Rafa Segura descubre la poesía que se esconde 'entre dos puntos'

Libros y cómic

'LA DISTANCIA ENTRE DOS PUNTOS'
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VALÈNCIA. La vida entera se describe entre dos puntos. Uno de salida y uno de llegada, el nacimiento y la muerte y hasta el desayuno y la comida, según por donde se mire. Entre estos dos puntos, uno puede estar feliz, triste, risueño y, si tiene el suficiente tiempo, hasta nostálgico. Todos los que están entre dos espacios tienen también la capacidad analítica de ver lo que ha pasado entre dos momentos. En un ejercicio de creatividad, el autor valenciano Rafa Segura ha encontrado en su nuevo poemario el lugar ideal para escribir los versos que separan La distancia entre dos puntos, un volumen editado por la Editorial Crecida y en el que se mencionan los “puntos” al menos ciento cincuenta veces.

 

Este proyecto es su quinto poemario publicado y en este -con una portada ilustrada por Elías Taño- ha encontrado el lugar en el que rendir homenaje a los poetas “vinculados a la conciencia crítica” que se reúnen todos los años en Moguer, en la casa de Juan Ramón Jiménez. Jugando con el concepto del punto que se encuentra con otro y su “distancia y relación entre ellos” Segura confabula sobre un pasado y un futuro conectados a través de la poesía. Lo hace jugando siempre con los extremos, cediéndose a los versos y encontrando en el libro un lugar en el que imaginar el mundo que vive distanciado.

 

“Mi idea inicial era escribir un libro sobre el concepto de caminar, y de ir de un lado a otro, lo que pasa es que dio tanto de sí que el concepto se desbordó y ha dado lugar a dos libros finalmente. En este libro hablo de una idea conceptual y de los encuentros que hay entre dos mismos espacios”, destaca Segura, quien a su vez se centra en quienes acortan las distancias como sucede en los encuentros de poetas en la casa de Juan Ramón Jiménez. “Me gusta mucho centrarme en esta familia que se centra en  hacer del lenguaje algo más expresivo. Hay todo tipo de sensibilidades y estéticas, y todos estos escritores son una inspiración”, destaca el autor.

 

Jugando con los puntos, las comas y las letras de diferente tamaño que se encuentran a lo largo del libro Segura se atreve a trazar una línea entre dos puntos que se dividen en cinco capítulos: insatisfacciones, indecisiones, indefiniciones, indeterminaciones e incertidumbre. Palabras que dialogan con su parte sin el prefijo “in” y que beben de diferentes modelos de poesía. Lo hace también partiendo de un capítulo inicial con definiciones hasta llegar a la parte final en el que todos los puntos convergen y de alguna manera “explotan”.

 

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Entre las definiciones que se encuentran en La distancia entre dos puntos están algunas como: “Opinión: Opino que no me fío de los que ansían opinar”, o también “Sinceridad: Algo sobrevalorado que a mí solo me ha traído problemas” e incluso más actuales como “Relación abierta: Ecuación sensible a la que también se puede ser infiel”. Todas ellas ayudan a que la lectura sea como un juego. “La idea es que todo tiene que ver con dos puntos. Hay punto de partida, de choque, de vista y yo intento que sirvan para conectar ideas”.

 

“Creo que con el mundo tan caótico que tenemos y el exceso de información que hay, conseguimos, con la poesía, jugar con el lenguaje y generar una nueva ecuación. En el poemario, las palabras y los conceptos hablan entre sí y por sí mismos”, algo en lo que Segura es artífice y también espectador. “Lo que me gusta del libro es pasármelo bien, encontrar un lugar y un estilo con el que jugar”, señala el creador de este poemario que se tiene que leer prestando especial atención a la puntuación.

 

Entre sus páginas, los cambios de tamaño de las letras, los puntos que se hacen gigantes entre las páginas y hasta los capítulos que juegan a contradecir a Segura son parte de un juego con la editorial en el que intentan experimentar como se hace en novelas, como hace el poeta chileno Vicente Huidobro. “Hablamos de cómo hacer poesía que ocupa un espacio en común y que juega con lo experimental. A través de La distancia entre dos puntos, quiero imaginar cómo funciona la sociedad que nos rodea y que se descubre a sí misma con una pregunta tras otra”. Preguntas que llevan siempre por bandera un signo de interrogación, que oportunamente se decora con un punto, el causante de que Segura trabaje con los versos y les pregunte tantas cosas como para generar un poemario tan enigmático como este. 

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