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I love Lucy: La reina de la comedia

Lucille Ball no tenía problemas para ponerse a sí misma en situaciones absurdas, incluso era capaz de afearse. Todo con tal de hacer reír a la audiencia. Eso la hizo única ante un público que la adoró en cuanto asomó por la pequeña pantalla

28/05/2021 - 

VALÈNCIA. De Te quiero, Lucy (I love Lucy) suele decirse que es una serie pionera. Uno de los méritos que se le atribuyen es el de haber sido la primera comedia de situación de la historia de la televisión americana. Un formato breve de no más de treinta minutos por capítulo, situaciones disparatadas y diálogos ingeniosos y divertidos, eso es lo que se entiende por sitcom, y Te quiero, Lucy sentó las bases del género que a lo largo de los años nos daría tesoros como Friends, Seinfield o Las chicas de oro.

También fue una de las primeras series extranjeras que se emitió en España, en la casi recién estrenada TVE, que la añadió a su parrilla en 1958, un año después de comenzar sus emisiones. Para entonces, y después de siete años de éxitos, la serie había llegado a su final en Estados Unidos. Uno de los motivos fundamentales de su éxito fue su protagonista, Lucille Ball, actriz de alto octanaje cómico. Interpretando a un ama de casa que se parecía mucho a ella, y no solo en el nombre, se metió en el bolsillo a millones de televidentes. Te quiero, Lucy fue el programa más famoso de la televisión americana durante los años cincuenta. Compitió con la retransmisión del acto de toma de posesión del presidente Eisenhower, que fue vista por 29 millones de personas, frente a los 44 millones que ese día siguieron las trapisondas de Lucy.

El argumento era muy sencillo: Lucy Ricardo era una mujer atípica, una pelirroja norteamericana casada con un músico cubano, Ricky Ricardo, siempre con la cabeza llena de ideas estrafalarias que puedan introducirla en el mundo del espectáculo, hacerla rica o, al menos, romper con la monotonía de su vida cotidiana. Su casera y mejor amiga, Ethel Mertz (Viviane Vance), es el contrapunto sensato a las ocurrencias de Lucy. Lo cierto es que la serie nació porque Ball era una popular actriz radiofónica a la cual, al igual que a muchas otras actrices del momento, le ofrecieron dar el salto a la televisión. Accedió, pero poniendo una condición: que en el nuevo proyecto le acompañara su marido. 

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Desiderio Alberto Arnaz y de Acha III había llegado exiliado de Cuba tras la revolución castrista y se ganaba la vida cantando con una orquesta. Debutó con Xavier Cugat y, aunque no era lo que llamaríamos un gran intérprete, conquistaba por su encanto y su atractivo físico. Él y Lucy se conocieron en los estudios de RKO, filmando la película Demasiadas chicas (George Abbott, 1940). Arnaz le preguntó si sabía bailar la rumba, ella contestó que no y entonces él se ofreció a enseñarle. Acabaron dándose el sí quiero. Cuando Ball se casó con él, rápidamente se dio cuenta de que, si no andaba con ojo, era muy posible que su marido, siempre de gira, se largara con otra. Ese es el motivo de que existiera Te quiero, Lucy, que en realidad era como una venganza contra la realidad en clave de comedia.

* Lea el artículo íntegramente en el número 79 (mayo 2021) de la revista Plaza

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