tribuna libre / OPINIÓN

La digitalización en la empresa: el CIO Peaky Blinders

17/04/2020 - 

En estos días de confinamiento, entre videollamandas, libros, series, juegos de mesa, cocina y algo de deporte, me sorprende de nuevo hasta qué punto la digitalización se ha hecho presente en casi todos nuestros comportamientos. Desde el modo en el que nos relacionamos y nos comunicamos, pasando por cómo vivimos nuestro ocio (el consumo de música, de libros, de cine, etc), incluso la realización de actividades tan físicas, como cocinar o el deporte, lo hacemos, en mayor o menor medida, acompañados de nuestras tabletas, smartphones y ordenadores portátiles.

En mi opinión, varios son los factores que han influido en esta 'colonización digital' pero sin duda, la rápida democratización del acceso a estos dispositivos (especialmente, el smartphone) ha sido el punto de inflexión en esta transformación. Unos smartphones, enriquecidos por una comunidad cada vez más extensa y creativa de desarrolladores de aplicaciones y contenidos, que aprovechan las redes de banda ancha ultra rápida, fijas o móviles, existentes en un país como el nuestro, a la cabeza del ranking europeo en esta materia.

A la vista de la evolución de nuestro comportamiento durante los últimos años, intensificado durante estas últimas semanas de confinamiento, podemos afirmar con rotundidad que los españoles hemos 'abrazado' la digitalización en nuestra vida cotidiana.

Sin embargo, esta evolución hacia la digitalización, muy evidente en el mercado de consumo, no ha ido acompañada a la misma velocidad en el mercado de empresas. En este sentido, tal y como muestra el Estudio sobre el estado de digitalización de las empresas españolas publicado por el Observatorio Vodafone a finales de 2019, la digitalización no figura entre las grandes preocupaciones de las empresas de nuestro país.

Afortunadamente, también contamos con importantes excepciones de empresas de nuestro entorno que se encuentran a la vanguardia tecnológica. Desde mi experiencia profesional como Director Territorial de Vodafone en la Comunidad Valenciana, Murcia y Baleares, he tenido la oportunidad de cruzarme en el camino con grandísimos empresarios y directivos que me han enseñado mucho sobre cómo debe afrontarse este reto esencial de transformación de la empresa.

De todos ellos, muy diferentes entre sí, destacaría tres valores en común: visión, humildad y confianza en su equipo. La visión de tener claro que la empresa es y será lo que la tecnología le permita ser, la tremenda humildad en reconocer que, siendo esta materia esencial para su empresa, no tenían el conocimiento suficiente para abordar o liderar este reto, y, por lo tanto, la necesidad de confiar en un equipo especializado en este campo. Esto les llevó a tomar dos importantes decisiones relacionadas con el talento. La primera buscar para la empresa el equipo más preparado para abordar este reto y la segunda rodearse de los mejores colaboradores externos. En todos estos casos, la valentía no consistió solo en buscar y contratar a estas personas adecuadas, llámense CIOs (Chief Information Officer) o Directores de Transformación Digital, sino en confiar en ellos y dotarles de las facultades y recursos (los galones) para que, al mismo nivel que el Director Financiero o de Recursos Humanos, pudieran participar en la toma de decisiones estratégicas de la empresa, desde una visión tecnológica.

Por el contrario, mi profesión también me ha llevado a conocer no pocas empresas que no tenían la digitalización entre sus prioridades y, por ende, tampoco contaban en sus comités ejecutivos con directivos preparados para entender cómo la tecnología podía marcar el futuro de su negocio. En muchos de estos casos, el área de informática, dependía normalmente del área financiera, estaba supeditada a la mera gestión los recursos técnicos disponibles, y tenía una visión cortoplacista, sin vocación ni capacidad de influenciar en la toma de decisiones del negocio.

Adicionalmente, en muchos de estos casos, el apoyo externo era percibido como una amenaza para la propia supervivencia del departamento de informática, o como una apuesta muy arriesgada con su correspondiente sobrecoste. En este sentido, me sorprende de muchas de estas empresas la inercia con la que han continuado invirtiendo importantes cantidades de dinero en software y sobre todo hardware, cuando la nube ya era una realidad con garantías suficientes o, al menos, equiparables, lo cual les ha llevado a seguir a apostando por tecnologías on premise, en las instalaciones, en lugar as a service, es decir de pago por servicio. Haciendo una analogía con el mercado de consumo es como si apostáramos por el video VHS en lugar de Netflix.

Un ejemplo de lo anterior son las centralitas telefónicas, elementos con altos costes de adquisición y mantenimiento, soportados por carísimos teléfonos de sobremesa que decoran los despachos y ocupan espacio en los puestos de trabajo de las empresas. Normalmente se mantienen, bajo el pretexto de la amortización, aun cuando desde hace años disponemos de productos de centralita en la nube, que permiten todas las funcionalidades de una centralita on premise pero que además facilitan por un lado, trabajar en movilidad, de una manera cómoda y flexible, y por otro, despreocuparse de la obsolescencia tecnológica y del costoso mantenimiento de los terminales de sobremesa, permitiendo la gestión de las llamadas al número fijo de la empresa desde el smartphone, la tablet o el ordenador, donde quiera que se esté, facilitando así el puesto de trabajo digital.

Precisamente, por esta añoranza al teléfono fijo y a las centralitas, yo denomino, 'con cariño', a este tipo de responsables informáticos como los CIOs Peaky Blinders, en honor a la serie de televisión de la que soy fan y que está ambientada a principios de 1900, poco después de la invención del teléfono fijo, lo cual obviamente supuso un avance sin precedentes en la comunicación interpersonal, similar al que estamos viviendo hoy en día con la digitalización.

Pero llegó el día del confinamiento del 15 de marzo del 2020, día 'C', y nuestra vida cambió. Empezamos el confinamiento, y pese a las graves y serias consecuencias de esta pandemia  (no quiero dejar pasar esta oportunidad sin enviar todo mi apoyo a los verdaderos afectados por este maldito virus), una gran cantidad de afortunados hemos podido, al menos, continuar trabajando con normalidad desde nuestras casas. En mi caso, el cambio no ha sido significativo, ya que tengo la fortuna de trabajar en una empresa que, hace ya algunos años, tuvo la visión de apostar por el teletrabajo. Por cierto, es curioso que en inglés se denomine al teletrabajo como smartworking (trabajo inteligente) como si trabajar desde la oficina no fuera smart.

Apostar por teletrabajo antes del día 'C' requería al menos dos de los tres valores que comentaba al principio, visión y confianza. La visión de apostar por una forma de trabajar que facilite la movilidad y la conciliación, pero sobre todo de confianza de la empresa en el empleado para que gestione su jornada laboral donde sea más productivo y feliz. Como decía Kissinger, "la falta de opciones aclara maravillosamente la mente", es decir, el confinamiento nos ha demostrado que el teletrabajo era el camino adecuado, y ahora que ya no es una opción, les toca correr y aprender a los que no tuvieron esa visión. Pero aquí viene la buena noticia: es posible. Muchos avances que pensábamos que nos llevarían meses o incluso años implementar, los hemos conseguido de un día para otro, como el teletrabajo o la teleformación.

Muchos clientes con los que he hablado estas últimas semanas, por cierto, han sido más que en los pasados tres meses, me comentaban que han descubierto unas maravillosas herramientas de comunicación, enriquecidas con voz y vídeo, pero sobre todo que lo hacen de una forma más efectiva, más puntual y más productiva que antes y que les permiten estar más en contacto con los empleados, sus clientes y sus proveedores. Gracias a ellas han cambiado unas rutinas por otras y tras varias semanas teletrabajando se han adaptado a un nuevo contexto en el que comentaban sorprendentemente que aislados estamos más cerca que nunca.

Este cambio radical de nuestra rutina ha sido gracias, y no me cansaré de repetirlo porque así lo pienso, a que tenemos unas de las mejores infraestructuras de comunicaciones del mundo, las cuales nos han permitido soportar este incremento considerable del tráfico en las redes, pero también a gracias a todos aquellos que tuvieron la visión acertada, fueron valientes en su día apostando por el talento y fueron lo suficientemente humildes para darles la confianza y la responsabilidad que les permitiera tomar decisiones.

Es en estos momentos en los que me acuerdo de los CIOs Peaky Blinders y me pregunto si cuando todo esto acabe, todo lo bueno que estamos teniendo en esta forma de trabajar lo perderemos o se apostará definitivamente por el puesto de trabajo digital.

By order of the Peaky F Blinders

Jesús Suso Lázaro es director territorial de Vodafone en la C. Valenciana, Murcia y Baleares

Noticias relacionadas