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el tintero / OPINIÓN

Los valores del deporte y ¿por qué no de la vida?

El pasado fin de semana se celebró la Copa Davis, torneo de tenis entre naciones donde España logró el triunfo demostrando una vez más que nuestros deportistas de élite poseen unos valores que deben ser ejemplo para todos

27/11/2019 - 

El deporte goza de buena imagen, de buena prensa, todos lo vemos como algo positivo para el cuerpo, para nuestra salud física y mental. Se recomienda realizarlo a cualquier edad y en cualquier circunstancia, desde niños que a veces incluso se les satura con actividades extraescolares donde los deportes tienen gran protagonismo, a los adultos que tras una etapa alejados de ese mundo retoman alguna actividad o simplemente se lanzan a andar durante un tiempo, actividad por cierto muy sana y que no castiga algunas extremidades como lo hace el correr, especialmente a partir de cierta edad. 

La cuestión es que, si la práctica de una actividad física o deportiva es algo recomendable y positivo, más lo es los valores que impregnan algunos de los deportes más populares, y me viene a la mente el reciente torneo de tenis, la Copa Davis. Es este un deporte al que me une una relación muy cercana, desde que era un niño lo practiqué y años más tarde tuve el privilegio de poder enseñar a otros a aprenderlo, como monitor. El triunfo del equipo español demostró una vez más que detrás de cada éxito en la vida, siempre hay esfuerzo, trabajo, dedicación y sacrificio. Valores todos ellos que nos gusta nombrar, pero no siempre practicar, porque requieren algo que a todos nos cuesta: fuerza de voluntad. 

Los jugadores españoles, con el gran Rafael Nadal a la cabeza han vuelto a dar una lección que debería ser analizada y estudiada por nuestros niños en los colegios, en lugar de tanta ciudadanía y tanta sexualidad. Si Nadal es un luchador nato, un hombre entregado a su profesión y con una capacidad de resiliencia y humildad superior a la mayoría de los mortales, otros de los miembros del equipo español, valenciano de Castellón, Roberto Bautista, demostró una categoría humana y profesional excepcional, como así lo destacó en sus declaraciones el propio Nadal.

La historia de Bautista es absolutamente un ejemplo para todos, especialmente para quienes se hunden antes las adversidades o ven la oscuridad plena donde siempre hay un rayo de luz. El pasado viernes en plena competición, su padre falleció y él abandonó un par de días el torneo para estar con los suyos en un momento tan crucial, pero no sólo volvió a la cancha, sino que el domingo jugó y ganó, superando una situación que a cualquiera nos habría dejado abatidos emocionalmente quizá durante varios días o incluso semanas. Pero no es la primera vez que el tenista de Castellón se sobrepone a las adversidades personales. Hace año y medio, en mayo de 2018 a pocos días de participar en Roland Garros, fue su madre la que falleció y pese a ello el jugador disputó el torneo galo. Pensó que era mejor salir adelante con normalidad y una actitud positiva en lugar de quedarse triste y desolado. 

 

Los deportistas de élite, con su entrenamiento diario, son una escuela de valores inmejorable. Lo pudimos comprobar también con los jugadores de la selección española de baloncesto que ganó el Mundial en China y a un nivel cotidiano o amateur, todos los que cada día mantienen una actitud de disciplina, esfuerzo y superación saliendo a correr o a realizar cualquier actividad, están generando unos hábitos de comportamiento positivos. Este próximo domingo se celebra la maratón de Valencia y miles de corredores la tienen como esa meta para la que se llevan preparando meses, el mecenazgo de la Fundación Trinidad Alfonso hace posible que valencia sea ya la ciudad mundial del running, pero hay algo que me parece mucho más importante y es ese lema de ‘Cultura del esfuerzo’ que también hace de “patrocinador” de nuestro Valencia Basket. Ese esa cultura de sacrificio, lucha, tesón, disciplina, esfuerzo y trabajo constante la que no sólo nos lleva al éxito en lo personal, lo profesional y por supuesto lo deportivo, sino que nos hace saborear con mayor intensidad los momentos de asueto y descanso en nuestra vida, nos enseña a valorar mejor las cosas y por tanto nos hace mejores personas.  

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