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el tintero / OPINIÓN

Los españoles irresponsables

Una vez más, la perversión del poder para manipular a la sociedad y crear disputas y conflictos donde no debería haberlos. Ante un gobierno que se hace varios test en una semana y un pueblo que va a trabajar a un hospital sin protección, todos, repito, todos, deberíamos ser muy críticos con ese poder, pero no, la culpa es nuestra, y en parte es así

29/04/2020 - 

Las estrategias de ingeniería social son un clásico en la izquierda y especialmente en las tendencias más radicales, porque la evolución de la sociedad occidental en las últimas décadas ha demostrado el rotundo fracaso del comunismo y parece mostrarnos también el caos del socialismo filocomunista. Como explica el catedrático Javier Fernández Aguado, autor del libro ¡Camaradas! De Lenin a hoy, su falta de éxito tiene dos razones de peso: ofrecer soluciones sencillas a problemas complejos, tratándonos como seres idénticos y adocenados sin capacidad de espíritu crítico, de ahí la ingeniería social para lograr tal fin; y la segunda razón, quienes proponen estos sistemas totalitarios acaban siendo dictadores y responsables de millones de muertes. Lenin ordenó mas muertes en seis meses que los zares en ochenta años.  

Este inicio tiene como objetivo recordar la demostración total de que las democracias occidentales representan un sistema político y social de éxito total y absoluto, especialmente las basadas en una economía de mercado con más libertad que excesiva regulación estatal y entre las mejor posicionadas como democracias plenas están las monarquías europeas. Todos los peros y errores del sistema representan un ínfimo porcentaje en comparación con la paz, bienestar, prosperidad y riqueza que generan allí donde se dan con normalidad y con personas cabales, porque a veces es el pueblo el que decide su suicidio colectivo.

España lleva décadas a la vanguardia de esos países donde la seguridad, la libertad y el bienestar son de una calidad mucho mayor de lo que creen quienes odian a la tierra que los vio nacer o les acoge, aquellos que bien por complejo o por inutilidad siempre encuentran una crítica barata y hasta una culpa que suelen echar a Franco, la Iglesia o el PP. Esa gente es parte de la que puede llevar a que España se convierta en este inaudito 2020 en el país con los peores datos del mundo relativos a la pandemia del coronavirus, el virus que se originó en China [como bien indicaba esta semana en una entrevista radiofónica un eminente científico e investigador español], aunque los tontos útiles también quieran mentir y negar esa realidad. Un país que está asombrando al mundo por como deja desprotegidos a sus sanitarios (médicos, enfermos, farmacéuticos), policías, ejército y tantos profesionales que han muerto y que se juegan la vida cada día.

FOTO: EVA MÁÑEZ.

Salidas y desescaladas

El pasado domingo fue el día de la famosa salida para pasear a los niños, y como era de esperar por mil razones, algunas lógicas o entendibles y otras no, en algunos sitios se formaron grupos y la reacción de esta sociedad hipócrita y cainita fue casi instantánea. De repente un gobierno que cada semana encarga material defectuoso, que no cumple con la cuarentena que exige a sus ciudadanos desde el propio presidente, que no priorizan el material necesario para quienes están en los trabajos de máximo riesgo, que utiliza el estado de alarma para limitar al máximo cualquier derecho y libertad de los españoles, y podríamos seguir, no tiene responsabilidad sobre los miles de muertos, la culpa de los niños y padres que hicieron corrillos durante media hora. 

Mi primer pensamiento fue de tristeza al ver como una vez más, el objetivo de la siniestra factoría del jefe de gabinete del gobierno surtía efecto: no les demos certezas, no reforcemos la presencia policial en lugares donde puede asistir mucha gente como nuestro río, mejor confundirlos y enfrentarlos, y así fue. Pero al final consulté los resultados electorales de 2019 y efectivamente encontré la respuesta, casi diez millones de ciudadanos profundamente irresponsables tuvieron el valor de arrojar su voto a dos personas como Pedro y Pablo, la versión nociva y cutre de los Picapiedra. Y sabiendo que votaban a gente que iba a gobernar con la ideología como bandera, a engordar el aparato de gasto estatal, a enfrentar con dialéctica y cuestiones ridículas a los españoles, les votaron. Obvio que no esperaban una pandemia con ellos al frente, pero ni esta situación los ha convertido en gobernantes que huyen de la falacia, el odio y los discursos de tres horas.

Hace unas pocas horas que se ha anunciado la desescalada. Otro eslogan, sólo hacen marketing, pero del malo, del que miente, del que engaña, del que oculta la verdad, del que repite una y mil veces algo para que los deseos parezcan hechos. Cuenten las veces que Sánchez dice coordinados, asimétricos, en equipo, juntos y cualquier palabra de entrenador de película americana para motivar a su equipo. Es un lenguaje vacuo y ridículo, ya he visto a varios líderes europeos que hablan poco, delegan a profesionales y en una situación así intentan ser honestos y no hablar como en campaña electoral.


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