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Los Chikos del Maíz, David Simon y el cine de los desheredados

El grupo valenciano presentará los temas de su último EP el próximo 10 de abril en la Marina Sur de València. Un homenaje al periodista, guionista y productor norteamericano, con el que tienen unas birras pendientes

1/04/2021 - 

VALÈNCIA. La cinefilia impregna las letras de Los Chikos del Maíz desde sus inicios como grupo, hace ya 16 años. En su primera maqueta, Miedo y asco en València (2005), ya se hacía referencia al Harvey Keitel de Clockers, a Marlon Brando y al “intocable” Eliot Ness. Desde referencias directas en los títulos de álbumes y canciones hasta pequeños guiños metidos entre los versos, para quien quiera cazarlos. El cine -especialmente el urbano, el político, el que da la voz a los desheredados del sistema- ha sido siempre una herramienta creativa esencial para El Nega y Toni Mejías. 

Esta afición por las películas y las series es más evidente que nunca en un nuevo EP -publicado el pasado 26 de marzo- que el grupo valenciano de rap dedica al periodista, guionista y productor norteamericano David Simon, autor de clásicos modernos como The Corner, The Wire, Treme o The Deuce. Gran cronista de las entretelas del sistema, que pasó de trabajar en la sección de Sucesos del diario The Baltimore Sun a escribir libros y guiones de ficción en los que apunta sin miedo a las causas que desencadenan la espiral de pobreza, violencia y desesperanza de las clases más desfavorecidas de su país. 

“Ya lo decimos en uno de los temas del EP, David Simon nos gusta por muchas cosas, pero sobre todo porque no cae en la romantización de la pobreza. Toma la distancia suficiente –apunta Ricardo (Nega)-. Muestra la dualidad de los barrios. Con gente lumpen y chunga que vende a su madre por una cota de poder dentro del barrio. Pero también muestra las redes de solidaridad y el compañerismo que se da allí dentro. Él aporta una perspectiva periodística con mayúsculas. Desnuda la estructura del sistema al conectar el hecho de que los alcaldes aprietan a los policías para que resuelvan muchos casos, porque sino a ellos no les suben los presupuestos. Y en consecuencia, cómo los policías se dedican a detener a gente y cerrar casos a costa de lo que sea. O cómo enlaza la crisis de empleo derivada de que se lleven las fábricas norteamericanas a China con la situación de los estibadores del puerto. Al final todo es una cadena, tanto en Estados Unidos como en todos los sitios. Lo que no llega a hacer David Simon es proponer una solución a todo eso. Imagino que eso ya sería meterse en camisas de once varas, porque supone el replanteamiento absoluto del sistema. Y eso es peligroso”.

A Nega David Simon le gusta también por otras cosas. “Me gusta mucho cómo se maneja en las redes sociales. Es muy activo y se enzarza con la gente. Manda por saco a quien sea, si considera que debe hacerlo. Con las elecciones de Trump ha ido a tope. Es de estos que no la dejan pasar” ¿Cómo haces tú mismo, no?, observamos. “Mmmm… la verdad es que sí, un poco (ríe). Yo también entro al trapo”.

De tanto que le citaron en Twitter los seguidores del grupo, el escritor norteamericano tuvo noción de que en España había un grupo de rap que le dedicaba un disco -portada doble incluida, obra del ilustrador Mik Baro-. Y contestó con un tuit, sugiriendo que en algún momento deberían conocerse y tomarse unas birras. “Como podrás imaginar, casi se me caen las lágrimas”, comenta Nega.

El caso es que esa posibilidad no es tan descabellada, ya que hace dos años que dio a conocer las conversaciones entre Simon y Mediapro para llevar a cabo una serie sobre la historia de la Brigada Lincoln desde su llegada a España en 1937, en el marco de la Guerra Civil. Este contingente de soldados norteamericanos, compuesto por 2.800 voluntarios, vino con la finalidad de ayudar a la República. “Espero que salga adelante ese proyecto, porque creo que podría hacer algo muy guay. Es una historia muy interesante; fue el primer batallón en el que soldados negros dieron órdenes a blancos”.

Bases clásicas

El EP David Simon (Boa/Altafonte, 2021) contiene cinco temas nuevos con bases de rap clásicas; pura década de los noventa, que fueron los años de su adolescencia e introducción en el género. “Está claro que todos tendemos a reivindicar ese pasado en el que éramos muy jóvenes. Pero, cuidado. No te confundas, que nosotros no somos los guardianes de ninguna esencia. Eso es horrible. La nostalgia, eso de que todo lo pasado fue mejor, tiene un punto reaccionario. Una cosa es que no vayamos a ponernos de repente a sacar temas de trap a lo loco. Sería una cosa un poco impostada. Pero nosotros de hecho tenemos claro que en el próximo disco iremos por otros derroteros musicales. Poco y con coherencia. Sin disfraces. Porque a los disfraces les pasa una cosa, y es que se les ven las costuras”. 

Es un disco diferente, en varios sentidos, al LP anterior, Comanchería, publicado en 2019. Aquel fue el álbum del regreso de Los Chikos del Maíz después de un hiato de más de dos años. Un disco festivo-combativo, de los que puño en alto y grito en cuello. Quizás no perfecto para las radios comerciales, pero desde luego sí para llenar auditorios y escenarios de grandes festivales. Ricardo y Toni lo lanzaron con cierta angustia… ¿seguiría funcionando su fórmula, diametralmente opuesta a las tendencias pujantes en el ámbito del hip hop? Pero sí lo hizo. Los seguidores del grupo -solo en Twitter más de 122.000- lo recibieron con más entusiasmo que nunca. Dobletes y tripletes con entradas agotadas. 2020 iba a ser el año del gran salto: les esperaban muchas fechas ya cerradas y una gran fiesta de aniversario de sus 15 años de carrera en el Wizink Center de Madrid ante 7.000 espectadores. Pero a sabemos lo que pasó.

Ese concierto clave se trasladó a 2022, y mientras tanto el trío que forman Nega, Toni El Sucio y dj Plan B se han mantenido ocupados. Primero con la composición y grabación de David Simon y ahora con algunos conciertos adaptados a la normativa anti-covid. En València, la cita será el 10 de abril en la Marina Sur. “No es ni mucho menos el tipo de conciertos que nos pega, con todo el mundo separado y sentado, pero es lo que hay que hacer ahora. Sobre todo por los técnicos, que son los que peor lo están pasando con todo esto”, afirma Nega.

Cadencias más lentas, ánimo más nostálgico

“Este disco es está compuesto durante lo más duro del confinamiento. Ese momento en el que todo el mundo se puso a hacer cosas. Todos los grupos hacían directos en Instagram, pero a nosotros eso no se nos da muy bien; no tenemos mucha chispa (ríe). Decidimos sacar un EP, pero teníamos claro que queríamos que fuese un disco atemporal. Más allá del verso sobre la “policía de balcón”, no hay apenas referencias directas a la pandemia. En una situación tan cambiante, hubiera quedado todo desfasado enseguida”.

Lo cierto es que, aunque no esté pegado a los acontecimientos de forma literal, este disco sí que está teñido por la nostalgia y la pesadumbre extraña que define el tiempo de pandemia. “Es un disco triste y más tranquilo. Revela desgaste emocional. Es fruto de esa sensación simultánea de tempus fugit y de tiempo suspendido. Son canciones muy bajoneras, pero es que tampoco nos pedía el cuerpo hacer una canción más machacona o alegre”.

Hablando con Nega, la conversación sobre música se desborda fácilmente hacia el cine. Nos paramos en The Rider, la magnífica película dirigida por Chloé Zhao en 2017 que nos adentra en el mundo de los cowboys norteamericanos contemporáneos. “Es una película demoledora sobre la precariedad de las clases bajas en Estados Unidos y sobre la masculinidad tóxica, pero centrada en el mundo de los rodeos, que para mí era absolutamente desconocido, y que es todo un símbolo de la cultura norteamericana. La directora a dirigido ahora Nomadland, que no he visto aún, aunque sí he leído el libro en el que se basa, que es devastador también. Habla de un fenómeno que no deja de crecer, el de una especie de nueva clase social… Jubilados que con su pensión no pueden pagar medicinas ni el alquiler de una casa. Se quedan fuera del sistema, así que se ponen a vivir en furgonetas tuneadas y se convierten en una especie de temporeros nómadas que recorren el país en busca de trabajillos precarios para sobrevivir. Lo peor de todo es que muchos de ellos acaban pensando que lo suyo es un estilo de vida alternativo. Que son libres. Hasta ese punto llega su autoengaño”.

Precisamente, uno de los temas del disco, “No es país para viejos”, toca el asunto de nuestros mayores. “La pandemia ha puesto en evidencia lo poco que se les respeta, a pesar de que somos una sociedad cada vez más envejecida. Imagínate que en vez de 500 viejos hubiesen muerto 500 chavales diarios. Hubiese sido el fin del mundo. Colapso total. Me aterra cómo se ha normalizado eso. Creo que forma parte de esta distopía en la que vivimos, en la que somos esclavos de la inmediatez. Pasa con la cultura. Todo va deprisa, no da tiempo a saborear un disco entero -que es un formato ya como muy del siglo XX- ni una peli. Pero es que también esa dictadura de la inmediatez tiene una lectura política. Mira Ciudadanos, por ejemplo. Un partido que  ayer era el más votado en Cataluña y hoy está condenado a desaparecer (no es que me entristezca demasiado, la verdad, pero eso es otra cosa). Le podría pasar a Podemos o al PP incluso. Cuando todo va tan deprisa, nos abocamos a la amnesia colectiva. Somos una sociedad infantilizada, sometida a permanentes estímulos, y muy agresivos. Eso no invita a la reflexión sobre qué estamos haciendo con nuestras vidas, más allá de trabajar como burros”. 

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