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crítica de concierto

Josu de Solaun y Roberto Forés: dos enormes talentos

30/01/2021 - 


VALÈNCIA. Permítanme la caricatura pero, todavía no comprendo como pudo sonar afinado el piano cuando Josu de Solaun interpretó la propina dedicada a Schumann, tras un exitoso primer concierto de Chaikovski absolutamente descomunal en cuanto a la vehemencia controlada que imprimió a su instrumento. Ya los célebres primeros acordes lo pusieron de manifiesto de forma inequívoca. El solista nacido en nuestra ciudad, y único español ganador del certamen José Iturbi, protagonizó una lectura de un apabullante virtuosismo del extremadamente exigente primero de Chaikovski, poniendo  literalmente a prueba macillos cuerdas y pedales del Steinway, en una lectura, valiente-nunca temeraria- en la que no caben las medias tintas. Un concierto más que conocido por él, puesto que fue la obra que le dio el triunfo en el prestigioso concurso Enescu. Desde el primer instante Forés, con una excelente y vibrante dirección-a un tempo bastante ligero- y Solaun, se decantan por lanzarse juntos a una fogosa lectura, y salvo un breve instante de ligero desajuste en la velocidad de orquesta y solista en el inicio de la partitura, todo rodó a la perfección en cuanto a la compenetración entre ambos. Forés, sabedor del amplio sonido que es capaz de extraer Solaun, demandó de los músicos un sonido denso y grande, a pesar de lo cual el piano salió airoso en todos los trances. Como decíamos, enorme el sonido “orquestal” que rescató desde los primeros acordes Solaun con un uso magistral del los pedales. Un sonido del piano que nunca dejó de escucharse incluso en pasajes de predominio orquestal como la reexposición del tema principal en el que la orquesta, en forte, interpreta el célebre motivo inicial. Verdaderamente espectaculares los pasajes en los movimientos extremos, en los que la partitura exige el mayor de los virtuosismos, y también excelente en el refinado andantino con una capacidad deslumbrante para transitar por el amplísimo rango dinámico que exige la obra. Como momento inolvidable de la noche esa breve cadenza, poco antes de la coda, y su interminable sucesión de amplios acordes en fortísimo (poniendo a prueba por última vez las capacidades del pianista), y ese momento de espera del solista en ese teatral silencio, hasta que de nuevo se une la orquesta al piano para juntos en un torbellino de pasión llegar a un clímax que podríamos describir como “feliz” para concluir triunfalmente la obra. 

El concierto se celebraba rememorando el encuentro de José Iturbi, de quien se cumple el 125 aniversario de su nacimiento, con la Filarmónica de Nueva York y con esta misma obra en los atriles. Recuerda en cierta forma la forma de tocar de Solaun a la del histórico pianista en cuanto a la enorme fuerza que imprime a través de una digitación clara y poderosa. Asimismo, se homenajeaba con este concierto al recientemente fallecido padre del solista. Como propina demandada ante el éxito obtenido interpretó el opus 18 de Robert Schumann en una lectura muy libre, personal e íntima, de marcado carácter improvisatorio, jugando con el tiempo y las dinámicas, que quizás no sea del agrado de todos.

Foto: LIVE MUSIC VALENCIA.

Se nota la formación en la Academia Sibelius de Helsinki del director valenciano habida cuenta que dirigió de memoria su tercera sinfonía, siendo esta de las obras menos interpretadas del compositor finés. Más habituales en el repertorio son la primera, segunda, quinta y séptima. Muy meritoria lectura en cuanto a sus resultados globales, de esta preciosa y aparentemente sencilla sinfonía, que, quizás, podría haber llegado a más altas cotas de excelencia con una mejor prestación de la cuerda. Me explico: la sinfonía se compone de numerosos pasajes en que por parte de esta familia se repiten en forma de pequeñas células que dotan de un particular ambiente “de fondo” a la obra y que han de tocarse con gran precisión rítmica. Sin embargo hay que evitar caer en cierta monotonía, este es el principal peligro, través del fraseo y los acentos que se imprimen a estas células. No creo que favorezca para alcanzar este objetivo la disposición de los atriles, tan separados por el asunto sobradamente conocido. Los profesores se afanaron, y esto lo consiguieron, en sonar juntos pero quizás se sacrificó expresión y sonido por precisión. No obstante la versión fue disfrutable. Excelente prestación de los metales, especialmente las trompas, entre las que pudimos ver de nuevo a nuestra admirada María Rubio. Se le echaba de menos.

Éxito de público, numeroso dentro de las restricciones, para los tiempos que corren, y también para un director que los profesores de la orquesta que despidieron con una sincera y cálida ovación. Se nota cuando un director gusta, así que esperemos verlo pronto al frente de nuestra orquesta. 

Ficha técnica:

Concierto de abono de la Orquesta de Valencia

Palau de les Arts 28 de enero de 2021

Obras de Chaikovski y Sibelius

Josu de Solaun, piano

Orquesta de Valencia 

Roberto Forés, director musical


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