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proyecto 'azalea'

La barraca del medio millón de euros: los millenials llevan la huerta al siglo XXI

Foto: KIKE TABERNER
11/06/2019 - 

VALÈNCIA. Alina Marín salió al escenario. A pesar de haber dormido sólo dos horas, su desparpajo pudo con todo. Convirtió al alcalde de València en Magnífico y al rector de la Universidad Politécnica de València en Excelentísimo, se dio cuenta del traspiés, aludió a él y siguió. El público que atestaba el auditorio Alfons Roig de la Facultad de Bellas Artes rio. Entre ellos Joan Ribó y Francisco José Mora, que se miraron cómplices. Marín también rio su propio error y siguió adelante porque eso es lo que llevan haciendo desde diciembre de 2016, seguir adelante, sin miedo.

El cerca de medio millar de personas que estaba allí habían acudido convocados por su determinación, la de ella como portavoz, y la del medio centenar de estudiantes de 16 disciplinas de la universidad, entre las que se encuentran arquitectura, comunicación audiovisual o múltiples ingenierías, que han unido sus fuerzas en pos de un ideal: encontrar la barraca del siglo XXI. Eso era lo que estaba presentando Marín. Eso era lo importante. Lo que les había robado literalmente el sueño durante meses. A todos ellos. Al equipo. Porque hablaba en primera persona de plural constantemente. Nosotros. El equipo. Los equipos. Team 1. Team 2. Topo Team.

¿Qué es lo que pretenden este grupo de jóvenes, apasionados, emotivos y entusiastas? En principio, y atendiendo a la superficie de sus actos, están compitiendo en el Solar Decathlon Europe que se iniciará en la ciudad de Szentendre, Hungría, el próximo 26 de julio. Y están compitiendo con esta barraca del futuro, ecológica y moderna, que tiene nombre de flor: Azalea. El equipo valenciano es uno de los 11 seleccionados entre universidades de todo el mundo para participar en la cuarta edición de este concurso, creado en 2002 por el Departamento de Energía de Estados Unidos, cuyo objetivo es el diseño y la construcción de viviendas que consuman la menor cantidad de recursos naturales y produzcan un mínimo de residuos durante su ciclo de vida.

Entre la audiencia, Jaume Torres, uno de los iniciadores del proyecto Azalea que ahora vive entre Stuttgart y Barcelona. Hace un año tuvo que dejar la iniciativa para desarrollar su carrera profesional de ingeniero, pero sabía que lo dejaba en buenas manos, en las de sus compañeros. “Fue una persona dentro de la asociación Makers UPV la que descubrió la competición”, recordaba este lunes. Les gustó la idea de que fuera un proyecto de arquitectura, ya que no suelen trabajar con compañeros de esta disciplina, y se pusieron manos a la obra para buscar posibles miembros. Cortados y quintos, reuniones en la universidad, pronto se encontraron a las primeras personas. Marín, María Nebot, Razvan Valentin Stoica, David Pecondón, María Peña… Y así hasta 48.

La idea inicial no era una barraca. Fue la propia dinámica del concurso la que les hizo pensar en esta tipología de vivienda. En la normativa del concurso de Hungría se planteaban cuatro opciones de vivienda. En un brainstorming de apenas unos minutos, tras leer las opciones, se quedaron con la cuarta: una casa de estilo tradicional que fuera sostenible. 

“Teníamos que optar por un modelo de casa que tuviera techos inclinados para poder poner placas solares. ¿Qué tipo de vivienda tradicional en la zona tiene techos inclinados?”, se pregunta retórico. “Era lo más básico, lo lógico. La idea era tan potente, tan buena, que todo lo que se nos ocurría alrededor cobraba sentido. La huerta, que fuera sostenible, las políticas que se están llevando a cabo en la Comunitat… Habíamos pasado de tener una idea a tener la idea”, sonríe.

Foto: KIKE TABERNER

Por encima de las características técnicas, lo primero que les quedó claro era la filosofía del proyecto: qué es lo que pretendían intentando construir la barraca del nuevo siglo. “Queríamos centrarnos en la ecología, impulsar el respeto al Medio Ambiente dentro de la universidad”, explica Nebot. “Son nuestros orígenes, lo que nos diferencia de otros lugares, además de toda la cultura social que implica la huerta, el reunirse los domingos, el ser autónomo”. Esas ideas de la casa, la barraca como un lugar de encuentro, integrada en el paisaje, no invasiva sino complementaria, fue la inspiración que les movió y que se tradujo en detalles que les han desmarcado del resto de proyectos que participan en el concurso.

Así sucede por ejemplo con el aislante térmico de la vivienda, que se ha realizado a partir de corcho triturado tras realizar una recolecta de tapones, en una acción de responsabilidad social. Las placas solares que presiden uno de los laterales, cubren el consumo de un día y tienen capacidad para vender energía durante la noche, como exige también el concurso. Del abastecimiento de agua se han ocupado un grupo de estudiantes de Agronomía, así como ingenieros industriales y químicos, y la vivienda dispone de filtros verdes y de cultivos hidropónicos para aprovechar al máximo el agua y reutilizarla en el riego.

Azalea es la vivienda más grande de la competición, con sus ochenta metros cuadrados. Como un loft, dispone de un espacio diáfano y una banda de servicios, con cocina integrada y un dormitorio, además de un espacio exterior. El coste final ha ascendido a más de medio millón de euros y para poder financiarla los estudiantes han contado con el respaldo de Leroy Merlin y de más de 50 empresas, así como el apoyo institucional, entre otras entidades, de la Generalitat Valenciana, el Ayuntamiento de València, el Instituto Tecnológico de la Energía y el Instituto de Ingeniería Energética de la UPV.

Foto: KIKE TABERNER

Todos se sintieron seducidos por la poderosa invocación a las raíces que emana de la iniciativa de este medio centenar de jóvenes en la que se han tenido en cuenta todos los detalles. Por ejemplo, el aislante del suelo es corcho recubierto de hormigón. A su “pasión” aludió precisamente el director general de Leroy Merlin España, Ignacio Sánchez, quien después de la presentación recorrió la casa e hizo comentarios y recomendaciones a los estudiantes. Tipos de pintura, soluciones técnicas, departió con ellos seducido por el reto. A la casa este lunes aún le quedaban unos pequeños retoques. Que si el pomo de la puerta de salida del cuarto de baño, que si los cerramientos de los altillos…

Estos detalles serán resueltos en Hungría. A partir de este martes comienza la competición, la oficial. Iniciarán el desmontaje de la casa en módulos y después la trasladarán en camión hasta Szentendre, 2.280 kilómetros por carretera, para después volver a ser construida allí. Uno de los retos del concurso consiste en invitar al resto de equipos a una cena en la casa. La hospitalidad valenciana estrenará vivienda. Y lo hará invocando a las raíces.

Pueden que ganen o puede que no, pero por el momento el proyecto ya ha conseguido algo que en la propia universidad alaban muchos: unirles, a ellos y a sus titulaciones. Y es que por primera vez en años disciplinas enfrentadas como Arquitectura e Ingeniería se han dado la mano y han arrimado el hombro. Esa unión transversal y el enorme valor de su reivindicación de la tierra son ya dos victorias que atribuir a Azalea.

Foto: KIKE TABERNER

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