VALÈNCIA. Uno de los términos que mejor definen al artista Ricardo Cavolo (Salamanca, 1982) es el de ser “multidisciplinar”. Además de ilustrar portadas de discos, carteles y atreverse hasta con el graffiti, ha logrado sacar a lo largo de su vida varios libros que van desde recopilatorios esenciales como 100 películas sin las que no podría vivir y 100 artistas sin los que no podría vivir (ambos publicados con Lunwerg) hasta su propia historia con Jamfry: Autobiografía (Planeta) y sobre la historia del mundo con Periferias: Gran libro ilustrado de lo extraordinario (Lunwerg).
Ahora, desde el 2024, ha empezado a acercarse a un público más juvenil con sus nuevas obras: León tiene el pelo de fuego (Lunwerg) y ahora publica junto a Astiberri una novela gráfica juvenil en la que se adentra en el mundo de Lola y Estrella: El monolito de las voces. Este libro, que se presentó en la librería valenciana Bartleby –donde también realizó un taller para niños- marca un antes y un después en su historia como creador al atreverse a adentrarse en el mundo de la fantasía de primera mano.
Para ello evoca a las descripciones de diferentes tribus urbanas como harían las cartas Magic y hasta se atreve a incluir al final una suerte de oca para que quienes le lean puedan llevar el universo de Lola y Estrella a un nuevo plano físico que tontea con su universo astral. En este libro, Cavolo cuenta la historia fantástica de Lola y Estrella, dos jóvenes amigas que viven juntas en la ladera de una montaña y que, juntas, tienen que defender el valle en el que viven y su comunidad de los malvados que las persiguen.

- -
- Imágenes cedidas por Astiberri
Con una novela dirigida a lectores y lectoras de a partir de siete años, Cavolo conforma su propio universo fantástico en un planeta llamado Matria, plagado de gnomos y que tiene que ser definido por dos jóvenes aventureras que tienen que alejarse de su hogar para recuperarlo. Para ello, Cavolo bebe de sus referencias de los años 80 como Conan, el bárbaro y otros aventureros, para conseguir conformar este cómic que le lleva casi dos años. “He leído muchos cómics infantiles y juveniles y con ellos pienso en la gente adulta que también los lee. Pienso en mí mismo como padre de dos niños de cuatro y de ocho, y esos ojos en casa te ayudan a ver todo con otra perspectiva”.
El cómic, que define como una historia “anticapitalista, ecológica y feminista” combina las voces de Lola y Estrella, que batallan contra que les arrebaten su hogar. “Contamos la odisea de dos niñas que ven que el mundo se destruye porque los adultos intentan explotar la tierra y a los trabajadores. Es una manera de hablar sobre el capitalismo de una forma bonita”, señala el artista, quien explica que se inspira directamente en sus hijos Max y León para crear a estas protagonistas, aunque a ambos les “chocara”. Ellos saben que son los personajes principales, pero les llama la atención que sean chicos. Obviamente, les educamos en el feminismo, pero les choca, aunque sí que se reconocen visualmente”.
“Me interesa representar a dos heroínas chicas porque cuando yo era pequeño, quienes cambiaban el mundo eran los chicos, y por suerte ahora van cambiando las cosas. Tenía una cuenta pendiente con las pensadoras y las mujeres guerreras”. Los dos personajes se hacen un contrapunto constante que funciona de maravilla, y sus conversaciones se entrelazan con las tribus y grupos que se presentan a lo largo del libro, que funciona casi como una enciclopedia.
Lola y Estrella, además, bebe bastante de Periferias, trabajo en el que se hace un “compendio de todo lo outsider” mientras se centra en pequeños grupos. “No presento grandes ciudades ni grandes grupos; pongo el foco en las personas marginales que están apartadas de la rueda grande. Me gusta además cuando una historia grande te aporta información entre medias, jugando con una especie de página de enciclopedia. Me gusta mucho explicar cómo son los grupos del libro porque me ayuda a comprender quiénes son y cómo se retoma la historia”.

- -
- Imágenes cedidas por Astiberri
Esta novela gráfica también tiene secretos para los lectores adultos, que se esconden entre las “páginas amarillas” que explican qué está pasando en el “mundo de los malos”. El cómic cuenta a través de estas páginas los momentos de terror que llevan a Lola y Estrella a tener que pelear. “Me gusta crear una parte que se enfrenta con el relato de las protagonistas y que sirve como unas diapositivas de lo que está pasando. Hablo de la zombificación de los adultos y de las relaciones humanas que se han ido truncando fuera de las montañas dentro del libro”.
“Estos personajes representan la alineación a través del trabajo, y cómo las relaciones humanas se han convertido en levantarse, trabajar y estar separados de sus familias. Me gusta que los libros tengan una vida además de la historia principal”. Y en las páginas finales, un juego despide al lector y le invita a que tome acción dentro del universo de las protagonistas. Cavolo incluye un juego de la “Oca” que ayuda a comprender la lectura desde una parte más divertida, como “un regalo y un mimo al lector”. Un mimo inspirado también en su hijo León, que es “una estrella en el juego”. Tanto León, como Max y su pareja María Herreros le inspiran a adentrarse en este universo en el que lo fantástico se muda al valle entre las páginas llenas de colores,
“La familia es el oxígeno de mi trabajo. Mis hijos me inspiran para los protagonistas de la historia y mi pareja, que es artista, me ayuda mucho con las ideas y a rematar bien el cómic”, señala el artista, que hace una gran incursión en el mundo de la fantasía. “En este universo estoy muy a gusto, y siento que he reconectado con el mundo de la fantasía; me apetece revisitarlo, hacerlo mío y poder aportar mi parte a este mundo que está conmigo desde que nací”.