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SIN COMPLEJOS  / OPINIÓN

Lo que de verdad importa

3/05/2021 - 

En la ceremonia de la confusión que vivimos estos días de elecciones madrileñas resulta ensordecedor y mareante. Llevamos una semana hablando de balas, fascismo y muerte como si en lugar de estar en 2021 estuviéramos en 1936, un despropósito todo. Entiendo que es época electoral y como no hay réplica posible a la impoluta gestión de Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid toca cambiar el discurso y crear ese clima de tensión que tan bien le iba a Rodríguez Zapatero mientras empobrecía al país. No me cabe duda de que Díaz Ayuso barrerá mañana en las elecciones porque los madrileños conocen de primera mano que la libertad es el único camino para la democracia. El resto llevan a atajos cuanto menos peligrosos.

Y gobernará de nuevo en una senda que permita a los madrileños ser más libres, independientes y prósperos. Donde puedan decidir su futuro y nadie les impida crearse sus oportunidades de negocio, vida o destino. Uno de los mantras que más me llama la atención de la izquierda es que Madrid no ha dado ayudas a la hostelería, mientras en la Comunitat Valenciana se multiplican los ‘ximoanuncios’ de programas y subvenciones sin fin… ni principio, porque tampoco llegan. Pregúntenles a los hosteleros que llevan días acampados pidiendo que puedan abrirse sus negocios para empezar a trabajar y que se les pague el tiempo que la Generalitat no les ha permitido abrir.

Tenemos unos magníficos datos de incidencia covid. Al mismo nivel de la Región de Murcia, aproximadamente. Lo que no tenemos son unos gobernantes capaces de entender que hay que proteger la salud, pero también la economía. Que las restricciones tenían que evitar el colapso del sistema público de salud, no una carrera por poder sacar pecho en un gráfico  y colgarlo en Twitter mientras miles de personas cierran sus negocios y se van al paro. Cada día, mientras el discurso del Botànic es eufórico. Tardaremos años en salir de la crisis que han sembrado estos meses.

Y es que la izquierda todavía no se ha enterado de que la gente no quiere limosnas, sino trabajar. Luchar por su sustento, no ser unos mantenidos. Porque la subvención es esclavitud, depender de la Administración, no poder crear una empresa, mantener un puesto de trabajo, promocionar en él, dar empleo, sentir algo como propio para dejarlo a los hijos. Y eso es lo que siempre ha defendido siempre el Partido Popular donde ha gobernado.

Ayudas sí, pero no caridad; subvenciones también, pero no dependencia de las mismas. Decía el viejo proverbio que si quieres ayudar a un pobre no le des un pez, sino enseñarle a pescar. De nada valen ahora darle 2.000 euros a una empresa si después se los vas a cobrar a impuestos, si la Seguridad Social y las tasas le va a impedir contratar a una persona.

¿A quiénes mantienen el incremento de impuestos que un día sí y otro también anuncian desde la Generalitat? ¿A los servicios públicos o a sus servidores? El Banco de España alertó en un documento el difícil legado que se deja a los jóvenes con una Administración incapaz de resolver sus problemas, al contrario, de endosarles unas condiciones de vida no solo más difíciles que las de sus antecesores, sino tremendamente complicadas. Pero ni a Pedro Sánchez ni a Ximo Puig les interesa el mañana, ya se conforman con salvar el hoy. Y los que vengan detrás, que arreen.

Es cierto que la centrifugadora madrileña nos arrastra en todos los debates, una señal inequívoca de que la Comunitat Valenciana ha perdido peso, no solo político sino también económico y social, en España durante los últimos años. Que nos centramos en debates estériles, cortoplacistas y que de verdad interesan a solo unos pocos.

Por ello, agradezco a Valencia Plaza este oasis de libertad que me permite cada quince días para escapar de la bronca impostada, de la táctica bajista, de la estrategia pasajera y que pueda hablar de política, de lo que verdad nos importa a todos los valencianos. Y qué a gusto me he quedado. Cuídense.

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