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CRÓNICAS POR LOS OTROS / OPINIÓN

Morir de frío

No me gusta el frío. Por eso no elegiría nunca un país frío para vivir. Pero hay quienes no pueden elegir, quienes están obligados a vivir y sobrevivir al frío sin los recursos necesarios para ello… como el chico que pernocta bajo de mi casa

14/01/2017 - 

Yo me siento una afortunada de poder escoger un país y una ciudad con buenas temperaturas para vivir. Llevo mal el frío. Siempre me quejo del frío. Cuando tengo frío me siento encogida, sin ganas de salir a la calle, sin ganas de socializarme, sin ganas de nada. Cuando hace frío solo me apetece recogerme en casa. Y cuando llego a casa en busca de ese calor que me da la felicidad, que me hace sentir placer y que me convierte en una afortunada pienso en quienes no tienen ese calor, ese techo y esas paredes que le aíslen del frío, de ese frío que no me gusta, de ese frío que detesto.

Vivo en el centro de Valencia y cada día que entro en mi casa, me topo de frente con un colchón en el suelo. Un colchón que hay en medio de uno de esos parques habilitados para las mascotas, los famosos “pipican”. Un colchón frío, húmedo y mugriento donde duerme un chico rubio de mediana edad a la intemperie. Un colchón sobre el que duerme de noche y de día soportando las bajas temperaturas. A veces cambia del colchón al banquito, pero siempre a la intemperie.

Mientras el duerme, evidentemente bajo grandes dosis de alcohol porque no puede haber otra manera humana de soportar ese frío, el resto seguimos con nuestra vida. Pasamos por su lado e intentamos no mirarle para que no nos invada esa sensación de culpa y de pena por la situación; ignoramos esa estampa y poder seguir nuestro camino y nuestro día a día. En alguna ocasión he tenido la tentación de acercarme y preguntarle algo pero no me he atrevido.

Pasamos por su lado e intentamos no mirarle para que no nos invada esa sensación de culpa y de pena; ignoramos esa estampa y podeMOS seguir nuestro día a día.

Me sale esa cobardía, ese egoísmo, ese mecanismo de defensa que desarrollamos en situaciones determinadas cuando queremos no ver, no oír y no sentir. Pero cada noche cuando vuelvo a casa, le veo. Se me encoge el alma y el corazón pero sigo mi vida, entro en mi portal, espero el ascensor y subo a mi casa calentita. Yo estoy dentro y él se queda  fuera.

Y desde dentro intento imaginar esa sensación de no poder entrar en calor. Esa sensación de no tener nada caliente que llevar a la boca. Esa sensación de frío que nunca termina hasta que sale el sol. Ese frío que duele.

Segura estoy, o quiero estar segura y confiar, que este chico ha sido atendido por los servicios sociales del Ayuntamiento de Valencia con su campaña contra el frío y que él ha declinado cualquier ayuda. Pero me sigue invadiendo una sensación de tristeza. Una estampa más que demuestra que en este sistema hay algo que no funciona.  Se exponen los de siempre a vivir con frío… dormir con frío…  al riesgo de morir de frío. Las personas sin recursos.

El frío

Para que una persona muera por frío, en un país como el nuestro y en una ciudad como la que habitamos, entiendo que deben confluir varios factores. En ese sentido somos muy afortunados. Vivimos en una ciudad muy fácil meteorológicamente hablando. Cuando salimos de Valencia, de España y nos marchamos al resto de Europa, las temperaturas son extremas.

Las imágenes que nos llegan desde los campos de refugiados duelen. Siguen doliendo.

Ni campañas de envío de zapatos ni de abrigos ni de enseres sirven para paliar este frío ni este dolor. Son necesarios pero son parches. Por mucho trabajo logístico que se haga para paliar este frío inhumano, el verdadero calor debería llegar por otro lado. Hablamos del calor humano, del calor de las decisiones políticas y económicas que tienen que poner fin a esta vergüenza con las que nos hemos acostumbrado a vivir. Nos hemos acostumbrado a ver imágenes de personas que no tienen nada, que conviven con la nada a menos 20 grados. Imágenes  que asocian bajas temperaturas y muertes.

POR MUCHO TRABAJO QUE SE HAGA PARA PALIAR ESTE FRÍO INHUMANO,  EL VERDADERO CALOR DEBERÍA LLEGAR POR OTRO LADO. HABLAMOS DEL CALOR HUMANO, DEL CALOR DE LAS DECISIONES POLÍTICAS QUE DEBERÍAN PONER FIN A ESTA VERGÜENZA 

En esta ciudad, Valencia y su Comunitat, no sufrimos temperaturas tan agresivas normalmente , aun así la ola de frío que acaba de empezar ya se ha cobrado una víctima mortal en Valencia.  Vivimos en una ciudad estupenda por su clima y poco preparada para soportar las temperaturas extremas, altas y bajas.

Desde hace seis años la Mesa d'Entitas de Solidaritat amb els Inmigrants, y las organizaciones que la componen, piden al Ayuntamiento de València que disponga de recursos necesarios para atender a la población “sin techo” de la ciudad a través de la puesta en marcha de una Operación frío. Denuncian que durante este año han mantenido dos reuniones con el Ayuntamiento de Valencia y la Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas y no han obtenido compromisos para resolver esta situación.  Que siempre se empieza a buscar soluciones cuando el frío y la lluvia azotan. Y se toman medidas de urgencia que nunca son suficientes.

Las temperaturas extremas no son un problema si vivimos con las condiciones  adecuadas para ello, si tenemos la infraestructura adecuada para ellos. Pero cuando el frío no se puede atenuar con calor, y cuando el calor no se puede hacer más llevadero empiezan los problemas. Problemas y situaciones que acaban en tragedia… Porque hablamos de problemas de salud. Porque hablamos del frío o del calor extremo. Porque hablamos del calor y del frío sin piedad. El calor o el frío que acaba en muerte. El calor o el frío que nunca sufriremos por mucho que intentemos imaginar.

 La semana que viene… ¡más!

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