Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Política de Cookies Aceptar

GRUPO PLAZA

crónicas por los otros / OPINIÓN

La València bonita

Foto: EVA MÁÑEZ

Ser valenciano o valenciana es una actitud, es un sentimiento y en ocasiones puede ser un punto de conflicto. A mí me gustaría alejarme de cualquier punto delicado, de tensión y comprometedor y quedarme con la cara positiva de una festividad y una celebración querida y amable

6/10/2018 - 

Me resulta curioso el sentir valenciano pues en mi caso particular se agudiza y se acrecienta cuando vivo fuera de España y se esfuma como la pólvora cuando vivo en tierras valencianas. Y es que tengo la sensación compartida por quienes vivimos temporadas lejos de València que después de un tiempo fuera, nos invade un sentimiento de orgullo valenciano, de paella y de Fallas (simplificándolo mucho) que se suaviza cuando pisamos tierras valencianas. Una sensación y unos sentimientos para analizar en días previos al 9 de Octubre. Un día grande para disfrutar y estar orgulloso de nuestra esencia y nuestra cultura.

Entramos en una semana donde la festividad 9 de Octubre desata todo tipo de sentimientos y pensamientos.

A mí me gustaría hacer una llamada a la reflexión, a la meditación y a la calma. Y aprovecho un fin de semana como este para analizar qué nos gusta y no nos gusta de València y su gente. Un ejercicio muy básico de reflexión.

La València bonita

Siempre he pensado que València es una ciudad estupenda para vivir. Cuenta con un clima perfecto, una medida exacta, una luz irrepetible y una comodidad garantizada que hace esta ciudad más bella de lo que es. Cada día me gusta más. Va en la línea de las ciudades que me gustan.

Ciudades amables y delicadas para vivir tranquila alejada en la medida de los posible del estrés instalado en nuestro día a día innecesario que nos cuesta la salud y que hace más fea cualquier ciudad. Una ciudad cada vez más peatonal y menos motorizada por mucha controversia que esto ocasione para algunos. Me gusta ver cada vez más bicicletas y calles peatonalizadas porque ello, a la larga, imprime un estilo de vida y una mentalidad más sostenible y verde.

Y es que València es una ciudad con mucho verde, con parques y espacios aireados donde una se pierde y se reconcilia con la ciudad del estrés y de las tensiones.

València cada día es más habitable y más humana. Más cosmopolita y más internacional, recibimos cada vez a más turistas, algunos vienen de paso y otros se instalan en cualquier caso significa una apertura al mundo. Es una ciudad que de momento sabe combinar esta invasión turística con la esencia valenciana y de sus orígenes. València sigue teniendo rincones que no olvidan sus orígenes como los barrios menos céntricos.

En València tenemos un estilo de vida que en ocasiones no apreciamos. Somos mucho de la calle, nos gusta salir a la calle, tenemos muchas terrazas y espacios abiertos y al aire libre que nos permiten una vida exterior. La urbanística de la ciudad y el clima hace que desarrollemos un carácter más social.

Foto: EVA MÁÑEZ

Pero lo que más me gusta de València es su gente y ver la solidaridad que se mueve a veces. Valencia es una ciudad muy activa y tiene una parte de su población reivindicativa y que lucha por una ciudad digna y justa alejada de la mala prensa que ha tenido durante muchos años y de casos sangrantes de corrupción.

La València solidaria es una ciudad muy modélica tanto por la cantidad de acciones que organiza como por la respuesta de parte de su población. Además es una solidaridad tanto con las causas y realidades cercanas como las lejanas. Por poner un ejemplo, dentro de unos días comienza la campaña Pobreza Zero donde València es un ejemplo a nivel nacional.

La València fea

Pero València también es gris y oscura para otros. Es una ciudad donde hay pobreza y una ciudad donde se sufre. València es una ciudad donde existen las fobias, donde hay organizaciones que fomentan los radicalismos y generan un clima tenso y desagradable.

La València de la intolerancia. Es la València de los absolutos, de los blancos y de los negros. La València de la corrupción, la València del dinero, la València sin sensibilidad social. La València de la pobreza… porque en València también viven personas en situación de pobreza dura, personas marginadas y personas sin recursos que sufren.

No hay que ir muy lejos para ver personas que deambulan por la calle sin hogar y sin rumbo fijo o personas que son detenidas y recluidas en el Centro de Internamiento de Extranjeros, CIES, instalado en València. Estas personas seguramente tengan una percepción diferente de esta ciudad, de su gente, de sus instituciones… y estas personas se sienten también valencianos y valencianas.

En un fin de semana como este invito a la reflexión para construir una ciudad cada vez más social, más sensible y más solidaria. Una ciudad que es capaz de más y mejor. Una ciudad alegre y optimista.

Disfrutemos de una festividad alegre, amable y llena de amor sin tensiones ni conflictos políticos porque recordemos, además, que el 9 de octubre coincide con el día de Sant Donís, el día de los enamorados valencianos. Es típico de esta festividad que los enamorados se regalen la mocaorà. El pañuelo que envuelve los dulces típicos de mazapán y que cada año preparan los pasteleros valencianos. Estos dulces consisten en los tradicionales pasteles denominados Piruleta y Tronador hecho de almendra y azúcar rellenas de yema.

Cada 9 de octubre, los valencianos y valencianas celebramos el día de la Comunitat Valenciana desde Jaime I entró en la ciudad de València para liberarla del dominio musulmán. Es el día grande de los valencianos y las valencianas.

 La semana que viene… ¡más!

Foto: EVA MÁÑEZ

Noticias relacionadas

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email