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La falta de oportunidad laboral puede ser un buen motivo para emprender

Mujeres que han sabido hacer de la necesidad empresa

19/08/2019 - 

VALÈNCIA. Decir que existe un indicador, en cuanto a género, que anime a las mujeres a emprender es absurdo. Cada cual tiene su motivo y no siempre es la oportunidad de negocio o el alumbramiento de una idea genial lo que las lleva a emprender. En los casos que se recogen aquí fue la necesidad y, aún así, a ninguna le va mal.

“No estoy segura de que fuese una elección personal. Yo monté la empresa por necesidad”, cuenta Ana Luengo Añón, cofundadora del estudio de arquitectura del paisaje, Citerea , junto a su socia, Coro Millares. Se da la circunstancia de que, tras acabar su formación en distintas universidades europeas, a su regreso a España, Luengo choca con una cruda realidad: la inexistencia de empresas que pudieran contratarla. “No podía encontrar trabajo. Aquí ni siquiera está reconocida la actividad del arquitecto paisajista como disciplina. O me buscaba la vida por mi cuenta o me iba de nuevo a trabajar fuera. El otro inconveniente es que tampoco es un oficio que puedas ejercer en solitario, necesitas un equipo de profesionales especializados en distintas áreas que te proporcionen una estructura mínima para sacar adelante los proyectos. No hay otra salida que contratar o asociarte con otros”.

Ana Luengo

El estudio, constituido en 1993, se dedica a la ejecución de todo tipo de proyectos de jardinería, tanto de carácter público como privado, de nueva planta o proyectos de restauración. Llevan también a cabo una amplia labor cultural con la dirección de cursos y seminarios, publicaciones y exposiciones. Entre sus trabajos actuales, destaca, en Madrid, la recuperación de la entrada principal al Parque de El Retiro, la Puerta de la Independencia, hasta el Estanque Grande. Actualmente, Ana Luengo concibe la empresa como el vehículo que le permite realizar trabajos que le gustan y que, igual de otra forma, no podría hacer. “Al menos puedo seguir mi vocación y mi visión, pero eso de que no tienes jefes y eres dueño de tu tiempo…”.

Del diseño de producto industrial al diseño de pulseras

También en el caso de María García Garriga fue la falta de oportunidad laboral dentro de su especialidad lo que la condujo al mundo de la empresa. “Estudié Ingeniería en Diseño Industrial y las circunstancias del momento en España no me permitieron encontrar un trabajo para dedicarme a mi vocación, que desde siempre había sido el diseño de producto. Empecé a trabajar en una Ingeniería de Telecomunicaciones y a los 5 años me vi en paro, con una hija y con muchas ganas de trabajar.  Me resultó muy difícil que, siendo una madre joven, no me dieran la oportunidad de trabajar en lo que me gustaba”, recuerda.

No obstante, el emprendimiento que acabaría acometiendo García Garriga poco tiene que ver con la ingeniería. Había diseñado en casa unas pulseras con el nombre de sus hijas que eran muy celebradas entre sus amigas y conocidas. De ello derivó la idea de negocio. “El primer año me creé una cuenta pública de Instagram para dar a conocer los pocos productos que hacía por aquel entonces y me fueron saliendo pedidos, cada vez más. El dinero que iba ganando en gran parte lo destinaba a ir haciendo crecer el negocio, invertí en una página web, después compré maquinaria para agilizar los procesos de producción y cada vez fui invirtiendo en más producto, hasta el punto actual, que tenemos un catálogo con más de 150 referencias. Al final del primer año lancé la web y fue el punto de inflexión para empezar a crecer. Desde entonces cada año las ventas se han ido superando respecto del anterior en un 100%”. Así es como resume su fundadora la historia inicial de MG Atelier,  una joyería online dedicada al diseño, producción y comercialización de joyas personalizadas y no personalizadas de tendencia. El proyecto le sirvió a María García para alzarse con el Premio Empresaria Autónoma del año 2018 que otorga la Confederación Española de la Mediana y Pequeña Empresa (CEPYME).

Paliar el ‘desastre’ de la economía doméstica

En el caso de Lupina Iturriaga sí confluyen su pasión por las finanzas con las ganas de emprender, pero en el germen de Fintonic subyace también la necesidad. “A mi las finanzas me han gustado desde pequeña, que ya es raro, pero lancé esto por las discusiones que tenía con mi marido porque no sabíamos dónde se iba el dinero. Imagina, él director financiero de una multinacional y yo, muy metódica con los gastos y todo el día con el excel y nos costaba cuadrar las cuentas. Y ahí vimos una necesidad común”. Fintonic, creada también por Sergio Chalbaud, sale al mercado en 2012, cuando apenas se hablaba de las Fintech. Se trata de una aplicación que ayuda a los usuarios a organizar sus cuentas y ahorrar cada mes. “Una app que empezaron usando nuestras familias y amigos y en la que, hoy en día, ya confían más de 600.000 usuarios para la gestión de sus finanzas”, comentaba Iturriaga en un foro de emprendimiento en el que también anunciaba la aspiración de convertir a Fintonic en el “Amazon de las finanzas”.

Lupina Iturriaga

Una segunda vida a la empresa

ASTI Mobile Robotics es una empresa española de ingeniería de robótica móvil que se dedica al estudio, diseño, fabricación, puesta en marcha y mantenimiento de soluciones de intralogística automatizada. Está especializada en soluciones de transporte interno, es decir, del movimiento de materiales y productos dentro de las empresas, mediante vehículos de guiado automatizado, llamados AGVs (Automated Guided Vehicles). La ingeniería cuenta con la gama más extensa del mercado y es experta en procesos y conectividad industrial. Verónica Pascual es la CEO y propietaria de esta empresa referente europeo en su sector, pero no siempre fue así. ASTI la fundaron sus padres, Ángel Pascual y Colette Boé, en 1982, en Burgos, donde todavía se mantiene la sede. Todo bien, hasta que la empresa familiar entra en crisis.

Es entonces cuando Verónica Pascual, ingeniera aeronáutica con amplia formación internacional en gestión y tecnología, deja su trabajo de consultora y se incorpora a ASTI, en 2004. La los tres años, la hija de los fundadores se convierte en la directora general y, poco después, adquiere el 100% de la empresa. Vale que en este caso no es ella la artífice original de la empresa pero, al tomar el mando, Verónica Pascual no solo le procuró una segunda vida sino también una nueva perspectiva. Ha sabido llevar la empresa a otro nivel multiplicando la plantilla y la facturación que aspiraba a superar, al cierre de 2018, los 35 millones de euros.

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