Celtas Cortos, 40 años haciendo folk rock

Música y ópera

  • El grupo Celtas Cortos durante una actuación.
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VALÈNCIA. A finales de los 90 un viejo amigo y yo, cuando todavía éramos unos chavales imberbes, íbamos mucho a una tienda enorme de música que se encontraba en El Saler, que se llamaba Gong Discos. Allí compré sorprendentes y chiripitifláuticos recopilatorios de Rambo Mix e Ibiza Mix. Entre aquellos casetes oportunistas destacaba el de Nos vemos en los bares (1997) de Celtas Cortos. Para unos jóvenes con una economía paupérrima los discos en directo o recopilatorios eran la única fuente para poder escuchar las mejores canciones de un grupo todas de golpe. Muchos años después, los vallisoletanos están de gira aniversario: 40 años contando cuentos. Y mientras por mi cabeza pasan extractos de Tranquilo majete o No nos podrán parar, estoy a punto de recorrer parte de esos cuarenta años, se dice pronto, junto a Goyo Yeves, uno de los fundadores del combo. Celtas Cortos estarán descargando sus canciones el 2 de septiembre en Mislata y el 12 de septiembre en Villarreal. 

Aunque suene a tópico, Celtas Cortos, como otras bandas, antes de ser un grupo consolidado eran amigos. Amigos de verdad. Unos chicos que se conocieron en el instituto. Primero montaron una banda que se llamaba Colectivo de Música del Instituto Delicias, con el que hacían conciertos donde les dejaban. “Al principio era eso, ir a otros institutos, a lo mejor salía alguna casa de cultura. Un poco lo típico, la forma más natural de juntarte con amigos y disfrutar de este maravilloso mundo de la música”, apunta. “Lo recuerdo con muchísima ilusión, con muchísima ingenuidad, por supuesto. Este es un mundo que nosotros no conocíamos absolutamente nada, ni a nadie; simplemente disfrutábamos de juntarnos, de aprender, de que sonaran algunas canciones que escuchábamos y poderlas tocar nosotros y luego ya poco a poco fueron surgiendo también algunas composiciones”, recuerda, Yeves.

Un concurso en la discoteca Sheraton se transforma en uno de los grandes acicates del grupo para tomárselo, todavía, más en serio. En ese concurso la banda piensa que eso puede salir adelante. Si no, tal vez, no estarían aquí cumpliendo años. “Creo que tocamos tres o cuatro veces y que llegamos a la final. Te subías a un escenario en el que ya había gente de toda la ciudad que iban a ver ese concurso, para escuchar música en directo, y para ver qué gente había por Valladolid. Yo creo que fue una una prueba de fuego y un subidón”, señala.

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Aquellos concursos en discotecas, en salas, organizados por asociaciones, ayuntamientos o bebidas carbonatadas, eran un trampolín enorme para los grupos. Habían premios económicos, otros consistían en grabar una maqueta o salir en la, por entonces, todopoderosa radio. “Me acuerdo perfectamente que nos dieron 100.000 pesetas; que era un dinero ya muy considerable, además de la posibilidad de ir a la radio a presentarnos y a darnos a conocer, eso fue, desde luego, un antes y un después”, señala. Una victoria en un concurso de talentos siempre refuerza la autoimagen y ayuda a tener una opinión externa. “Quizás tiene más importancia de la que pensamos haber ganado ese concurso. Haber ido a la radio y en ese momento cambiarnos el nombre, exactamente en el mes de junio del 86 para ponernos Celtas Cortos, e invertir ese dinero en grabar una maqueta con cierta calidad de sonido para para dar a conocer la música que estábamos haciendo, esa mezcla de folk y rock que nos iba cautivando cada vez más”

En 1989 graban su primer álbum, Salida de Emergencia, con la discográfica Twins. Un elepé instrumental que tuvo una aceptación por encima de lo esperado, algo que, nuevamente, motivo al grupo a evolucionar. “Esas maquetas que grabamos las enviamos a casas discográficas. Esa era la única forma de acceder que teníamos a las discográficas, y que teníamos a nuestro alcance. Era enviar por correo postal unas cintas de casete con nuestra maqueta, y es lo que hicimos”, recuerda.

La estrategia estaba clara: llegar a las discográfica, y su mayor aliado en aquellos momentos eran los carteros y carteras de Correos. “Recuerdo, por lo menos, una treintena de cartas con la cinta de casete dentro. Mira por dónde, dio la casualidad de que una de ellas nos llamó. Solo nos llamó una, pero fue Twins a través de Paco Martín, que era el director entonces. Le llamó mucho la atención la mezcla de música que hacíamos, y aunque solo era música instrumental, le parecía muy interesante que grabáramos un disco con ellos”.

Unos chavales que habían ganado dos concursos y habían grabado una maqueta con canciones instrumentales de folk rock, estaban fichando por una discográfica que había creído en ellos, y que, además, tenía una buena cartera de bandas. “Para nosotros fue increíble, no lo podíamos creer que nos llamaran de Madrid.  Esta discográfica tenía, porque me acuerdo que lo miramos, y ya vimos que llevaba a Los Hombres G, Rosendo, Los Secretos... y dijimos: "Joder, pues mola mucho".

Aquel disco funcionó de maravilla, Yeves me reconoce la incredulidad de las cifras de ventas que estaban manejando, “yo no sé si hablaron de 10 000 copias o algo así, era mucho para ser un disco instrumental que no sonaba en la radio comercial, y se vendió muy bien”. Luego llegó Gente Impresentable, donde incluyeron cinco canciones con letra. Y, a partir de ese momento, su carrera fue, podemos catalogarla sin miedo, de meteórica. Le siguieron, Cuéntame un cuento (1991), Tranquilo Majete (1993), En estos días inciertos (1996)… “Efectivamente, a partir de ahí fue el salto más gordo que hemos dado, porque el hecho de meter letra en alguna canción dio pie a que saliera un single comercial, ya podíamos intentar meterlo en las emisoras de radio comercial, en concreto en Los 40 Principales, que era el máximo objetivo en esa época, sonar en Los 40”.

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Pocas bandas podrían presumir en su discografía de enlazar, con astucia y calidad, éxito discográfico tras éxito. “Jesús Cifuentes (vocalista) empezó a componer letras y a dedicar más tiempo a eso, y a hacer muchas canciones. Fue ya una década increíble de trabajo, de composición, de experiencias... Incluso salimos fuera de España en el año 94 y 95”. Celtas Cortos, desde sus inicios, fueron una banda muy trabajadora, muy de subirse a un escenario todos los días del año que pudieran. “Afortunadamente, seguíamos siendo muy jóvenes, teníamos mucha energía, porque las giras eran brutales. Estamos hablando de más de 100 conciertos cada año, más las grabaciones de los discos, más los viajes al extranjero también, una barbaridad”, reconoce. “Ahí estábamos en la cresta de la ola pero disfrutando muchísimo de haber llegado hasta ahí, de haber conseguido eso, de que a la gente les llegaran nuestras canciones y, sobre todo, de hacer algo diferente en los años 90”.

Algunas canciones de Celtas Cortos son parte de la banda sonora de la gente y, me atrevería a decir, de todo un país. Los primeros acordes de Veinte de abril son parte del patrimonio musical nacional. Esa fecha se ha transformado en un día especial lleno de mensajes en redes, escuchas en Spotify, en cedés, en casetes y en vinilos. Y, no sabes por qué, cada vez que escuchas la letra vuelves al pueblo de joven, a los amigos, al parque, al instituto. ¿Sabrían Celtas Cortos que estaban delante de una canción atemporal? “Todas las hacemos con la misma intención; es decir, que nos gusten a nosotros sobre todo, que estén conformadas como nosotros queremos y, a partir de ahí,  que sea lo que sea. Veinte de Abril era una más de ese disco, una más, que incluso una parte de la gente de la discográfica no lo veía muy claro porque teníamos más canciones, y siempre se descartan, y justo el Veinte de Abril había gente que no le convencía”, comenta.

Un aspecto esencial de la banda, más allá de la sonoridad folkie de sus tonadas, son sus letras comprometidas y reivindicativas. “Desde el principio siempre ha habido algún tema de esos de carácter social, de carácter reivindicativo, de expresar un poco nuestras vivencias como ciudadanos, lo que nos preocupa, porque hacer música y subirte a un escenario es un altavoz tremendo para expresar ideas e inquietudes. Sí es verdad que hay muchas canciones de este tipo, y siempre las habrá porque nacimos así. Las letras, prácticamente todas, las ha hecho Jesús, hay algunas excepciones en algunos discos, muy poquitas, pero es una parcela que le dejamos a él”, explica. 

Nos vemos en los bares, grabado en Valladolid los días 6 y 7 de febrero de 1997, fue un disco en directo que mostraba a una banda perfectamente engrasada, algo normal con la cantidad de conciertos que se metían entre pecho y espalda al año. No puedo escuchar al Pato Donald hablar sin recordar Haz turismo del disco Gente Impresentable, con, posiblemente, una de las mejores portadas que se han dibujado en España. “Yo creo que es un discazo, sinceramente”, dice con honestidad. “Es un directo de verdad, hecho con el corazón, en un momento perfecto para nosotros para hacer un disco en directo, ya con un bagaje importante, con un montón de canciones. Además, grabado en nuestra ciudad, en Valladolid, con nuestra gente, que siempre, siempre, nos apoya. Es que esa energía está plasmada en ese disco. Lo recuerdo con muchos nervios, la verdad, con mucha responsabilidad. Un disco en directo siempre te pone el culo bien prieto porque estás muy expuesto y eso se va a quedar ahí para siempre. Fueron, además, tres días. Hicimos tres grabaciones: una solo con público familiar, y otros dos días con público general, por si acaso tener varias tomas, pero te puedo decir que todo se cogió de las tomas del público general, porque era donde había bien de energía y al final se nota”.

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