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el cudolet / OPINIÓN

Música en el césped: de Kempes a Ximo Bayo pasando por las urnas

1/06/2019 - 

Colgué las botas en Milán, última parada de mi adolescente tour. En la fila de atrás del autobús, dirección San Siro, destino final de la final de la Champions League, durante el trayecto compartí con muchos amigos - Carlitos, Ángel, Paco Gisbert- horas de sueño con el sueño de ser campeón de Europa. No pudo ser. La tanda de penaltis quebró nuestra inmensa ilusión, la de una carrera sin meta. Elegí hace años la opción de no salir de mi zona de confort, la que rodea al clásico forofo padecer la insana enfermedad hemofílica de la hipertensión. Dieciocho años después de aquella ardua aventura europea, me ha seducido siempre atrincherarme en la euforia local. Jugarla en casa, abrazarme al triunfo envuelto por el ruido de las tracas, banderas o los sonoros pitidos del claxon de los vehículos que circulan por las ciclocalles a 30 km/hora en una ciudad de scalextric sumergida por la pólvora de la victoria.

Vísperas del encuentro copero disputado en el Benito Villamarín charlaba con el eléctrico de Ximo Bayo. Al ecléctico músico de Monteolivete lo había conocido tiempo atrás en la morada semicircular, blanquecina, de arquitectura marinera, de otro músico, Jordi, viejo amigo, veterano rockero, hijo de pescador, bailarín de la noche y excelente anfitrión. La sobremesa dio para mucho, la tarde más. La música, los ochenta, la ruta, centraron los temas del bacalao tertuliano de aquella intensa mesa. El galáctico del ¡Hu Ha! ha madurado en barrica. Le reconocí que en mis tiempos de grada, los incondicionales del Gol Gran no adaptamos a nuestro Spotify ninguna versión de sus éxitos. Lo sentía mucho. De Nino Bravo sí, Un beso y una flor. Intenté convencerme con la canción tatareada a ritmo de samba que el potente coro del Gol Sur cantaba ¡Uh ah Viola! ¡Uh ah Viola! cuando saltaba al césped de Mestalla el extraordinario jugador carioca. La charla telefónica previa a la final duró poco tiempo, Ximo estaba preparando el ajuar que debía portar a la ciudad hispalense. ¡Bienvenidos al sur! Viajaba contratado por el Valencia C.F. al costat de la caravana blanquinegra, con el fin de hacer bailar hasta Los Morancos en la fan zone valencianista. Es que, este Bayo tiene un sonido especial, poético, bukowskiano.

Al día siguiente, rozando la medianoche, al sonar el silbato de Undiano Mallenco, el éxtasis se apoderaba de la ciudad de València. Bayo había pinchado en el día, el Barça en la noche. Habíamos ganado la copa. Me abracé a muchos de los presentes.-El encuentro lo vi sentado en el taburete de la barra del bar de una clásica cervecería ubicada en pleno Ensanche, avenida donde reinó el Valencia CF, el Canadá.- Veinte años después del Pobre Miguel, con David Bisbal vociferando a pie de pista el Bulería, y cuatro décadas antes del “No diga gol diga Kempes“, Valencia CF 2-Real Madrid 0, arribó la octava del nueve (1949-1979-1999-2019). Al salir del reino del bacalao frito, la ensaladilla rusa o las croquetas caseras y caminar dirección no sabe dónde, mi memoria echó de menos a muchas personas. Una de ellas, ¡el señor Ventura! ¿Se preguntarán quién era el personaje en cuestión? pues el forner de la prensa escrita. El más matiner de los vendedores que abastecía a los noctámbulos, mientras la ciudad dormía, las primeras ediciones de los periódicos locales. La revolución digital acabó con la venta satélite del noticiero.

Deambulé un poco más por la afónica ciudad, recayendo en un clásico local del ocio nocturno ubicado en la calle Almirante Cadarso. Accedí a la entrada del Blue Iguana, escuchando a Juan Ramón -euforia colectiva del personal- hermano de Francisco, la voz del Amunt València, alterando el contenido de la programación musical que resuena habitualmente en dicho templo, gestionado profesionalmente por el team del coach Jesús. Sonó el pitido final, el segundo de la noche, derecho a la piltra, beatificando el triunfo, abrazando mi copa, la conseguida al ritmo de la dolçaina i el tabalet. Oxigenado con el agua bendita de una ducha fría después del ardor copero, fui a ejercer el derecho al voto. No hubo sorpresas, Joan Ribó seguirá siendo el alcalde de los valencianos. Sandra Gómez también formará gobierno. Sí hubo sorpasso, el obtenido en las urnas por el desaparecido Partido Popular durante toda la legislatura, gracias a la resistencia de la hábil opositora María José Catalá, pieza musical en la presentación cultural del popular partido celebrado en el modernista Mercado de Colón. A tener en cuenta en el futuro. Marta Torrado lo sabe. Fernando Giner hizo lo que pudo. Los comunes salieron por la enfermedad del cáncer. De Vox, ahí están, la que se avecina…

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