GRAND PLACE / OPINIÓN

La foto de un niño muerto 

19/03/2019 - 

Suena macabro…, pero me la he guardado. Sí. Es lo que tienen los tiempos modernos, que expones tu vida, tus amores y tus rencores al mundo. Urbi et orbe. Y tus muertos. Cada vez tengo más amigos que nos han dejado para siempre en mi whatssap. Y, ¿saben?, no los he borrado. Siguen ahí. Como ese niño muerto, con su sonrisa angelical, en pañales, jugando en cuclillas con una manguera verde del color de sus ojos, de las de espiral, intentando estirarla, como si intentara estirar hasta el último segundo de su vida. Y ahí está, colgado de las redes sociales, eterno, hasta que alguien se decida a cerrar el perfil de su madre o borrarlo del perfil de su abuela. Sonriente, para siempre. Online. Off-life.

Así son los tiempos modernos. Despiadados. Anónimos. Inmateriales. Qué fácil es decir adiós online. Qué fácil es no dar la cara, no ser valiente, esconderse entre las ondas. Como esos hombres oscuros e inmisericordes, vestidos de blanco, forzando a sus esposas, madres e hijas a vestir de negro, a ocultar su cuerpo y su identidad. Está pasando. Y, lo más grave, nadie hace nada, nadie dice nada. No. No es el Gran Hermano, no es el Big Brother de George Orwell en 1984. Es algo peor. Google Play y Apple aprueban la ‘App’ saudí que “rastrea a tu mujer”. Es esto: “La aplicación Absher diseñada por el Gobierno de Arabia Saudí permite realizar trámites gubernamentales, pero también controlar a la mujer”.

A ver si nos aclaramos. Se trata de una “app” espía contra las mujeres diseñada por el Gobierno saudí en connivencia con Google y con Aple. Se me ha caído el Mac, perdón, el alma a los pies. Lo leo online. No veo a los grandes medios de comunicación poner el grito en el cielo ni rasgarse las vestiduras. Lo leo en un pequeño digital desconocido por mí, Actuall, firmado por Juan Robles: “El Gobierno de Arabia Saudí creó la aplicación de uso en teléfonos móviles llamada Absher que facilita a los hombres del país ejercer el control obligatorio establecido por ley, según el cual las mujeres han de ser tuteladas por un varón de forma obligatoria que puede ser un padre, un hermano, un esposo o un tío que les da permiso para casarse, viajar, estudiar o dónde vivir”. Gran Hermano online.

Y, lo que es peor, añade este periódico: “Tanto Google como Apple han dado el visto bueno a la aplicación, alegando que no incumple ninguna de las normas de uso, pese a que algunas organizaciones de derechos humanos han acusado a la aplicación de facilitar el abuso de los derechos humanos. Entre las posibilidades de la aplicación se encuentra otorgar y rescindir permisos a mujeres para viajes o configurar alertas por SMS para cuando la mujer utiliza el pasaporte o abandona ciertas áreas”. Bueno, yo añadiría, sólo los derechos de las mujeres, el resto de humanos, los hombres, no tienen nada que alegar. De hecho, en la página de Google Play, de donde se puede descargar la aplicación, se pueden ver algunos comentarios elogiosos. 

Le pregunto escandalizada a mi consultor de cabecera en temas digitales y cibernéticos, Ángel Gómez de Ágreda, experto en Ciberdefensa y autor del libro “Mundo Orwell. Manual de supervivencia para un mundo hiperconectado”, y sobre el que me detendré otro día. ¿Es esto cierto? ¿Es esto legal? Me responde vía twitter, que es como nos solemos comunicar hoy en día entre los mortales. “Lo había leído por ahí. El mercado manda y supongo que, si no lo hacen ellos, lo harán otros, pero eso no lo justifica. Me espanta la idea como persona. En lugar de hacer que la tecnología modere la discriminación, muchas veces se utiliza para facilitarla”.

Y así es. Hace unos días comenzó el juicio contra varias mujeres activistas saudíes detenidas en mayo de 2018 por protestar contra la situación de discriminación en que se encuentran las mujeres en el país más próspero de Oriente Medio. Lujain al Hathlul, Aziza al Yusef, Eman al Nafjan y Hatoon al Fassi figuran entre las alrededor de diez mujeres que han comparecido ante un tribunal penal de Riad, donde se presentan cargos en su contra. Abogaban por el fin de la prohibición de conducir a las mujeres y por el sistema de guardianes masculinos. Algunas de ellas han sufrido tortura, latigazos y agresión sexual durante su confinamiento.

Pero nadie hablará de ellas en la primera plana de los periódicos ni en el Telediario. Nadie recordará su sonrisa, vedada y velada por un velo negro. Nadie, excepto el Gran Hermano que, ahora, las seguirá y las perseguirá online. Como a la sonrisa eterna de ese niño muerto cuya fotografía me he guardado, como intentado guardarle de la iniquidad, como intentado estirar ese minuto de vida online…

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