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La injusticia española (sobre el otro caso de la manada)

4/03/2021 - 

Los diferentes partidos luchan por colocar a sus jueces afines en el CPGJ y el Tribunal Constitucional sin pudor alguno, como si fuese normal esta politización del poder judicial, mientras piden a la ciudadanía que confíe en la justicia. Y no entienden que la gente no salió a la calle por Hasél, un rapero de tercera con ganas de escandalizar, sino porque la democracia no era esto. Mientras hablamos de letras de canciones groseras (mucho menos que algunas de La Polla Records o Eskorbuto, pero eran otros tiempos) parece que el PP saqueó las arcas públicas y recibió sobresueldos de empresarios cuando gobernaba. Mientras los jueces van a por cantantes, actores o titiriteros, por culpa de una ley vergonzosa, descubrimos que el rey emérito tiene cuentas en Suiza.

La sensación general es que la letra de una canción merece un fuerte castigo pero los poderosos que nos roban y expolian apenas una reprimenda. En un par de años, los que entran en la cárcel, que no son todos, salen como si no hubiese pasado nada.

Y la gente se cansa y se pone a gritar de indignación, claro. Porque la lógica no nos da. Porque el espíritu democrático no nos alcanza para entender lo que está pasando en España.  

Pero yo no quería hablar de Hasél sino de otro caso más interesante del que nadie habla. Y tal vez la razón de este silencio sea evidente: de alguna manera, como a veces pasa pero esta vez de forma más clara, los principales culpables son los medios de comunicación aunque lo ha pagado un cabeza de turco. Los medios de comunicación que han hecho que todos hayamos escuchado los temas de un rapero tan malo como Hasél al que, hasta que no fue juzgado, casi nadie escuchaba.

Hablo del colectivo Homo Velamine y su Tour de la Manada. Un tour que nunca existió salvo como parodia y crítica a los excesos de morbo con que los medios de comunicación daban la noticia de la violación grupal. El Tour no existió como no existió la aplicación JUST F*CK durante el Mobile World Congress que decía poner en contacto a ejecutivos salidos con chicas que quisiesen ganar un sobresueldo. Sí, su anuncio estaba en marquesinas pero no existía, solo ponía en evidencia lo que todos sabemos que ocurre en este congreso, conocido entre otras cosas por la voracidad sexual de hombres trajeados de todo el mundo buscando chicas que llevarse al hotel. Tampoco existió la DemocrApp, que se describía como una herramienta para la compraventa de votos. De nuevo, el colectivo Homo Velamine, mediante fakes, ponía a la sociedad frente a un espejo deformante para hacernos pensar.

 Sí, hacernos pensar.

Y entonces se les ocurre hacer el Tour de la Manada. Otro fake donde, según afirmaba la web, incluso podías adquirir calcomanías con el famoso tatuaje de El Prenda. ¿Tanta comprensión lectora y sentido de la ironía nos falta para darnos cuenta de que era una web falsa?

La idea siempre fue, después de colársela a algún medio de comunicación que criticase el tour, publicar en esa misma web todos los “tours de la manada” que las principales televisiones y periódicos habían hecho, siguiendo el recorrido de esa noche con mapas y flechas. Porque los medios hicieron esos tours virtuales sobre mapas, claro que los hicieron: pueden verse en la web de Homo Velamine.

Su objetivo era poner en evidencia la hipocresía de los medios. Y tanto que lo hicieron...

Pero la cosa se fue de madre. Un fake como tantos otros, debido probablemente a la indignación social por el caso en cuestión, se convirtió en noticia en todos los medios. En noticia interesada, porque si los periodistas hubiesen hecho su trabajo habrían visto que era una web paródica, que Homo Velamine hacía cosas similares desde años atrás, que era una crítica a los medios y que, además, no eran excesivamente famosos salvo en círculos de progres intelectuales por lo que el alcance de su acción sería limitado.

Pero los medios dieron difusión al tour de la manada, que interesaba que fuese verdadero porque era más noticiable y más morboso, claro que sí, y sin la más leve autocrítica sirvieron de altavoz al fake. Y fue entonces cuando, gracias a estos medios que buscan el morbo, como Homo Velamine denunciaba con su acción, la web llegó (varios meses después) a la abogada la víctima que denunció por daños morales. Unos daños morales que fueron provocados más por los medios que divulgaron la acción que por Homo Velamine, que por culpa de este interés mediático no pudo calcular el tremendo impacto.

Unos medios que nunca dijeron que era un fake a pesar de que el desmentido salió un par de días después en la misma web que ofertaba el tour (junto a la explicación del acto y capturas de los tours de televisiones y periódicos). La verdad no debía fastidiar una buena noticia. Mejor que fuese real...

Ya ha salido la sentencia del Tribunal Supremo: 15.000 euros y un año y seis meses de prisión. Y los efectos colaterales, como que el acusado de dirigir esta acción crítica perdiese su trabajo al verse involucrado en un delito.

La jurisprudencia usada en el propio juicio a Homo Velamine causa estupor e indignación, pues como decía Hannah Arendt, el termómetro más certero para saber si se está ingresando en una sociedad totalitaria es la falta de proporcionalidad de ciertas penas:

 -Agresión sexual con lesiones y daños: 2560 euros y dos años de prisión.

 -Abuso sexual continuado a menor: 20.000 euros y dos años y seis meses de prisión.

 -Violencia policial, abuso de autoridad, lesiones, destrucción de pruebas: 4000 euros y un año y medio de prisión.

-Delito continuado de prevaricación: 1000 euros.

¿En serio son estos hechos citados comparables a hacer una web sarcástica para denunciar la hipocresía y el morbo de los medios? ¿15.000 euros y un año y seis meses de prisión?

Que sí, que pudo causar cierto dolor a la víctima, los propios Homo Velamine lo han reconocido y se han disculpado… ¿pero no es una barbaridad de pena para un delito así si lo comparamos con los otros? Porque les habría salido mejor prevaricar o copiar un máster...

(Y no hablemos de por qué ningún medio habla de esta condena excesiva, porque la cosa está clara, ¿no?)

La justicia intuitiva, o sea, lo que sentimos que es justo o no es justo, se basa en dos parámetros: debe ser distributiva y tener un procedimiento adecuado.

La justicia distributiva alude a la percepción de que las personas tienen lo que se merecen. En este caso, una web paródica (por grosera que nos parezca la forma en la que este colectivo alude a una violación) tiene una pena similar a algunas violaciones, por lo que intuitivamente algo no funciona.

La justicia procedimental, por otro lado, alude a la percepción de que el proceso (el juicio, las leyes…) es equitativo y fiable. Pueden buscar información sobre el caso para ver todas las irregularidades y arbitrariedades de este proceso (el propio colectivo lo explica detalladamente en su web) pero es que ni siquiera hace falta: las interferencias del juicio mediático al principio y el hecho de que ahora ningún medio se haga eco del caso o desmienta que era un tour real son suficiente para que, intuitivamente, sintamos que algo no ha funcionado bien en este procedimiento.

Así que cuando la gente siente que no hay justicia sale a la calle, por Hasél o por quien sea (por desgracia, por Homo Velamine nadie sale porque se ha silenciado el caso), sobre todo mientras los políticos se reparten los sillones del poder judicial, con una sensación de impunidad que da miedo.

O las cosas cambian o vaticino muchos más contenedores quemados. Porque muchos no entendemos qué está pasando. Qué tipo de políticos y de justicia tenemos. Y la gente acaba votando a VOX o abrazando el independentisme o quemando contenedores. Cualquier cosa que le suene a cambio.

 Y mientras tanto, los políticos a la suya...           

(Por cierto, si alguien se solidariza con Homo Velamine, en su web puede ayudar. No a Homo Velamine, que también, sino a la dignidad)

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