VALÈNCIA. Prueba de fuego para el Festival de Les Arts, la Ciutat de les Arts i les Ciències (Cacsa) y el Ayuntamiento de València. El pasado mes de marzo una sentencia puso en jaque la celebración de grandes eventos musicales en el complejo diseñado por Santiago Calatrava, un fallo que daba la razón a los vecinos que denunciaron las molestias acústicas derivadas de los festivales celebrados en el recinto. Desde entonces, el sector vive instalado en la incertidumbre.
El terremoto no ha sido menor y ha vaciado Cacsa de algunas de sus grandes citas musicales. Festivales como I Love Reggaeton o Love the 90's encontraron acomodo en el estadio Ciutat de València, mientras que Bigsound optó por trasladarse al Parc Central de Torrent. No es el caso del Festival de Les Arts, que se ha resistido a cambiar de ubicación y que, si nada lo impide, tendrá lugar este viernes y sábado tal y como estaba previsto. O casi.
Tras semanas de negociaciones y revisión de informes técnicos, la organización presentó hace apenas unos días un plan de medidas correctoras para adaptarse a la normativa acústica municipal. El documento contempla limitadores de sonido en los tres escenarios, barreras acústicas, una nueva orientación de las estructuras y un sistema de monitorización en tiempo real. También habrá cambios en los horarios: los conciertos arrancarán a las seis de la tarde y el recinto cerrará a la una de la madrugada, una hora antes de lo habitual. Incluso la terraza L’Umbracle será solidaria con el festival en el alambre y no abrirá sus puertas hasta que acaben los conciertos para no añadir ruido al ambiente.

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- Foto: FESTIVAL DE LES ARTS/ EP
La cuestión del sonido ha sido, precisamente, el principal campo de batalla. El plan prevé emisiones de hasta 85 decibelios durante el día y 80 por la noche en los puntos de control establecidos por los técnicos. Sobre el papel, la propuesta permitiría cumplir con la normativa municipal. La duda es cómo se traducirá esa limitación en la experiencia de los asistentes y en el desarrollo de los conciertos.
Durante las últimas semanas han proliferado las voces que cuestionan la viabilidad del modelo. Algunas promotoras que descartaron permanecer en la Ciutat de les Arts i les Ciències defendieron que esas condiciones hacían inviable mantener la experiencia habitual de un gran festival al aire libre. Por el contrario, The Music Republic sostiene que la nueva distribución sonora permitirá una escucha más uniforme dentro del recinto. El Ayuntamiento recordó también en su autorización que la promotora es responsable del ruido generado por el propio público, algo difícil de gestionar.
Más allá de lo que ocurra sobre los escenarios, lo que suceda este fin de semana servirá para medir si es posible compatibilizar la actividad musical de gran formato con las exigencias derivadas de la sentencia judicial en el recinto. También permitirá comprobar si las medidas correctoras planteadas son suficientes para evitar nuevos conflictos con los vecinos, que tal y como ha dejando entrever este fin de semana, no tienen pensado mirar hacia otro lado si se incumple la sentencia.
En ese sentido, Les Arts se convierte en un ensayo general para el futuro de los festivales en València. Si la experiencia funciona y se desarrolla sin incidencias, podría abrir la puerta a que otros eventos regresen a la Ciutat de les Arts i les Ciències bajo nuevas condiciones. Si, por el contrario, las limitaciones evidencian que el modelo ya no es viable en este emplazamiento, la ciudad tendrá que acelerar la búsqueda de alternativas para un sector que mueve decenas de miles de personas cada verano.
¿Será la última vez que el Festival de Les Arts se celebre junto al Museu de les Ciències y l’Hemisfèric (y tal vez, por tanto, el fin del festival en sí? ¿Si las medidas correctoras no son suficientes, qué actuación llevará a cabo el Ayuntamiento? ¿Está en peligro el segundo día de festival? La respuesta empezará a escribirse durante las próximas horas.
