Libros y cómic

600 años de persecución y de cultura compartida: el pueblo gitano en España hace balance

  • 'Un bayle de gitano. Costumbres Andalousas', una litografía del siglo XIX de Adolphe Bayot.
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VALÈNCIA. En 2025 se cumplieron 600 años de una efemérides extraña e inexacta: el año establecido históricamente como el de la entrada del pueblo gitano a España. Seis siglos dan para mucho; y sin embargo, en este caso, parece no haber cruzado la frontera de ser una nota al pie de las historiografías estatales o ser vista como una anomalía cultural. 

Tal vez sea porque la historia del pueblo gitano le saca los colores a los orgullos nacionales en una línea continua de persecución, estigmatización y resistencia que atraviesa esos seis siglos. 

La Fundación Secretariado Gitano y la editorial de la Universitat Internacional de València (VIU) han promovido una publicación, Pueblo Gitano. 600 años de historia y cultura en España, para dar a conocer la historia y sus aristas. Un volumen coordinado por Gonzalo Montaño, Joan M. Oleaque y Arnau Vilaró que busca algo más que explicar el pasado: desmontar los relatos que han sostenido el antigitanismo hasta hoy.

La conmemoración de los 600 años de la llegada documentada del Pueblo Gitano a la península ibérica ha sido el punto de partida, pero, en todo caso, la publicación huye del gesto simbólico y del folclore conmemorativo: “Lo que no puede ser es que todo se quede en una efeméride”, advierte Oleaque en conversación con este diario. 

A estas alturas de su historia, los estudiosos y el asociacionismo del pueblo gitano aún luchan por fijar un marco histórico riguroso y, a la vez, accesible, que permita entender cómo las leyes, los discursos y las prácticas sociales han ido produciendo una exclusión estructural que empezó prácticamente unos pocos años después de esa entrada a España.

La razón primera de esa persecución es que el modo de vida del pueblo gitano establecía un nuevo marco cultural que escapaba de las principales estructuras de control del Estado y de la Iglesia. El rechazo fue casi inmediato, y se fueron acumulando leyes discriminatorias e intentos de destierros durante siglos. No fue hasta la Constitución Española de 1978 cuando se les reconoce como ciudadanos con los mismos derechos y de manera implícita, al rechazar cualquier discriminación “razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

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Por eso, el volumen reúne a autoras y autores gitanos de distintos ámbitos —educación, arte, activismo, investigación— que abordan cuestiones como la persecución legal desde el siglo XV, la pérdida de la lengua, la segregación escolar, el papel del flamenco o el feminismo romaní. En la introducción se subraya que esta historia ha sido contada durante siglos “desde miradas ajenas”, y que hoy “es necesario que distintas voces gitanas puedan tomar la palabra y compartan su experiencia para construir nuestra memoria colectiva”.

En el lado contrario, el pueblo gitano protagonizó uno de los episodios más oscuros de la historia de España, la llamada Gran Redada: un intento de exterminio coordinado por las estructuras de Estado y autorizado por el rey Fernando VI en 1749, cuando se mandó capturar a los gitanos y gitanas de todas las grandes ciudades la misma noche, y les encerraron, segregados por sexos, para realizar trabajos forzosos. Se calcula que la operación supuso la detención de más de 10.000 personas.

“Hemos intentado abordar esta publicación desde dos aspectos que creíamos clave: uno, hacerlo con el mayor rigor posible, y otro, no centrarlo en algo muy crítico o esencialmente académico, sino hacerlo divulgativo y que llegue al mayor número de gente posible”. De hecho, el libro puede descargarse gratuitamente porque la voluntad es romper guetos culturales y hacer circular ese conocimiento.

De hecho, hablando específicamente de cultura, hay un capítulo escrito por Tere Peña y Gonzalo Montaño que relata cómo el flamenco se ha abanderado como patrimonio universal español mientras el pueblo que la ha sostenido sigue siendo invisibilizado. Un debate que, según explica Oleaque, “está muy vivo y es complejo”, ya que esta denuncia puede acabar cayendo en esencialismos y acabar encajonando al flamenco al acusar cualquier permeabilidad de apropiación cultural.

Año 601, ¿ahora qué?

Con la radiografía y la conmemoración ya hecha, falta pasar a la lista de los asuntos pendientes. “Se tiene que luchar muchísimo contra la discriminación específica hacia los gitanos, que tiene concepción de antigitanismo y está muy enquistada. No es un racismo de pegar fuego a una casa, es más sutil, pero está totalmente asimilado e impregnado en la sociedad. Los mismos prejuicios con los que se firmaban las leyes persecutorias siguen formando parte de la mente y del vocabulario de la sociedad. Es bastante insoportable y extenuante porque es totalmente transversal y afecta desde las élites a los más humildes y en todas las tendencias políticas”, analiza Oleaque.

Aunque sobre el papel se han resuelto las discriminaciones mayores, las prácticas sigue estando por revisar y resolver. En la opinión del académico, el cambio no vendrá solo de grandes leyes ni de declaraciones institucionales. “El pueblo gitano necesita referentes educativos, culturales, sociales, capaces de romper el círculo de una historia, una lengua y una cultura que muchos gitanos ni siquiera conocen. Cómo para poder defenderlo”. Romper ese círculo es “una responsabilidad pública de las administraciones, escuelas, universidades y medios”, concluye.

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