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tendencias escénicas

La nit de Molly Bloom reivindica la sexualidad femenina a los 40

Àngels Bassas protagoniza el monólogo de la mujer del protagonista de Ulises 

23/01/2019 - 

VALÈNCIA. Ser espectador de teatro tiene algo de voyeur, por la ficción de asistir en directo a la vida de otros. En La nit de Molly Bloom, programada del 25 al 27 de enero en el Teatre Micalet, esta sensación se lleva al límite. El público accede a la intimidad de una mujer como si estuviera apostado tras el ojo de la cerradura que da acceso a su dormitorio. La esposa del protagonista de Ulises, de James Joyce, habla de su sexualidad de manera descarnada en una noche de insomnio. Y también de la infidelidad, de las parejas de largo recorrido, del paso del tiempo, del periodo y de la maternidad. 

El soliloquio plasma la figura literaria conocida como corriente de la conciencia, que consiste en plasmar el pensamiento interno de un personaje de manera que sus palabras no parezcan poder ser controladas por el autor. 

El autor irlandés recurrió a esa técnica narrativa en el último capítulo de su novela canónica, Penélope. Ocho largas oraciones conforman un monólogo plagado de repeticiones, pero huérfano de pausas y signos de puntuación. 

Ronquidos

En 1979, el dramaturgo José Sanchis Sinisterra extrajo estas páginas para montar una obra de teatro protagonizada por Magüi Mira. Artur Trias la ha traducido ahora al catalán y actualizado, pero el efecto a principios del siglo XIX, en los albores de nuestra democracia y ahora, es idéntico: el de asistir a un retrato tierno e impúdico de la psique femenina.

“El monólogo es muy revolucionario para el periodo en que fue escrito, porque da voz a una mujer que habla abiertamente de sus fantasías y de sus carencias. Es un retrato de una esposa que reivindica la libertad que tiene su marido. Molly demanda querer a dos personas a la vez y que tener amantes esté normalizado como en el que caso de los hombres de la época”, explica la protagonista de la obra, Àngels Bassas.

La actriz, también dramaturga y escritora, ha colaborado en la relectura de la pieza al rescatar alguna frase del original para esta versión. En el escenario no está sola: junto a ella, en el lecho, hace que duerme el actor que da vida a Leopold Bloom, Jep Barceló.

“Las mujeres se identifican con esta situación, la de una noche de insomnio dándole al tarro mil vueltas mientras el marido ronca al lado. La pieza habla de los bajones que se viven tras años de estar junto a una pareja y de pensamiento como los de “ya no me mira, ya no me quiere como antes”, detalla la actriz catalana que reconoce que esta interpretación exige un gran ejercicio de concentración para decir con naturalidad todo lo que le pasa a Molly Bloom por la cabeza, para no perderse en la libertad con la que expone todos sus pensamientos.

Mear, leer, cantar

A ese borboteo de ideas, se suman actos tan íntimos como los de orinar, tocarse los pechos y cantar a capella. “Es verdad que has de vencer una serie de tabúes para afrontar ciertas escenas, pero uno de los mejores momentos es cuando estoy en el orinal. La gente lo encuentra tierno y se ríe”, comenta la actriz, que ha sorprendido a su público habitual al revelar su talento como soprano en los momentos en los que explora la faceta de Bloom como cantante lírica.

Àngels leyó Ulises un año antes de la puesta en escena. Dedicó todo el verano para profundizar en lo que llama “la Sagrada Familia de la literatura”: “Es una lectura heavy, pero tiene momentos maravillosos, preciosos. Lo mejor son las últimas páginas. Después de hablar de Molly en toda la novela, por fin se la escucha”.

Heroínas en primera persona

Hay dos hitos en la carrera de Bassas que la han ayudado a afrontar este montaje. En 2016 hizo frente al que considera el mayor reto de su trayectoria, el monólogo de David Harrower Ciara, un thriller unipersonal que han comparado con El padrino. La obra fue codirigido por Andrés Lima y Martí Torras y es un ejercicio de virtuosismo actoral. 

Ese mismo año, publicó su primera novela, Dóna’t (Edicions 62). La obra, finalista en los Premios Josep Pla, ahonda en un erotismo provocativo y fresco que, para su sorpresa, levantó ampollas. “La protagonista era una mujer empoderada de alrededor de 40 años. En esa década las mujeres vivimos nuestra plenitud sexual y es algo que reivindico: quizás no somos las jovencitas que éramos, pero queremos ser queridas y deseadas”, afirma la autora, quien considera una casualidad esa coincidencia en la valentía al abordar idénticas demandas feministas: las de la belleza y el deseo a cualquier edad.

La diferencia entre el personaje de Molly y los anteriores reside en la vulnerabilidad que inspira. La heroína de Joyce se muestra más vulnerable, más dulce y suave, lo que le ha permitido a la actriz catalana un cambio de registro. “Teóricamente, es una mujer de cristal, pero en algunos momentos, las deja ir muy fuertes. Habla de sus orgasmos, del rollo de tener la regla, de ponerse cachonda. Es gracioso cómo habla de su sexualidad, la vive con alegría”, aplaude Bassas.

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