‘THE SOUND OF A FALLING TREE’

Hinchables, alfombras y columpios para reflexionar sobre el arte desde las periferias

La galería Tuesday to Friday analiza en su nueva colectiva, The Sound of a Falling Tree, el diálogo del arte lejos de la cotidianidad centrándose en la perspectiva de 14 perfiles que juegan con todo tipo de materiales y texturas y generan obras de todo menos convencionales

13/11/2022 - 

VALÈNCIA. En el museo las cosas no se tocan, o sí. Tampoco los lienzos están en el suelo, ni hay un robot observador que vigila la sala desde la entrada. Tuesday to Friday rompe todas las normas no escritas de las exposiciones con The Sound of a Falling Tree, una muestra que obliga a admirar aquellos objetos que habitan en la cotidianidad de de 14 artistas británicos que se reúnen de forma excepcional en València para mostrar su arte y con ello sus perspectivas, que viven en la periferia del mundo artístico. El curator de la muestra exhibe también, Liam Fallon, su trato con el galerista Vicente Torres le ha permitido traer a todos los artistas a València: “Estoy familiarizado con Fallon desde hace ya bastante tiempo, conozco su criterio y sé que siempre hace una buena selección de perfiles, que combinan y encajan a la perfección”, explica Torres.

Las obras que se exponen conviven generalmente en las periferias del arte, entre ellas se encuentra un columpio que se deja caer sobre una rodaja de mortadela, una alfombra que bien podría ponerse encima de un perro poodle y unas ramas con espinas hinchables que se aprisionan tras un vidrio. Algunos de los artistas protagonistas responden (con un acento inglés muy muy marcado) a las preguntas de Culturplaza,  más concretamente 4 de 14: Amy Grogan, que aporta a la sala una obra compuesta por un columpio y una rodaja de mortadela con su obra Meat Wave; Liam Fallon, comisario y creador de In plain sight, una pieza que muestra un muro de ladrillo y un cielo sobre resina; Tulani Hlalo quien con Winner 2012 muestra un traje "para perro" hecho con material de alfombra y Mick Peter, quien contribuye al cartel de la sala con una pieza de Banana Drawing (Split Milk). Para el comisario la clave es que las piezas “sacudan, que se salgan de la habitual”, y que todo se convierta en un parque de recreo en el que juegan todo tipo de texturas, por raras que sean: “La idea es generar algo seductor, y que los materiales sean los que atraen a las personas”, explica.

Todos estos objetos son totalmente aleatorios y a su vez conforman un paseo con mucho estilo. Dispuestos sobre un muro blanco dan al visitante la sensación de que se está metiendo en una habitación muy guay de algún veinteañero con problemas de maximalismo:“Poner esto en las paredes obliga a que pongamos atención en ello, cuando lo ponemos junto es una manera también de encontrar un hilo conductor de todas estas cosas”, comenta Fallon, quien obliga a que los artistas se centren en las perspectivas propias de sus trabajos para generar su arte. Ese hilo conductor permite que los artistas muestren sus trabajos que se salen de lo convencional, y que según Tulani genera una muestra con la que “parece que quieres jugar”. Tal y como lo define la hoja de sala el concepto va más allá, y engancha en parte con el fenómeno de lo cotidiano, haciendo que reflexionen sobre los intereses propios. Uno de los momentos clave para ello es la pandemia, el momento en el que los cuatro artistas disponen del tiempo y espacio para perfeccionar su técnica y perfilar su mirada.

La muestra exhibe como los artistas han mejorado su técnica en este periodo de parón mental obligatorio. En el caso de Tulani por ejemplo la pieza que se expone nace de una serie que se gesta en la pandemia, momento en el cual aprendió a hacer tufting, el arte de las alfombras: “En el momento pospandemia tenemos muchas ganas de exponer y a la vez una técnica muy mejorada, eso forma parte de nuestras perspectivas también”, explica la artista. Una de las piezas que mejor explica esto es el trabajo de Mick, quien muestra un señor mirando un teléfono dentro de un cuadro amarillo, algo que según Liam responde mucho a la voluntad de la exposición: mostrar las perspectivas y la vida de cada uno. Otras perspectivas dialogan a su vez con el espacio, en el caso de Amy todo se asocia con España: “Me he fijado en como es aquí el consumo de la carne, es por ello que represento una pieza de esto en el suelo. La escultura nace de esa percepción que tengo yo, y de mi voluntad de emplear materiales nuevos”, explica la joven, con la pieza que vertebra la sala: un trampolín blanco se cae en vacío hacia la carne. Finalmente la mirada de estos cuatro artistas, de catorce, cuenta un poco de sus historias personales, lo que les rodea, lo que son y como serán cerca de las periferias del arte.

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