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el billete / OPINIÓN

¿Los mítines cuándo se restringen?

Foto: ROBER SOLSONA/EP
8/11/2020 - 

Continúa el goteo de restricciones gubernamentales que tratan de contener la pandemia sin hundir aún más la economía. Sorprende ver entre las actividades consideradas esenciales los actos políticos como el protagonizado por Pedro Sánchez en València el pasado jueves, pocas horas antes de que la Generalitat prohibiera la presencia de público en los entrenamientos de fútbol base al aire libre y redujera aún más el aforo de teatros, cines, tiendas, bares y centros comerciales, entre otras muchas medidas que estarán en vigor, si no empeora la cosa, hasta el 9 de diciembre.

(Por cierto, la Generalitat acertó el viernes al cambiar el orden de la publicidad de las nuevas medidas: en lugar de cantarlas el presidente de viva voz, primero las publicó en el DOGV y luego salieron Puig y Barceló a explicarlas y a resolver dudas. Mucho más claro para todos.)

El mensaje que uno quiere ver en el conjunto de restricciones es que cuanto menos salgamos de casa, mejor; que nos socialicemos lo menos posible, mal que nos pese; que si necesitamos ir a trabajar, a comer fuera, a hacer deporte o de compras, lo hagamos, pero que si no es necesario, evitemos el riesgo. Por eso, en la resolución de la Conselleria de Sanidad "se recomienda la realización telemática de congresos, encuentros, reuniones de negocios, conferencias y eventos". Eventos como el de Sánchez en València o el que el jueves que viene traerá a José Luis Ábalos para contarnos cómo va lo del Corredor Mediterráneo.

Foto: EDUARDO MANZANA

No resulta convincente que quienes mandan pidan a los ciudadanos sacrificios que ellos demuestran, y no es la primera vez, que no están dispuestos a hacer. La indignación de los hosteleros sería menor si la noticia de que el aforo de sus negocios queda reducido al 30% no coincidiera con la del presidente del Gobierno inaugurando su ronda de mítines presenciales para explicarnos cómo va a liderar la recuperación, en ese obsceno reparto de papeles que ha hecho con Illa: el ministro se come el marrón de la pandemia con los presidentes autonómicos y Sánchez solo habla de resiliencia y de que España puede.

Nadie vea en estas líneas un cuestionamiento de las medidas adoptadas porque uno tiene su opinión pero sobre todo tiene dudas. Es la falta de coherencia lo que molesta. Mucho señalar a "los jóvenes de hoy en día" —tarareando a Les Luthiers se ve que hay mucho de envidia en la crítica—, pero igual de grave es el egoísmo de muchos adultos. La soberbia y la avaricia no son mejores pecados que la lujuria.

Uno tiene su opinión llena de dudas y la expresa como quien juega a ser entrenador cuando el Valencia hace el ridículo, como mero observador que ni es entrenador ni epidemiólogo. Así, uno se pregunta si en lugar de ir escalando restricciones a medida que se suceden los récords de positivos, con el horizonte puesto en medidas más duras como si fueran inevitables —en la Comunitat Valenciana vamos dos semanas por detrás de otras CCAA—, no sería mejor parar 15 días como proponía Asturias —"rotundamente, no", respondió Illa— para bajar de golpe uno o varios escalones; o qué sentido tiene el cierre perimetral de una comunidad autónoma de 390 kilómetros de longitud como si fuera a tener la misma efectividad que en La Rioja, y si no sería más lógico un perímetro provincial.

Foto: DAVID ZORRAKINO/EP

También uno se pregunta por qué quienes dirigen todo esto nos ocultan la verdadera situación, si será por miedo a que les echemos la culpa o porque no quieren alarmar, cuando el miedo justificado puede servir para convencer a la gente. Por qué el Ministerio de Sanidad continúa publicando que la ocupación de las UCI en la Comunitat Valenciana por pacientes covid es del veintitantos por ciento —dato tranquilizador— cuando la realidad es que las UCI están al 70% porque los pacientes de otras patologías también ocupan camas; que en algunos hospitales ya se están derivando pacientes a otros centros, y que si esto no mejora, cuando arrecie la gripe común puede ocurrir que haya que hacer triaje, elegir quién entra en la UCI y quién no porque tiene menos posibilidades de sobrevivir, como ya ocurrió en la primera ola de la pandemia en Madrid, Castilla-La Mancha y quién sabe si en la Comunitat Valenciana, porque es muy sospechoso que en una residencia murieran más de 70 ancianos por covid sin haber sido enviados al hospital.

La Conselleria de Sanidad se sigue negando a dar los datos de ocupación de UCI por departamento, igual que se niega a identificar las residencias intervenidas y la gravedad de la situación en cada una. Se niega a dar información. No quiere alarmar, pero es necesario alarmar. A lo mejor destacando la edad de algunos fallecidos. Es tan sencillo como contar la verdad entera. O no tan sencillo; no vas a alarmar de verdad mientras sigues montando shows políticos como si no fuera tan grave.

P.S.: El IVA de las mascarillas sigue al 21%, lo que las encarece una media de 10 céntimos por unidad desechable, que son las más baratas. Esto para una familia sin recursos puede significar que las reutilicen varios días para ahorrar. La ministra socialista y progresista María Jesús Montero, con notorio afán recaudatorio, lleva meses diciendo que no baja el IVA porque la Unión Europea no lo permite, afirmación que demuestra que sí que es necesaria esa cosa llamada comisión permanente contra la desinformación del Gobierno. Sin comas ni comillas.

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