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protesta vecinal

Lo que la Fórmula 1 dejó: La calle que no es calle

Los vecinos del Grao denuncian que el vial de detrás de Las Naves de Juan Verdeguer, que va al cementerio, no se limpia y está lleno de basura

22/02/2017 - 

VALÈNCIA. “La Comunitat Valenciana volverá a ser un escaparate de un gran acontecimiento, pero fundamentalmente de un proyecto bien preparado y bien trabajado”.  Así lo decía el ex presidente de la Generalitat Francisco Camps hace casi 10 años, en junio de 2010. Ese gran acontecimiento era la Fórmula 1, un proyecto que, según el entonces jefe del Consell, ayudaría a “promocionar la Comunitat y sus excelencias y atractivos”.

“El mejor gran premio” en palabras del ex Molt Honorable es ya historia. El último Gran Premio de Europa se celebró el 24 de junio de 2012. El 20 de agosto de 2013 expiró la licencia. Alberto Fabra, quien le entregó el último trofeo de ganador a Fernando Alonso, lo finiquitó. Después llegaron las elecciones. El cambio de gobierno. La llegada del Govern del Botànic, o el bipartito con apoyos puntuales de Podemos.

Y entonces comenzaron a percibirse las huellas de la F-1. Al principio su recuerdo vago dormía en calles asfaltadas que no las usaban coches que iban a 300 kilómetros por hora, en pasajes abandonados como el famoso Cuc de Llum que se ha rehabilitado recientemente para uso público, y unos tinglados vacíos que la Generalitat ha asegurado que devolverá al Ayuntamiento de València en breve, si bien no hay fecha de cesión. Se supo también de un préstamo de 60 millones de euros que obliga al Consell a pagar, hasta 2023, 7 millones y medio de euros cada año; no está mal, teniendo en cuenta que la Fórmula 1 no iba a costar un euro a las arcas públicas.

Dentro del baúl de los recuerdos, como parte de esa memoria de aquella fantasía convertida en pesadilla, los vecinos del Grau de València tienen un testimonio físico tangible que se ha convertido en un problema de salud pública: Es una calle que no es calle. O así la describieron desde la Federación de Asociaciones de Vecinos.

La metáfora perfecta

El problema expuesto por el portavoz de la asociación de vecinos Grao Port, Jesús Vicente, fue uno de los más comentados en la reunión que se celebró este lunes entre vecinos del Poblats Marítims y Quatre Carreres con la concejala de Residuos Sólidos, Pilar Soriano. Dos son los puntos que llaman la atención del conflicto: El primero, que es una metáfora casi perfecta de la herencia recibida; el segundo, su complejidad.

La calle original, Poeta San Martín y Aguirre, fue ocupada en su día por el circuito de Fórmula 1 y se encuentra vallada. Para que los vecinos del Grau pudieran acceder al cementerio se habilitó un vial que discurre por suelo privado, propiedad de Adif, en la parte trasera de las Naves de la calle Juan Verdeguer. El Ayuntamiento de València no puede limpiar de forma periódica esta calle porque no está en suelo público, sino en terrenos de propiedad privada. Así, se realizan limpiezas puntuales por los lógicos motivos de salud pública, cuyo coste se repercute posteriormente a la propiedad de los terrenos.

Pero no son suficientes. “Allí se amontonan desde escombros hasta bidones de sustancias peligrosas; por suerte ya se han retirado, pero es un auténtico foco de insalubridad, un vertedero ilegal”, comentó el portavoz vecinal de Grao Port en la reunión. Y, periódicamente, la calle que no es calle se convierte en un sumidero.

Liberad la calle

La fórmula para solucionarlo pasa por liberalizar la calle. O así lo cree la presidenta de la Federación, María José Broseta, quien instó a Soriano a que pidiera a la Generalitat que actuara en ese sentido, de forma que el vial pudiera tener el mismo tratamiento a nivel de limpieza que el resto. Igualmente, Broseta se comprometió a remitir una carta a la Conselleria competente para pedir una solución en la misma línea. Se trata, pues, de hacer presión para que la calle vuelva a ser pública para simplemente poder limpiarla.

“Los vecinos están aguantando que esté llena de todo tipo de enseres y de insalubridad”, comentó Broseta. “Esa calle es una calle de la ciudad y los vecinos tienen derecho a tenerla limpia, lo mismo que el resto del barrio. La Generalitat debe modificarla y que vuelva a los vecinos. Es algo sangrante”, comentó.

De hecho, según constatan desde la Federación, aunque la limpieza de las calles ha mejorado, la asignatura pendiente y de la que se han quejado la mayoría de barrios es la falta de limpieza de solares, los excrementos caninos y sobre todo la falta de poda que lleva aparejada el problema de las plagas de ratas y de atasco de los desagües por las hojas. Pero en cuanto a suciedad, la palma se la lleva la calle que no es calle. Como decía la megalómana publicidad de Valencia Tourism de 2008, ‘Valencia, increíble pero cierta’.

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