos y eliminarlas de los procesos de producción del vino.