Humor negro, ‘body horror’ y abuso de poder: así es la vanguardia del cómic conjugado en femenino

Libros y cómic

PUCHI AWARD

Peiyang Xu y Ula Zuhra exploran en sus obras la violencia social, las contradicciones de la vida contemporánea y los límites de la creación artística.

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VALÈNCIA. Balnearios inquietantes. Fluidos corporales. Amistades que sobreviven al caos de estar viva. La ambición artística como excusa para la violencia y la explotación. Página a página, Peiyang Xu (Suzhou, China, 2000) y Ula Zuhra (Yakarta, Indonesia, 1993) diseccionan las zonas más incómodas de la experiencia contemporánea y convierten lo absurdo, lo grotesco y lo cotidiano en herramientas para desafiar las normas sociales. Lo hacen, en concreto, con El futuro gran artista visita el balneario de las almas (de la autora china) y Aca & Ica (a cargo de la creadora indonesia), dos obras reconocidas en la séptima edición del PUCHI AWARD. Organizado por la editorial Fulgencio Pimentel y La Casa Encendida, el certamen ha otorgado el premio principal a Xu y el Premio Especial del Jurado a Zuhra.

Aunque se desarrollan en escenarios muy distintos, ambos cómics exploran las contradicciones del presente y las estructuras que condicionan nuestra manera de vivir. Xu construye una fábula inquietante sobre el proceso artístico, el sufrimiento y los mecanismos del poder. Por su parte, Zuhra retrata a un grupo de mujeres jóvenes de Yakarta cuya amistad se ve atravesada por el colonialismo cultural, el body horror, el clasismo y el consumismo.

A golpe de humor negro, sátira y un fascinante eclecticismo visual, ambas autoras cuestionan las normas sociales y exploran las tensiones personales y políticas que atraviesan los universos de sus personajes. Publicados por Fulgencio Pimentel, ambos títulos se presentarán el próximo jueves 22 de octubre en la librería Futurama.

-Aca e Ica son dos amigas que se enfrentan a las rutinas cotidianas de Yakarta. ¿Qué te llevó a crear estos personajes y qué revelan sobre la experiencia de las jóvenes en Indonesia?

-Ula Zuhra.- Aca e Ica no son las únicas protagonistas del cómic: Yakarta es la tercera protagonista y actúa como una especie de antihéroe. La ciudad tiene su propio ritmo frenético; Aca e Ica intentan constantemente encontrar el suyo en un lugar que a menudo parece jugar en su contra. Esa tensión impulsa todas las historias del libro. En cierto modo, es mi manera de documentar nuestras vidas contemporáneas a través de un lenguaje, un vocabulario visual y una serie de gestos que me resultan familiares.

He vivido toda mi vida con ese trasfondo de misticismo y leyendas urbanas entretejido en las cosas más cotidianas y utilizo el realismo mágico como una herramienta de resistencia. Especialmente cuando se vive bajo un régimen opresivo, convertir lo cotidiano en algo mágico (por pequeño o insignificante que sea) permite transformarlo en mito.

-El balneario de El futuro gran artista aparece como un lugar donde supuestamente es posible alcanzar el éxito. Sin embargo, plantea un sistema basado en la jerarquía y la sumisión. ¿Qué te interesa de esta combinación de refugio y espacio de poder?

-Peiyang Xu- La inspiración para el balneario surge de dos vivencias personales: el control que viví en China durante la pandemia y mi experiencia con las autoridades de Bruselas al intentar conseguir un permiso de residencia. Deseaba crear una institución abstracta y deshumanizada. El balneario representa un sistema de poder con sus propias reglas, pero que nunca termina de explicar cómo funciona. El protagonista busca reconocimiento y una especie de certificación que confirme su valor. Puedo identificarme con ese deseo: durante mucho tiempo quise obtener el reconocimiento de las instituciones para sentir que mi existencia estaba justificada.

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-En Aca & Ica te asomas a cuestiones como la clase social, el colonialismo cultural y el consumismo. ¿Cómo combinas estas preocupaciones sociales y políticas más amplias con la vida cotidiana de los personajes? ¿Cómo decides cuándo llevar una situación hacia lo grotesco, lo absurdo o lo humorístico?

-U. Z. - Suelo mirar la vida desde una perspectiva postirónica, algo que no creo que me siente especialmente bien, porque vivir en este infierno poscapitalista hace que todo parezca una sátira. Voy conociendo a mis personajes como si fueran personas reales, y las personas reales están llenas de capas y contradicciones que hay que ir desvelando poco a poco, poniéndolas en situaciones diferentes. El humor surge, en parte, porque rara vez escribo guiones completos y cerrados. Se me ocurre un chiste sobre la marcha, y creo que esa urgencia es lo que hace que todo resulte fluido, divertido y espontáneo. El lenguaje y la jerga también cambian según el momento en que escribo, de modo que los diálogos se parecen más a una conversación.

-La religión, las expectativas familiares y las convenciones sociales condicionan el mundo en el que viven los personajes de Aca & Ica. ¿Cómo abordas estos temas a través de la sátira? ¿Cómo equilibras el deseo de cuestionar las normas establecidas con la complejidad de las personas que viven dentro de ellas?

-U. Z. - Recurro a la sátira para poner al descubierto lo absurdos que son los sistemas dentro de los cuales los personajes han aprendido a vivir. Aquí, la religión, las expectativas familiares y las convenciones sociales están tan profundamente entretejidas en la vida cotidiana que rara vez se manifiestan como grandes fuerzas opresoras. El humor me permite convivir con esas contradicciones sin tener que resolverlas de forma tajante.

No quiero que mis personajes se conviertan en portavoces de mis propias opiniones. En la vida real, las personas no son siempre coherentes. Un personaje puede ser víctima de determinadas expectativas sociales y, al mismo tiempo, contribuir a perpetuarlas. Cuestionar las normas establecidas no significa necesariamente situarse fuera de ellas: todas estamos implicadas en los mundos que criticamos. La sátira me permite reconocer esa complicidad y, aun así, poner en cuestión las estructuras que nos moldean.

-En El futuro gran artista, la violencia no procede únicamente de quienes la ejercen, sino también de quienes miran hacia otro lado. ¿Cómo surgió el personaje del guardia de seguridad y qué relación encuentras entre la violencia en el ámbito privado y las estructuras de poder?

-P. X.- Existe una conexión entre la violencia a pequeña escala, producida en la intimidad, y la violencia institucional a gran escala. Ambas pueden formar una cadena de violencia. Una vez presencié cómo una mujer sufría violencia doméstica por parte de otro creador de cómics, quien afirmaba que su comportamiento formaba parte de su práctica artística. Sentí horror y repulsión. Pero lo que más me aterrorizó fue descubrir que podía entender su lógica, ese anhelo de encontrar un sentido artístico y esa ambición de trascender. No podía aceptar su conducta, pero entendí que compartíamos creencias peligrosas sobre el arte. Esto me llevó a plantearme si, cuando los creadores atribuyen al arte un significado y un valor elevados, puede convertirse en una excusa para ignorar el daño o idealizarlo.

Mientras ayudaba a la víctima, temía perder oportunidades dentro del mundo del cómic por hacerlo, pero descubrí que, aparentemente, a nadie le importaba lo ocurrido. Ahí surgió el personaje del guardia de seguridad, que representa la crueldad de quienes permanecen indiferentes ante el sufrimiento ajeno. También representa mis miedos. Me asusta esa vida repetitiva y ordinaria. El guardia ocupa un lugar marginal dentro del balneario. Trabaja allí, pero no le importa cómo funciona. Cuando la esposa cae en la calle, también le da igual. El daño que causa el poder no procede solo de quienes lo ejercen directamente: la ignorancia y la indiferencia también son parte de la violencia.

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-El protagonista de El futuro gran artista visita el balneario de las almas cree que el sufrimiento ajeno puede transformarse en arte. ¿Dónde situarías la frontera entre representar el dolor y explotarlo?

-P. X.- La frontera está en cómo tratamos a la persona que sufre, ya sean otros o nosotros mismos. Al utilizar nuestro sufrimiento para crear arte, también podemos caer en la autoexplotación. Cuando creemos que el sufrimiento puede generar valor artístico, o que solo el sufrimiento permite crear obras profundas, podemos empezar a depender de él, nutrirlo o resistirnos a salir de él.

El vínculo entre sufrimiento y creación artística se ha transmitido socialmente como si se diera por sentado, como si proporcionase una fuente inagotable de inspiración. Sin embargo, cuando en la vida real veo cómo el sufrimiento se transforma en arte, cómo se celebra e idealiza, me siento impotente y enfadada. No he resuelto esta contradicción. Pero no quiero seguir sufriendo. Estoy intentando trabajar en otras cosas, fuera del mundo del arte, y aprender a valorar la creación por sí misma, sin exigirle que dé sentido a mi vida ni demuestre que soy alguien especial.

-En El futuro gran artista se sugiere que el acto creativo puede convertirse en una forma de encubrir la corrupción moral, como si los logros artísticos pudieran justificar casi cualquier cosa y otorgar cierta inmunidad…

-P. X.- Yo misma lo había aceptado sin darme cuenta. Grandes artistas, como Picasso, tuvieron parejas con vidas infelices. Puedo entender cómo la tristeza, la ira, el odio y el sufrimiento pueden alimentar un impulso artístico poderoso, hermoso, embriagador… Justamente porque lo entiendo, me resulta más difícil saber cómo abordarlo. Debemos reconocer que este fenómeno existe, ser conscientes de qué relación puede haber entre los logros artísticos y la conducta del individuo y si nuestra valoración de su comportamiento cambia a causa de su obra.

-Aca & Ica habla sin ambages de la corporalidad femenina y de experiencias que a menudo se consideran tabú. ¿Qué te interesa de representar abiertamente estos aspectos de la vida de las mujeres? 

-U. Z.- El cuerpo femenino y la sexualidad son dos de los temas importantes que quiero poner de relieve. Sin embargo, hay algo que me molesta especialmente: que, cuando una mujer crea una obra sobre la sexualidad, se la mire desde el prisma de la cosificación. Por eso represento aspectos más íntimos de la sexualidad femenina, como cuestiones relacionadas con los genitales (el flujo vaginal y su olor), el sangrado libre, los abortos espontáneos, el trauma derivado de la violencia sexual y las formas de afrontarlo, así como las cuestiones existenciales vinculadas a la experiencia de ser mujer que suelen surgir en esta era capitalista. Ningún aspecto de la experiencia femenina debería considerarse vergonzoso ni motivo de culpa.

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-Tu trabajo en El futuro gran artista emplea distintos lenguajes visuales. ¿Cómo decides cuál utilizar en cada escena y de qué manera afectan al libro?

-P. X.- Quería experimentar con la forma de contar la historia y con la manera en que el lector interpreta lo que está viendo. A veces, el texto y la imagen transmiten mensajes contradictorios o la composición visual genera desconcierto. La experimentación debe estar al servicio de la narración: no basta con hacer algo formalmente extraño si no contribuye a contar la historia. Normalmente, empiezo por el guion y después trabajo en las imágenes. Muchas contradicciones morales y emocionales del libro no fueron planificadas, sino que surgieron durante el proceso.

-Trabajas con cómic, animación, pintura, vídeo y otros medios visuales. ¿Qué te llevó a elegir el cómic para contar Aca & Ica? ¿Qué posibilidades te ofrece este medio en cuanto al ritmo narrativo, la exageración visual y la representación del mundo interior de los personajes?

-U. Z. Crecí leyendo cómics y viendo dibujos animados, así que el arte siempre ha sido para mí una forma de contar historias. Me atrae la libertad y la naturaleza casi anárquica del cómic, especialmente del cómic independiente, donde parece haber pocas reglas sobre lo que puede ser una historia o cómo debe contarse. Me influyeron especialmente los cómics costumbristas de los años noventa porque me ayudaron a imaginar de nuevo las posibilidades de la narración visual. Me encanta el espacio que me ofrece el cómic para fantasear y también la manera en que invita a todo el mundo a bajar el ritmo y prestar más atención a los símbolos, los matices y los detalles que contienen las ilustraciones.

En algunos momentos, la narración de El futuro gran artista se dirige directamente al lector. ¿Qué te llevó a utilizar esta interpelación directa? ¿Cambia esto nuestra manera de relacionarnos con los personajes?

P. X.- Para mí, escribir es una forma de diálogo interior para responder al sufrimiento y al odio que no consigo resolver, pero también un modo de venganza. Soy amable, quizá incluso algo débil: a menudo no sé decir que no, ni sé cómo resistirme cuando me hieren. Antes quería que los lectores vieran lo que yo había visto y sufrieran conmigo. Disfrutaba provocándoles, desconcertándoles y obligándoles a reconocer que, pese a todo, era una buena obra. La creación era una vía para liberar mis emociones y dirigirlas hacia los lectores. Con el tiempo, comprendí que esa dinámica no era saludable, pues podía intensificar el ciclo de sufrimiento y resentimiento. No puedo controlar cómo reaccionan los lectores. Quizá me dirijo a ellos porque necesitaba que alguien me escuchara. Aunque ese alguien fuera una presencia imaginaria.

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