VALÈNCIA. València, 2015. En la ciudad que aún no se atrevía a presumir del pasado y presente de su escena de música electrónica, aparecen unos carteles que toman como icono a Bart Simpson, hace chistes malos e invitan a una fiesta en la que no se puede hacer ni fotos ni videos ni anuncian a las personas que se pondrán en la cabina de DJ.
Había nacido Gordo, un colectivo con pocas pretensiones, nacidos en una sala pequeña pero que, a lo largo de una década, ha acabado convertido en una manera de entender el techno underground en la ciudad.
Volviendo a 2015, el contexto era muy distinto al actual: la ciudad apenas tenía espacios donde escuchar techno en el núcleo urbano y si bien se daba algún destello de fiesta puntual, hablar de escena sería demasiado generoso.
El proyecto surgió precisamente para ocupar ese hueco; precariedad, intuición y entusiasmo terminarían cristalizando en este proyecto que reactivó el circuito underground local. “Desde 2016 hasta 2019 el underground estuvo en un muy buen momento de forma: había interés de la gente, pero todavía no estaba masificado”, explica Pablo Barberá, conocido también como Finalversion3. Junto a él, el colectivo lo han formado Vladimir Dynamo, Fausto, y en los últimos años, Atisbo.
Gordo apostaría por una programación centrada en la calidad musical y en artistas emergentes, incluso renunciando a estrategias habituales de promoción. Y esa filosofía acabó consolidando una red de productores, DJs y colectivos que acabarían extendiéndose por la escena valenciana.
En parte, también gracias a la conexión con la escuela de producción Millenia, donde Finalversion3 trabajaba y desde la que muchos artistas se incorporaron directamente al circuito de clubes. “Siempre hemos apostado por gente desconocida que estuviera produciendo bien o pinchando bien”, señala.
El miércoles 18 se despiden como en Látex, la misma sala en la que nacieron. En los dos últimos años, Gordo se transformó en fondo y forma, en Grasa, ya a cargo ya de Dynamo y el diseño de Fausto. El proyecto no desaparece, pero sí dejan de lado las fiestas en la ciudad. Símbolo de madurez por una parte, pero también reflejo de qué pasa con el techno en la ciudad y en general.
Gordo Trax, su sello discográfico
Si la faceta de club se cierra, la discográfica Gordo Trax le lleva tomando el relevo desde hace un par de años. En un momento en el que otras escenas musicales han visto diluido el papel tradicional de los sellos, el techno sigue funcionando bajo una lógica distinta.
“La tarea principal de una discográfica es hacer de curador musical entre los artistas emergentes y los más consolidados y el público que decide escucharlos”, explica. “Cuando sigues sellos que curan la música de una forma que te gusta, acabas descubriendo a muchos artistas y por ende nuevos sellos”.
Esa labor de mediación sigue siendo clave en un género donde el prestigio de los sellos pesa tanto como el de los artistas. “Muchas veces la única manera de construir una carrera, especialmente en el techno, es sacar música en discográficas reconocidas”, añade.
En los últimos años, Gordo Trax ha combinado lanzamientos de artistas consolidados con el descubrimiento de nuevos productores. El productor recuerda como uno de los momentos más significativos el recopilatorio solidario publicado tras la Dana, que reunió a nombres destacados del techno europeo como Blawan, Cora Novoa o Mulero junto a artistas emergentes vinculados a la escena valenciana.
La lógica del sello, insiste, pasa por esa mezcla generacional: “Intentamos que cuando un artista pequeño saca algo con Gordo tenga un remix de alguien importante; y al revés, que cuando alguien conocido publique con nosotros haya un remix de alguien debutante”.
Veta, el proyecto colectivo
La otra gran derivada del universo Gordo es Veta, un festival impulsado junto a miembros de otros colectivos como Sons o Impuls, que a su vez han ido disminuyendo su presencia en la escena valenciana.
El proyecto nace directamente de las relaciones que se fueron tejiendo en la escena valenciana durante la última década: “Literalmente le debemos todo a lo que pasó en Club Gordo. Nos conocimos allí y acabamos construyendo un grupo de amigos que ahora trabaja junto en Veta”.
Ese carácter colectivo atraviesa todo el festival, desde la producción hasta el diseño o la fotografía. Finalversion3 lo resume con una fórmula sencilla: “Es como un kilómetro cero amplificado: cada uno trabaja con su círculo cercano y todo se construye desde ahí”.
El festival se celebra lejos de València, en un pequeño pueblo minero de Palencia, Barruelo de Santullán. La primera edición, celebrada el pasado verano, ya les sirvió para posicionarse como un proyecto a tener en cuenta. Para la segunda edición, las pocas entradas que quedan se agotarán a lo largo de esta semana.
¿Por qué tres colectivos se unen en un festival a más de 600 kilómetros de València? “La infraestructura y las facilidades que nos ofrecen no la hemos encontrado aquí. En un pueblo de 800 personas te reciben con los brazos abiertos porque necesitan proyectos y gente joven haciendo cosas”, explica.
La desaparición de Gordo como fiesta periódica no implica el final de la red que ayudó a construir, pero sí marca el cierre de una etapa y la apertura de otra. En clave de ciudad, que reflexione quien le toque. Por parte del colectivo, el espíritu que quiere permanecer en sus nuevas vías: “Hemos intentado siempre hacer las cosas con cariño y cuidado. Y demostrar que, si la música se respeta, la escena responde”.