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reflexionando en frío / OPINIÓN

Fundesem, la Europea y la 'titulitis'

30/08/2022 - 

Navegar por LinkedIn equivale a nadar en un mar de ego, autosuficiencia en el que todos mandan como capitán de navío y nadie es marinero. CEOs, directores, jefes de subsecciones y otros ilustres proliferan en la sociedad posmoderna. No hay quien no tenga un MBA o un rosario de máster con los que adornar el currículum académico. Me contaba un conocido, que al encontrarse con unos impúberes universitarios y contarles que era ingeniero naval estos reaccionaron preguntando si solo tenía ese título. Con el paso del tiempo y con la democratización de los estudios superiores se ha ido aumentando el baremo de certificación. La generación boomer necesitaba tan solo una licenciatura para confirmar su valía profesional, con el paso a los millenial ese filtro aumentó hasta las especializaciones y con la generación Z ni siquiera el tener un executive te garantiza trabajar.  

"Actualmente, los títulos nobiliarios son las carreras, máster y doctorados de las universidades de la Ivy League y en España los títulos de las escuelas de negocios", escribió en 2018 César García, profesor de la Universidad de Washington en un artículo publicado en El Mundo titulado La titulitis, un mal español. El ansia de nobleza es lo que ha convertido a la educación en un negocio más en el sistema capitalista. Mercado sobreexplotado que se ha saldado con un exceso de oferta que ya está teniendo consecuencias como lo que le ocurre a Fundesem en Alicante o a la Universidad Europea de Madrid que en el 2021 tuvo que realizar un ERE de casi 300 docentes ante la crisis que atravesaba la institución. Ya son varias las voces que alertan del elevado número de centros universitarios. Por motivos económicos o netamente políticos, como ocurrió con la Universidad Miguel Hernández en Elche cuando al por entonces presidente de la Generalitat en 1996 Eduardo Zaplana se le antojó crear otro organismo innecesario. Es precisamente el uso político de las instituciones universitarias otro de los cánceres del ámbito académico español, con exdiputadas socialistas ocupando rectorados como el de la Universidad Jaume I de Castellón. Endogamia concebida dentro del negocio en el que algunos han convertido la expedición de títulos oficiales. Graduados que son superiores a las ofertas de empleo reales en el mercado laboral. España es el país de la Unión Europea con mayor porcentaje poblacional con alguna certificación superior. Hemos primado la cantidad por encima de la calidad y quizá por eso tengamos a cajeros de supermercado con graduados universitarios.

Con el paso de los años se ha ido inflando la burbuja de la titulitis y se han ido creando diferentes modalidades de títulos con dudosa utilidad en el día a día de los profesionales. Así te encuentras con ofertas educativas trasnochadas como el grado de reciente creación por la Universidad de Barcelona de Estudios de Género. Por no hablar de determinadas titulaciones con nula convalidación en el mundo del trabajo como es el caso de Criminología al no contar con figuras como la de asesor policial como sí ocurre en lugares como Gran Bretaña. Tuve compañeros de facultad que tras graduarse como criminólogos se vieron obligadas a hacer dos años más para sacarse Derecho y así encajar a nivel profesional. Se han roto los nexos entre la Universidad y el mercado laboral. La fractura entre los vasos comunicantes es consecuencia de la inflación de los títulos académicos y la visión del sistema como un negocio en lugar de como el Ágora donde se formarán los futuros líderes. 

Lo que ha ocurrido en Fundesem o en la Europea de Madrid no es más que el síntoma de que nos estamos pasando de la raya. Llegará un momento en el que esta burbuja explote y como reseñó el profesor de Harvard Clayton Christensen, en unos años la mitad de las universidades dejaran de existir ante la excesiva oferta.   

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