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memorias de anticuario

La penúltima oportunidad para el Museo de Bellas Artes

21/02/2021 - 

VALÈNCIA. Nunca son suficientes las ocasiones para hablar de nuestro Museo de Bellas Artes. Lo cierto es que últimamente están sucediendo allí unas cuantas cosas y la mayoría son esperanzadoras. Esperemos que esta etapa recién iniciada, bajo la nueva dirección de Pablo González Tornel, marque el comienzo de un periodo de estabilidad, pues mucho me temo que estemos ante la penúltima oportunidad para otorgar a nuestra querida pinacoteca, de nuevo, el protagonismo que nunca debió perder. Una institución a la que le corresponde, por muchas razones, ocupar un lugar central en el ámbito cultural y social valenciano. Apenas he estado en dos ocasiones con el nuevo director pero me han servido para albergar esperanzas en este cambio de rumbo. Reconozco que en un inicio discrepaba de algunas ideas que a vuelapluma dio a entender como la de fomentar un programa de actividades paralelas, que, de hecho ya está poniendo en marcha, pero sin seducirme como un fiel devoto, sin embargo me han convencido para los fines que se persiguen. Fines que no son otros que “obligar” a cruzar a la ciudadanía ese poco amable puente para el peatón, el de la Trinidad,  cuando, a su vez es uno de los más bonitos de los cinco históricos que cruzan en antiguo lecho del Turia con esos dos contrapostos que lucen las esculturas de Ponzanelli. Dentro del edificio, las cosas son más fáciles a la hora de mostrar los tesoros que alberga. Además, el nuevo director tiene conocimientos sobre la materia que tiene entre manos, los tenía también el muy a su pesar breve Carlos Reyero, y añade a ello una expansiva personalidad que espero le ayude más que lo contrario. Y lo más importante:  se lo cree, y en el caso que nos ocupa, dadas las circunstancias, se me aventura como un requisito fundamental. 

Tampoco son suficientes las veces que merece la pena la visita este irreal espacio de belleza, este paréntesis de lentitud, en el que las historias no se acaban nunca porque cada cuadro encierra una tras la pintura. El pasado martes estuve recorriendo las salas con Luís Trigo, coleccionista y presidente de la Fundación El Secreto de la Filantropía, en la más absoluta soledad, hay que decirlo. La excusa del encuentro fue contemplar, de nuevo, el extraordinario retrato ecuestre que Anton Van Dyck le hiciera al ilustre valenciano Francisco de Moncada. Una obra maestra de tres metros de altura, a la altura de los grandes retratos de este tipo que podemos contemplar en las primeras pinacotecas del mundo. Compositivamente presidida por ese dificilísimo escorzo del caballo, y esa enorme clase del eximio pintor nacido en Amberes en el estudio de un color que ha emergido con la limpieza tras los barnices envejecidos. Un buen trabajo de restauración que quizás se ha demorado más de lo deseado y no porque los técnicos del IVACOR no se hayan aplicado a fondo. Cuestión de medios. Esperemos que el no menos importante retablo de los reyes del misterioso, por innominado, maestro de Perea, que lleva casi una década en los talleres regrese flamante a la colección permanente. Aprovechamos también la visita para contemplar el nuevo espacio dedicado al Barroco, con alguna obra que no recordaba, una nueva iluminación (qué importante es una buena iluminación) y nuevas cartelas. Una excelente iniciativa.

Joaquín Agrasot: hay vida, y mucha, más allá de Sorolla

Desnudo de Joaquín Agrasot.

El viernes tuve la ocasión de acercarme a visitar la recientemente inaugurada exposición antológica dedicada a Joaquín Agrasot, que estará hasta el día 23 de mayo. Una magnífica y extensa muestra con obras de colecciones públicas y también privadas, comisariada por Ester Alba y Rafael Gil que discurre separada por muchas temáticas que abordó a lo largo de una extensa vida. Algo anterior a Sorolla, permítanme mencionar a este último, aunque sea para significar que hay vida más allá de éste, en unos tiempos, que espero que vayan tocando a retirada, en los que la figura del gran genio ha opacado en cierta manera a toda una pléyade de enormes artistas que protagonizaron ese segundo Siglo de Oro del arte valenciano que fue el XIX y las primeras décadas del XX. De Agrasot hay que admirar su depurada técnica dibujística y su pintura más preciosista con escenas asombrosas en el detalle de ferias de ganado y del más auténtico costumbrismo que de paso nos sirven, además de para admirar el arte por el arte, para indagar sobre las formas de vestir y de vivir en la Valencia de aquella segunda mitad del XIX. Lo imprescindible de exposiciones como esta radica en que, aunque ciertamente no rescaten una figura, la de Agrasot, que como la de otros, afortunadamente no ha caído en el olvido, sí es preciso que nos recuerden su grandeza con cierta periodicidad para no permitir que su valoración decaiga. 

En el deber de la pinacoteca está el de la política de adquisiciones. Después de cinco años sin recibir una sola obra adquirida por el Ministerio para nutrir las colecciones, esperemos que cambie la tendencia aprovechando un mercado que en los últimos tiempos está dando buenas oportunidades de compra. Para ello hay que tener iniciativa, ojo y algo de economía. Es significativo que estos últimos cinco años las obras que han enriquecido la colección vienen de adquisiciones de la Generalitat, o alguna donación particular como es el caso de algunos dibujos donados al museo por la Asociación de Amigos del Museo.

Pablo González Tornel. Foto: ESTRELLA JOVER.

Nuevo Patronato

Me he mostrado crítico con ciertos nombramientos del nuevo patronato y también con alguna ausencia. Que debamos celebrar que en el mismo, finalmente, esté el director del museo parece kafkiano pero es así. No obstante, me alegro por la obligada rectificación. Me chocó casi frontalmente el nombramiento del escritor y comunicador Fernando Delgado como persona mediática en el terreno cultural, pero más en frío pienso que no es una decisión desacertada por el talante de la persona, que no conozco personalmente, pero que me han transmitido los que sí lo han tratado. Le deseo lo mejor porque es lo mejor para el museo. Mi mayor discrepancia, sin embargo, es no incluir entre los representantes de la sociedad civil a la Asociación de Amigos, en la persona de su presidenta. Asociación que debería ser la primera de la nómina, puesto que no hay quien represente más y mejor a esa sociedad civil que una agrupación de ciudadanos con más de quinientos socios, y creciendo, y más en medio de una coyuntura presidida, seamos sinceros, por poca significación del museo en la sociedad valenciana. Una asociación que, dadas las circunstancias, es un milagro, y que lleva a cabo una programación cultural y de formación continua a lo largo del año relacionada con los fondos el museo, y que periódicamente lleva a cabo la donación de obras a la institución por la que cobra todo su sentido.  Se me ocurren pocos miembros que sean más “sociedad civil” que una asociación de amigos de un museo. 

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