VALÈNCIA. La primavera suele traer conciertos, festivales y agendas que se llenan de citas. Pero también es temporada de lanzamientos. Las escenas musicales valencianas acumulan estas semanas novedades que dibujan un mapa diverso, donde conviven la canción de autor, el pop electrónico, el rock emergente o las nuevas coordenadas del urban. Esta playlist —necesariamente incompleta— reúne algunos de los últimos movimientos de la música valenciana.
El cantautor Feliu Ventura regresa tras cuatro años de pausa con Tot el que hem guanyat perdent, un trabajo que reafirma su mirada política desde lo íntimo. Con producción de Genís Ibáñez y una sonoridad que incorpora nuevas texturas electrónicas, el disco explora la pérdida como punto de partida para imaginar futuros compartidos. Ventura mantiene su pulso reflexivo mientras actualiza su lenguaje sonoro, en un álbum en el que viven la ternura y la crítica y huye de la nostalgia.
También desde la introspección, Sierra Leona, proyecto de Ainoa Cabanes, inicia nueva etapa con Flores. La canción tiene como elementos centrales la vulnerabilidad lírica y un pulso más físico y bailable, situándose entre el pop alternativo y la electrónica emocional. Producido junto a Bearoid, el tema transforma la confesión íntima en un impulso expansivo y consolida un camino musical hacia un sonido más rítmico sin abandonar la sensibilidad que caracteriza el proyecto.
En coordenadas distintas, MS Obama continúa perfilando su nueva etapa con 2C-B, un single que se adentra en la cultura clubber desde una perspectiva crítica. Rave, electrónica oscura y performance: a través de todo esto, la artista valenciana plantea una sátira sobre el deseo, el consumo y la construcción del poder en la pista de baile. El resultado es una pieza breve y contundente con tensión sonora y discurso político.
Desde la escena emergente, Apolo, banda de Catarroja formada por músicos de apenas 19 años, ha lanzado No me reconozco, primer adelanto de su álbum debut previsto para otoño. El grupo presenta un rock alternativo que contrapone melodías luminosas con letras melancólicas, en una propuesta que bebe tanto del indie británico como de la tradición del rock nacional.
También entre la nueva generación, Quinto se une a Romàntic Dimoni en Sense senyal, una colaboración que cierra el camino hacia el debut del artista de Pego. La canción plantea un refugio frente a la hiperconectividad digital, combinando rap, pop y una épica melódica que conecta generaciones dentro de la escena valenciana.
Más cerca de la electrónica introspectiva, Ruvenruven publica Líquido, un EP conceptual que reflexiona sobre el consumo acelerado de música en plataformas digitales. Inspirado en la “modernidad líquida” de Bauman, el trabajo apuesta por guitarras oníricas y títulos despersonalizados que cuestionan la lógica algorítmica.
En un registro más íntimo, Marina Mustica presenta The Bile Monster, un EP de cinco canciones que exploran recuerdos, infancia y emociones desde una estética cercana al folk alternativo anglosajón. Cantado en inglés, el trabajo funciona como una fábula emocional que transita entre la melancolía y la reconciliación con el pasado.
Finalmente, el humor y la ironía llegan con Mala Gestión, que publica su segundo disco, Hacemos lo que podemos. Trece canciones que retratan a una generación caótica con letras que combinan sarcasmo, cotidianidad y referencias culturales, consolidando una propuesta difícil de encasillar entre el rock y el garage.