NO ÉRAMOS DIOSES. DIARIO DE UNA PANDEMIA #50

Joder, ¡qué tropa!

22/05/2020 - 

VALÈNCIA. En el bar Soliera el camarero debe de estar muy ocupado. Me canso de esperar y al final me marcho sin tomarme mi doble de cerveza. En una mesa he visto a Voro, el dueño de El Mosset, famoso por sus paellas de leña, hablando con su hermano.

Como han abierto más bares, me ha sido fácil encontrar mesa en la terraza de Las Morenas. Éramos seis clientes: una pareja, tres hombres y yo. El único con mascarilla era un servidor. En la calle somos minoría los que cumplimos con la obligación de taparnos la cara por razones de salud pública. El ministro de la porra amenaza con más multas si no se le hace caso. Veremos si tiene suficientes grises para ponernos el bozal a todos. 

La Unión se ha separado. Mítico grupo de los años ochenta. ¡Cómo no recordar su excelente canción Lobo hombre en París, producida por Nacho Cano! El final ha sido bastante triste, como de matrimonio mal avenido. El cantante y el bajista han acabado a escobazos verbales. El asunto se dirimirá en los tribunales, según cuenta la crónica de un periódico. 

He leído los últimos artículos de Félix de Azúa. Están en su blog El Boomeran(g). Me gusta leer a los renegados de la izquierda, a los Azúa, Fernando Savater, Andrés Trapiello, Gabriel Albiac, Fernando Sánchez Dragó… Aprendo mucho de estos saulos que se cayeron a tiempo del caballo del progresismo relinchón. 

Descubiertos 62 cadáveres de ancianos 

Las televisiones han ignorado la noticia, no vaya a ser que nos deprimamos más de lo que estamos. La Policía de Madrid ha descubierto 62 cadáveres de ancianos en sus domicilios en sólo dos meses, de marzo a mayo. El incremento es de un 163% respecto al mismo periodo del año anterior. 

Lo que estamos haciendo con los viejos es un crimen de lesa humanidad. 

En un video que circula por internet reconozco la plaza de Oporto en el barrio de Carabanchel, muy cerca de donde viví en 2016. Allí compraba el periódico en el quiosco de Tomás, que había dejado de ser ejecutivo por vender prensa. Le venía de tradición familiar. Me dijo que el general Primo de Rivera le compraba el diario a su abuela en la Puerta del Sol.  

La plaza de Oporto ha acogido a dos concentraciones: una en contra del Gobierno patán y otra a favor. Este segundo grupo, alentado por el discurso guerracivilista del capo comunista, amenaza, insulta y agrede, si llega al caso, a los que se manifiestan de manera pacífica. Su función consiste en amedrentar a los críticos con el dictador maniquí. Con el tiempo se irá viendo que guardan parecido con los paramilitares chavistas que hostigan a la oposición venezolana.  

Las oficinas del antiguo Inem retrasarán su apertura, que estaba prevista para el próximo lunes. Los empleados se temen —y con razón— episodios de violencia protagonizados por parados. El Gobierno pinocho oculta que cerca de 900.000 afectados por ERTE siguen sin cobrar la prestación. En todo caso, la culpa no es de los funcionarios sino de la cómica gallega que fue elegida ministra de Trabajo para divertir a los espectadores de las cadenas públicas y privadas. 

El Gobierno reventará de altos cargos

Es falso que se diga que el Gobierno no lucha contra el paro. Han empezado por ellos mismos. Un principio modesto, pero que no puede pasarse por alto. La Administración del Estado va a reventar de altos cargos. De momento se desconoce si alguno de ellos se ha bajado el sueldo en nombre de la solidaridad que pregonan a todas horas, siempre que sea a cuenta de los bolsillos ajenos. 

Nuevo episodio chusco en la política española, esta vez por la reforma laboral. El maniquí los ha vuelto a engañar a todos, incluidos a sus ministros, que desconocían que había negociado en secreto con los filoetarras su abstención a la quinta prórroga del estado de excepción. Horas después de conocerse la noticia, los socialistas se echaron atrás porque la vicepresidenta Calviño puso mala cara, al parecer. 

Este Gobierno es la casa de tócame Roque, el hotel de los líos, el camarote de los hermanos Marx pero sin la inteligencia ni la gracia de Groucho y compañía. 

Si el conde de Romanones los hubiese conocido en vida, le habría sacado brillo a su memorable frase: “Joder, ¡qué tropa!”. 


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