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Socio director de AVD Consultores

Ignacio González: «Todo buen consultor debe aportar valor a las empresas»

Su afición a viajar y la casualidad lo convirtieron en consultor, una profesión que disfruta enormemente. Y da una clave: el futuro pasa por Asia pero también por África

25/09/2019 - 

VALÈNCIA.- Ignacio González Ochoa (Calahorra, 1973) no tuvo claro que se iba a dedicar de lleno al mundo de la consultoría tras tomarse un tiempo para analizar qué quería hacer con su vida profesional después de haber trabajado en diferentes compañías de muy diversos sectores. A las pocas semanas tuvo sobre la mesa un proyecto hospitalario en el Golfo Pérsico. «Pero al poco comenzaron a proponerme llevar algunos proyectos de posicionamiento internacional de compañías españolas. Cuando me quise dar cuenta me había convertido en consultor», apunta a Plaza reconociendo con una sonrisa: «No me considero un consultor al uso porque no me gusta trabajar con la sensación de ser un externo de paso y sí uno más de la plantilla».

Licenciado en Derecho —especializado en Derecho Corporativo— por la Universitat de València, con un MBA en comercio internacional bajo el brazo y con estudios de posgrado en la prestigiosa London School of Economics, este apasionado del deporte —«he corrido más de diez maratones y allá donde viajo me llevo mis zapatillas»— tiene sobre sus espaldas casi dos décadas de experiencia trabajando en sectores como la biotecnología, la industria farmacéutica y alimentaria; gestionando tanto las compras y las ventas como los equipos y gerentes comerciales, desde la firma valenciana AVD Consultores que cofundó.

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Humildad y no posicionarse por encima de nadie son las dos cosas que debe tener todo buen consultor, señala el fundador y primer presidente de la Asociación Valenciana de Empresas de Biotecnología, que después de trabajar en varias multinacionales del sector alimentario volvió a València como director general de Biopolis. Asimismo, su recomendación a todos aquellos interesados en trabajar en la consultoría es «formarse bien, tener idiomas y, sobre todo, tener vocación de ayudar y aportar valor a las empresas». 

Conocer un buen número de empresas y empresarios «con ganas de ser mejores y que te den la oportunidad de ayudarles a serlo» es lo mejor de su trabajo; mientras que lo peor son los «muchos días» que paso fuera de casa. Pero lo bueno de viajar es ver nuevos países «y correr porque no solo es una buena manera de conocerlos sino también de hacer nuevas amistades». Chicago, Buenos Aires y Jordania son solo algunos de los lugares donde guarda buenos recuerdos y amigos.

Con una agenda cargada de contactos labrados a lo largo de tantos años de consultor y con la experiencia de haber viajado a un buen número de países, no duda en afirmar que «España sigue teniendo una buena imagen internacional porque somos un país atractivo, estable y seguro para invertir. Los vaivenes políticos no tienen tanto impacto fuera de aquí como pensamos porque formamos parte de sólidas instituciones que nos permiten una seguridad a casi todos los niveles».

Este consultor, riojano de nacimiento pero valenciano de adopción, advierte de que el ser una democracia joven, tener apego a la familia y un país con una alta calidad de vida está detrás del por qué a los españoles nos cuesta tanto salir a trabajar fuera. Eso sí, González tiene claro que «hay que lograr generar una estructura empresarial que permita a los profesionales españoles trabajo de calidad a todos los niveles y que puedan competir con profesionales de cualquier parte del mundo».

«Las oportunidades pueden estar en cualquier sitio aunque gran parte del futuro inmediato se escribirá en clave asiática»

Participante en diversos comités asesores de grupos parlamentarios en la Unión Europea y en otras instituciones especialmente en América Latina, González es un habitual conferenciante en universidades y másteres en España y Perú. Desde esa vasta formación reconoce que «en términos generales, salvo el sector de la cerámica, las empresas valencianas no están debidamente internacionalizadas. Suelen tener estrategias basadas en la exportación más que en el concepto de internacionalización e implantación». A su juicio el caso más relevante que ha tenido la Comunitat Valenciana y que ha servido de ejemplo para muchos empresarios desde hace décadas ha sido Lladró. «Creo que de la forma que lo hicieron, posicionando una marca de lujo en todo el mundo y sobre todo cuando es algo que debería estar en cualquier manual de internacionalización que se precie». Otros ejemplos que cita son Vicky Foods, Korott o Damel.

Preguntado por el consejo que le daría a los empresarios valencianos a la hora de abordar nuevos mercados, su respuesta es que «deben planificar a medio/largo plazo y contar con gente que tenga talento y capacidad de parar y cambiar el rumbo si se han equivocado porque la ratio de fracaso en procesos de internacionalización es altísima y la principal razón es el no haber planificado y analizado bien las cosas desde el primer momento». Asimismo apunta que en un mundo tan interconectado como el actual «las oportunidades pueden estar en cualquier sitio aunque gran parte del futuro inmediato se escribirá en clave asiática, no solo China; también veremos en la segunda mitad de este siglo países de la costa atlántica africana comenzando a cobrar un papel más importante a nivel internacional».  

* Este artículo se publicó originalmente en el número de 59 de la revista Plaza

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