el billete / OPINIÓN

La barrera electoral del 3%

La mayoría de los partidos de las Corts se dispone a bajar la barrera electoral del 5 al 3%. Un ponente del Estatut de 1982 cree que "es un error"

24/01/2016 - 

Tuve la suerte de coincidir en la cena de la Fundación Conexus en Madrid, el pasado lunes, con José Ramón Pin Arboledas, profesor del IESE, economista de brillante pluma y gran conversador. Pin Arboledas fue diputado por Valencia con UCD entre 1977 y 1982 y uno de los ponentes del Estatuto de Autonomía de la Comunitat Valenciana.

Fue él quien introdujo la barrera del 5% para acceder a las Corts, plasmada en el artículo 12.3 de aquel primer Estatut: "Para poder obtener escaño y ser proclamados electos, los candidatos de cualquier circunscripción deberán haber sido presentados por partidos o coaliciones que obtengan un número de votos superior al 5 por 100 de los emitidos en la Comunidad Autónoma Valenciana".

Una exigencia que tiene los días contados, según el acuerdo a que han llegado todos los partidos representados en las Corts, excepto el PP, para bajarla al 3%. “Es un error”, afirma José Ramón Pin.

¿Un error? La barrera del 5% ha resultado dolorosa en diferentes momentos para partidos minoritarios. Es inevitable que miles de votantes se queden sin voz en las Corts -pasa en todos los parlamentos- para evitar la atomización, pero cuando una candidatura excluida suma más de 100.000 votos la situación es injusta porque un partido que merecería tener tres o cuatro escaños se queda a cero por unas centésimas. El caso más dramático sucedió en 1999, cuando no fue uno, sino dos. Tanto Unió Valenciana como el Bloc se quedaron fuera de las Corts con el 4,76 y el 4,60% de los votos, respectivamente. Más de 200.000 papeletas fueron a la basura en lo que supuso la puntilla al partido regionalista y la consolidación en el poder del PP de Zaplana. El Bloc repitió decepción cuatro años después, con el 4,77%, y el año pasado fue Esquerra Unida la que no alcanzó la dichosa barrera, al quedarse en el 4,38%.

En la reforma de 2006, EUPV logró que se eliminase esa barrera del Estatut. Ahora el Estatut remite a la Ley Electoral Valenciana -más fácil de modificar-, pero allí PP y PSPV han mantenido el 5% durante diez años.

PSPV, Compromís, Ciudadanos y Podemos se disponen en las Corts a cambiar la ley para bajar la barrera al 3%. “Es un error”, repite José Ramón Pin.

Su razonamiento es que el principal motivo por el que se puso la barrera en el 5% era evitar el auge del provincialismo en Alicante y Castellón.

Una cosa es que con la barrera del 3% entren más partidos en las Corts y otra que se traslade al parlamento valenciano uno de los desequilibrios más evidentes del Congreso de los Diputados, el excesivo peso de los partidos nacionalistas, siempre superior al de su resultado en número de votos. De ahí que los ponentes del Estatut no introdujeran el 5% en cada provincia, sino en el conjunto de la Comunitat.

Pero con el 3%, la barrera de entrada en las Corts que ahora está en 122.000 votos pasaría a menos de 75.000, y no es descartable, aunque ahora parezca imposible, que en el futuro un partido de corte alicantinista logre ese número de votos -menos del 9% en su circunscripción-, lo que le daría 3 ó 4 escaños que podrían ser la llave de la gobernabilidad, como ha ocurrido más de una vez con los de CiU y PNV en el Congreso.

Así que los partidos que van a reformar la Ley Electoral Valenciana deberían explorar otras posibilidades, como la circunscripción única para toda la Comunitat, que no evitaría la entrada de partidos provincialistas pero sí que estuvieran sobrerrepresentados, o la comarcalización -contemplada en el Estatut-, que se aproxima más al sistema mayoritario británico que propugna el expresidente Camps.

Es interesante ver cuál habría sido el resultado en mayo de 2015 si las normas de escrutinio hubieran sido otras. Recordemos que el PP obtuvo 31 diputados, PSPV 23, Compromís 19, Ciudadanos y Podemos 13 cada uno y EUPV quedó fuera.

Si la barrera hubiese sido del 3%, EUPV habría entrado con 3 escaños, dos arrebatados a Podemos y uno al PP. Pero si la barrera hubiese sido del 3% sin circunscripciones provinciales, el resultado habría sido bastante diferente: PP 28, PSPV 22, Compromís 20, Ciudadanos 13, Podemos 12 y EUPV 4.

La otra cosa que aprendí de la conversación con José Ramón Pin es que los partidos deben consensuar la ley electoral -también con el PP- sin la calculadora en la mano, porque lo que hoy es bueno para uno mañana se le vuelve en contra.

Así lo sufrió su propio partido, ya que el otro motivo, este inconfesable, que llevó a poner la barrera del 5% fue que eso evitaría que Alianza Popular entrase en las Corts, lo que beneficiaba a UCD y PSOE. Pero en los dos años transcurridos desde que se gestó el Estatut hasta las primeras elecciones (1983) las cosas habían cambiado mucho, la UCD se había desintegrado y AP no tuvo ningún problema en entrar como segunda fuerza. El que se quedó fuera fue el CDS, heredero de aquella UCD que había puesto la barrera.

Las pieles de Pablo Iglesias

Si fuera la primera vez que Pablo Iglesias trata de poner etiquetas a los periodistas que le hacen preguntas incómodas, la alusión: "precioso abrigo de pieles el que trae usted" que lanzó en la rueda de prensa del otro día quedaría en una graciosa anécdota. Pero no es la primera vez ni será la última, conociendo al personaje.


El discurso del líder de Podemos está lleno de guiños a las capas menos formadas de la sociedad, todos ensayados, todos programados. El argumento ad hominem (contra la persona) es de los más básicos pero a la vez efectivos a la hora de influir en aquella parte de la población poco dada a la reflexión. Cuando no le gusta la pregunta o la crítica, Iglesias empieza por poner una etiqueta al interlocutor, usted lleva un abrigo de pieles, usted gana mucho dinero, usted trabajó en tal medio, usted escribió una vez tal cosa..., y ya puede responder con la ventaja de que para los podemitas acríticos lo que dice la otra persona no tiene ya ningún valor.

Los periodistas no debemos consentir esta manera low cost de hacer política, más sutil pero igual de impresentable que el euro con el que Trillo ‘premió’ a una profesional por hacerle una pregunta o el bolígrafo que Aznar metió en el escote de otra periodista.

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