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Las mujeres queremos más

Foto: EVA MÁÑEZ
10/03/2022 - 

Hace dos días el movimiento feminista volvió a sacar músculo en la calle. Siguen las mismas reivindicaciones y quizás con más razón aún, observando que una vez más una situación de crisis como la sufrida estos dos últimos años vuelve a cebarse con el colectivo femenino.  El del pasado martes fue un 8-M que volvió a recuperar sensaciones previas a la pandemia, el pulso de un movimiento que pide a gritos, en las calles y los parlamentos, un cambio de paradigma. Y por si alguien no lo ha pillado: las mujeres seguimos queriendo más.

La realidad pandémica reciente nos ha demostrado que ni la política ni las administraciones pueden continuar ignorando cuestiones como el trabajo doméstico y los cuidados en el diseño de políticas y presupuestos públicos. Sectores fuertemente feminizados han sostenido a una sociedad que se escondió en casa huyendo del maldito virus: las cajeras de supermercado, las limpiadoras, las cuidadoras, enfermeras, profesoras… La bofetada vírica ha servido para darnos cuenta de la importancia de aquellas mujeres a las que la sociedad les devuelve poco de lo mucho que nos aportan, ya sea en dinero, ya sea en tiempo libre.

Cada vez sobresalen más evidencias sobre la necesidad de pegarle una vuelta a todo aquello que es aceptado sin cuestionamiento. ¿Por qué son siempre las mujeres las que se dedican a los cuidados de la infancia y de las personas mayores? ¿Dónde dice que una madre del siglo XXI tenga que sacrificar su desarrollo profesional para cuidar de su descendencia o progenitores mientras el padre sigue con su carrera como si nada? ¿Cómo es posible que exista una tan marcada brecha salarial o ejecutiva en nuestras empresas -en favor de estos, claro- cuando los porcentajes de fracaso escolar femenino son enormemente más bajos? ¿Qué paradigma económico desaprovecha a su masa poblacional más formada? ¿Qué tipo de sistema no valora los cuidados de los más débiles?

Son muchas las preguntas que una no puede evitar hacerse y diversas las narrativas feministas en las que apoyarse a la hora de buscar soluciones que nos lleven como sociedad a una igualdad real. Pero lo que hasta ahora ha tenido un espacio de debate académico y social merece acelerar su desarrollo en aspectos legislativos de forma clara y consolidando derechos. En la Comunitat Valenciana estamos en ese momento. Actualmente, la nueva ley que prepara la conselleria de Igualdad, marca cuatro ejes para romper con las inercias injustas que otorgan nuestro paradigma económico y su actual división del trabajo:  redistribución e igualdad de oportunidades, reconocimiento de derechos, representatividad y políticas vinculadas a las masculinidades igualitarias.

Uno de esos ejes, por ejemplo, pasa por cuidar a las que cuidan:  encontrar formas de reconocimiento del trabajo doméstico y de los cuidados; reconocer el derecho al ocio y al tiempo libre de aquellas mujeres que crían, cuidan y curan de nuestras familias y nuestras personas mayores; promover la provisión universal y pública de los cuidados mediante el Sistema Público Valenciano de Servicios Social; impulsar la transparencia en el ámbito retributivo, no solo combatiendo la brecha salarial, también incentivando a aquellas empresas con más del 40% de sus puestos directivos ocupados por mujeres.

En este aspecto, conviene diseñar desde la administración un espacio que ayude a facilitar la conciliación (trabajo-familia-vida personal) de todas las personas, condición que casi parece una quimera en nuestros días para muchas familias. De tal manera, la búsqueda de esta responderá a una dinámica transversal que afectará también a nuestras escuelas, con medidas como la ampliación de la gratuidad a toda la red de 0 a 3 años, cuestión en la que la conselleria de Educación ya está incluso avanzando al impulsar para el curso que viene un sistema público de aulas para 2 años. La escuela es un parte esencial del camino hacia la Igualdad como espacio para combatir a través de la coeducación de niños y niñas la transmisión de pautas culturales sexistas y estereotipadas que la sociedad, voluntaria o involuntariamente, nos inculca desde la infancia.  

Los mecanismos a través de los cuales se sostendrá la ley para el reconocimiento de todos estos derechos pasan por desarrollar organismos que garanticen los mismos, desde un centro de políticas públicas para la igualdad a un observatorio de género, espacios que generen conocimiento para poder incorporar las perspectivas de género a las políticas públicas y en los que, junto a otros de la administración, existan composiciones paritarias en los distintos niveles de la administración.

La marcha hacia la Igualdad la arrancamos las mujeres, pero son cada vez más los hombres que nos acompañan. Y es por ello, que se hace más patente si cabe la necesidad de fomentar también políticas vinculadas a las masculinidades igualitarias, espacios de refugio para quien también quiere cuidar de sus familias, ser corresponsables con sus parejas, sin recibir una mala mirada del jefe cuando dejan de ‘calentar la silla’ para irse a disfrutar o gestionar SU VIDA fuera de su horario laboral.

Nota: tras la mani del 8-M leo una noticia que me reafirma en la idea de que el feminismo no tiene fronteras: 28.000 mujeres saudíes se presentaron a los concursos de Renfe para ser maquinistas de Ave que conectarán Medina y La Meca. Hace apenas tiempo, no podían ni conducir en su país. Como dije al inicio del artículo, las mujeres, de aquí y de allí, sin distinción de clase, queremos más. 

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