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ilusionismo

«Haz magia a los niños, pero cuenta chistes a los padres, que son los que pagan»

MARGA FERRER

La Casa Museo de la Magia es un espacio entrañable en el pueblo de Polinyà de Xúquer, que los hermanos Moreno Caballero abrieron hace más de diez años para regalar alegría, diversión y sorpresas

17/04/2022 - 

VALÈNCIA.- El mundo de la magia es un universo que puede estar en el foro de un teatro, un gran casino, un enorme auditorio, incluso en la misma calle en que un mago puede sorprender a niños y adultos con sus inexplicables trucos. Pero que en una pequeña población de 2.500 habitantes exista una casa dedicada íntegramente a la magia, uno no se lo imaginaría. Sin embargo, existe, es real, sorprendente y fantástica, de tal manera que cualquier persona que la visita queda absorta, asombrada y hasta embobada con todo lo que ahí descubre, desde su fachada con un enorme bigote negro que pende de un balcón —a manera de bienvenida­— hasta el último rincón de su interior donde una amplia colección de objetos mágicos cuelga de las paredes y hasta de los techos de salas y habitaciones. 

Y es que la magia existe y se palpa, aunque a veces no se pueda explicar. Así lo transmite la Casa Museo de la Magia, un entrañable sitio ubicado en una callecita estrecha de Polinyà de Xúquer, población perteneciente a la comarca de la Ribera Baixa. Para acceder al recinto hay que superar un truco: que una llave colocada en la mano de un mago gire para cualquier lado, lo cual indicará que el visitante tiene acceso a la casa, porque de lo contrario no podrá entrar. ¡Así de simple! Con este juego el invitado ya sabe lo que le espera adentro: diversión y sorpresas.

La idea y creación de este proyecto es de los hermanos Jordi y Paco Moreno Caballero, dos artistas para quienes la magia es una forma de vivir, de pensar. «Es una religión para nosotros. Es dar alegría a los demás, es hacerlos reír», dice Jordi mientras Paco la define como «una manera de seguir siendo niño en todos los aspectos». Lo que en un principio fue una inquietud por coleccionar antiguedades mágicas, con el paso de los años se convirtió en un espacio que cobra vida a través de un museo interactivo con objetos relacionados con el mundo de ilusiones ópticas, enigmas, juegos y espectáculos en dos salas ambientadas al estilo de los antiguos teatros mágicos.

«En un principio nos surgió el gusanillo por coleccionar antigüedades, pero era solo para nosotros», explica Paco, el hermano mayor; «la coleccion se fue ampliando y nos propusimos hacer una exposición. Así creamos Expoilusión, que recorrió varios puntos de España». Pero al ver que el traslado se complicaba por el alto costo, convirtieron una vivienda familiar del pueblo en una casa rural con la temática de un museo de magia. Era poca la gente que la alquilaba y más la que acudía a ver el museo, por eso se eliminó el sitio de hospedaje y se dejó la exposición. «Creamos una especie de microteatros para ofrecer actuaciones, así que esto se convirtió en un sitio de ocio para  niños y adultos». Este es el origen de la Casa Museo de la Magia que oficialmente abrió sus puertas en 2011. Aunque el año pasado celebraría su décimo aniversario, se pospuso por la inestabilidad que trajo la pandemia. Por eso este año festejarán ‘diez años + uno’ con el montaje de espectáculos especiales y sorpresas, siempre pensando en la cercanía con el público.

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Entrar en este recinto es olvidarse por completo de lo que queda afuera para dejarse atrapar por el asombro que despierta lo que hay en su interior. La casa está distribuida en dos plantas. En la primera está el museo, la tienda de recuerdos, una sala teatro y otras áreas habilitadas con juegos, exposiciones y una ludoteca para los pequeños. En la segunda planta está la Calle del Ingenio, un largo pasillo en el que se exponen cuadros con acertijos y trucos de magia. Sobresale la sorprendente habitación imposible, cuya decoración está en el sentido contrario a lo usual, para que el visitante pueda tomarse una fotografía, de tal forma que parece caminar por el techo. Hay, además, otra sala microteatro de espectáculo, dado que Jordi, de 51 años, y Paco, de 53, ofrecen sus actuaciones por separado, para hacer más variado su trabajo. 

* Lea el artículo íntegramente en el número 90 (abril 2022) de la revista Plaza

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