Lara Taylor : “Un disco es un proceso emocional muy fuerte y vulnerable, pero ya he soltado ese miedo”

Música y ópera

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La valenciana publicará el 13 de noviembre 'Axis', su primer álbum después de más de una década dedicada a la música

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VALÈNCIA. El tiempo pasa y, aun así, muchas veces resulta difícil encontrar nuestro propio lugar en el mundo. Sobre todo cuando descubrimos que no nos conocemos tanto como creíamos. La valenciana Lara Taylor lleva dedicándose a la música más de diez años, habiendo pinchado y cantando en discotecas y escenarios de todo el país, y del extranjero, pero no terminaba de saber qué lugar quería ocupar como artista en todos ellos. Refugiada durante años en un personaje que ella misma había construido y que parecía poder con todo, ahora ha hecho ‘reset’ para comenzar de nuevo y mostrarse en todas sus versiones, incluidas aquellas en las que asoma el miedo. Lo hace con Axis, su primer álbum después de más de una década publicando canciones.

“Siempre he sido fiel a mí misma, pero también intentaba ser fiel al público y a la industria”, admite. En Axis, que saldrá el próximo 13 de noviembre, habla de la ambición convertida en agotamiento, de los personajes que ha adoptado durante su trayectoria musical y, a través de una bachata electrónica, de una relación pasada.

El álbum llega, además, en un año significativo para la valenciana. Lara ha sido este verano telonera de Manuel Turizo y Lia Kali, dos conciertos muy distintos que la han llevado ante públicos masivos y escenarios cada vez más grandes. Dos oportunidades para mostrar un proyecto que comienza a crecer también en el directo y para disfrutar de todo aquello por lo que lleva más de diez años trabajando.

Por eso, Axis no es un capítulo más. Es la celebración de haber llegado a un lugar que la propia Lara Taylor no sabía si iba alcanzar. Del proceso, tan fuerte y vulnerable, de publicar su primer disco habla con Culturplaza.

-Parece un año en el que todo empieza a encajar en tu proyecto artístico. ¿Cómo lo estás viviendo desde dentro?
-Sí, yo también lo percibo así y, de alguna manera, sabía que iba a pasar. Venía de muchos años sacando música con cierto control, porque decidía yo misma qué publicar, pero también de una forma más inconsciente. Me metí en esa dinámica de sacar por sacar, de producir para el consumo, por miedo a dejar de publicar y que la gente me perdiera de vista. En el fondo, por el miedo a no ser vista. Y llegó un momento en el paré, porque estaba dejando de disfrutar y veía que no tenía un rumbo claro. Siempre he sido fiel a mí misma, pero también intentaba ser fiel al público y a la industria. Me decía: “Como esto no funciona, voy a probar otra cosa”. Aunque, siempre sin alejarme del r&b.

Así que paré y, después, apareció la idea del álbum. Cuando terminé los temas entendí que era algo realmente personal y especial, que no tenía nada que ver con lo que había hecho antes. No solo por la música, sino también por los tiempos que me había permitido. Todo era muy diferente y sabía que eso se iba a reflejar fuera.

‘Niña’ me abrió el pecho y de ahí nació la idea del álbum. Este año he publicado cuatro sencillos y la respuesta está siendo muy buen. Nada más sacar ‘Metal’, por ejemplo, me propusieron ser telonera de Lia Kali. También he notado mucho el cambio en el directo.

-En estos diez años no te habías animado a publicar un álbum. ¿Qué tenía un disco que te asustaba más que todo lo que habías hecho ya?
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Un sencillo es más directo, más fácil de escuchar y a mí me sale enseguida. Un álbum, en cambio, lo entiendo como un trabajo mucho más grande. Requiere dedicarle mucho tiempo, atravesar un proceso interior y demostrar que, como compositora, tienes mucho que mostrar al mundo.

También veníamos de la dinámica de TikTok, de canciones de dos minutos, y un álbum supone una inversión y un proceso muy largos. Ahí volvía a aparecer mi miedo a no ser vista, que es algo que siempre me ha perseguido. Es mi trauma y sé que he venido a solucionarlo. Lo que pasa es que la música me lo refleja todo el rato, siempre está esa sensación de que unas veces la gente te elige y otras no.

Un disco es un proceso emocional muy fuerte y vulnerable, pero ya he soltado ese miedo. No necesito que la gente me diga que está bien para saber que lo está. Para mí, este disco es una locura. Estoy muy orgullosa porque ha supuesto romper con muchísimas cosas.

-A pesar de ese miedo, nunca has dejado de apostar por la música. ¿Ser artista -y, además, independiente- supone convivir con ese tira y afloja constante?
-Claro. Creo que ser artista ya implica ser una persona supersensible. Percibes muchas cosas que te pueden generar inseguridades y, además, dependes de ti todo el rato. Un día estoy cantando con Manuel Turizo y luego puedo pasarme un año y medio sin subir a un escenario. Esa es la realidad.

Es un duelo constante con un montón de cosas. Organizas tu vida en función de lo que quieres conseguir, pero no ves un resultado directo. Tienes que generarlo tú y confiar en el proceso. Después de tantos años de carrera, tengo muchas herramientas para combatirlo y ya lo veo venir. Reconozco cuándo está pasando lo de siempre y llega el bajón de no saber qué viene después. Entonces toca seguir o ver cómo me lo planteo.

En julio terminé los conciertos y sentí precisamente ese bajón. Estaba cansada y volvía a preguntarme qué venía después. Es un vacío existencial que vives muchas veces, más aún como artista independiente. No vivo de mi música, vivo de pinchar, y muy humildemente. He invertido mucho y he tenido que superar un montón de cosas. No es un trabajo normal.

-En ‘Metal’ hablas del personaje que arrastramos y también del que los demás nos imponen. ¿Cuál es el personaje que se ha construido alrededor de Lara Taylor?
-El de una persona que parece que puede con todo sola. Yo lo llamo el “complejo de pitbull”. Por su físico, a la gente le da miedo, aunque luego quizá no tiene nada que ver con eso que proyecta. Pero la gente te juzga por lo que transmites y esa forma de juzgarte no solo te condiciona a ti, sino también la manera en la que actúan contigo. A mí me han tratado de determinadas formas porque, por mi físico, pensaban que yo era de una manera y luego no era así.

De pequeña ya me sentía incomprendida. En el colegio no disfrutaba y me hacían sentir que mi mundo interior era muy complicado, que era una persona a la que nadie entendía. Sentía que nadie me aceptaba y que tenía que hacer algo muy guay para impresionar. Eso al final hace daño.

Cuando empecé a cantar, con unos 17 años, vi que se me aceptaba y enseguida estaba haciendo giras. A los 18 me podías ver cantando en Amnesia. No era consciente entonces, pero ahora pienso que, entre el cambio físico y todo lo que estaba viviendo, me refugié en ese personaje. Como no tenía herramientas para sanar lo anterior, me agarré a ese personaje de “pitbull”, a la mujer que consigue las cosas sola porque nadie le ha regalado nada. Entonces, hay una parte de superación en mí, pero ¿desde dónde nace? Nacía también desde el ego y desde un personaje, porque nunca había sentido que se aplaudiera mi verdadera personalidad y me agarré a la “tía poderosa”.

Justamente mi álbum va de esto, de dos tipos de energías. Las energías femenina y masculina habitan en todas las personas y está bien utilizar cada una según el momento, pero yo había puesto muchísima energía en ese personaje más masculino, en ser una persona super segura, llevada al extremo. ‘Metal’ habla de eso y de cómo me ha afectado incluso en las relaciones. Podían pensar que era una persona superficial mientras yo también me escondía detrás de esa imagen. Ahora estoy trabajando toda esa inseguridad.

-Existe una presión constante por mostrar nuestra “mejor versión”, especialmente en las redes, donde tú siempre has sido muy activa. ¿Han afectado también a tu manera de verte como artista?
-Totalmente, me han afectado mucho. Las redes son como un patio de instituto constante, en el que hay que agradar a los populares, pero luego también hay otros grupos. A todo eso se suma que te están puntuando continuamente con los números, los likes y los comentarios. Todo el rato estás pensando: “¿Estoy gustando o no estoy gustando?”.

A veces no me apetece ni entrar en las redes por si una publicación está funcionando mal o no tiene alcance. Es muy complicado que eso no te afecte. Hace unos seis años tuve una subida muy grande de seguidores y después empecé a bajar. No entendía por qué y me preguntaba constantemente qué estaba pasando.

Durante un tiempo oculté los likes para que no me importaran tanto, pero después pensé que me da igual y no tengo por qué ocultarlo. Fue una especie de terapia de choque. No quiero tener miedo a que se vea que no tengo muchos likes, aunque cuesta.

-En una línea parecida, ‘MVP’ habla de cómo la ambición acaba convirtiéndose en agotamiento. ¿En qué momento querer crecer empezó también a hacerte daño?
-A partir de los 28 años, cuando empecé a caer en Instagram y vi que ya no era lo mismo. Toda esa ambición empezó a jugar con mi cabeza. Pensaba en cambiar de estilo, pero me sentía mal, como si estuviera en un ring peleando conmigo misma por algo que, en realidad, era una imposición que yo me había puesto: el tengo que ser superfamosa. Es una idea que me hace daño porque el tiempo pasa y genera una ansiedad constante. Todo lo que ocurre en ‘MVP’ nace de esa emoción. Es la primera canción del álbum y abro el melón directamente con un diálogo continuo entre el “sí” y el “no”.

-Entre las canciones que todavía quedan por conocer, ¿qué vamos a encontrar en el álbum?
-Un montón de cosas. Todo nace del mismo lugar, pero es un universo en el que te encuentras con muchas situaciones. Hablo de haber vivido en modo supervivencia y desde una energía muy masculina, y de cómo acercarme ahora a mi parte femenina me ha llevado a otros lugares y también me ha liberado. No hablo demasiado de relaciones; son canciones más personales, aunque creo que todo el mundo puede identificarse con ellas. ‘Niña’, por ejemplo, es superpersonal y, sin embargo, es la canción con la que más gente ha conectado. Eso corrobora que todos vivimos lo mismo en cuerpos y de maneras diferentes, pero compartimos muchos miedos.

También hay un tema muy irónico sobre algo que sufrí de pequeña. No diría que me machacaron con el bullying, porque no se reían de mí ni me pegaban, pero sí hubo momentos en los que se pasaron conmigo. En la canción es como si me riera de la situación, como he hecho todo este tiempo, pero el transfondo es enseñar todo lo que he tenido que aguantar. Es el último tema y me encanta.

La espiritualidad también es muy importante para mí. La fe que pueda tener me ayuda mucho a crear la vida que tengo. Aunque, si me preguntan cómo compongo, no sé explicarlo. ‘Niña’, por ejemplo, salió casi como si estuviera en trance. Era un momento muy real, pero no era consciente de lo que estaba diciendo; sentía como si no fuera yo quien decía las cosas. Creo mucho en la intuición y he leído sobre ello, por ejemplo, en El camino del artista. Quería que esa parte de mí también apareciera en el disco.

Además, hay una confesión en forma de bachata electrónica que nació de una relación que tuve mientras preparaba el álbum. Durante mucho tiempo he escondido lo que quería para sentirme aceptada, especialmente en mis relaciones. Esta vez, ante algunas cosas que me parecieron extrañas, decidí no ocultarme y poner límites. En otro momento habría tenido miedo de que esa persona se fuera, pero esta vez no. Ahí rompí un patrón y, desde ese lugar, me sentí muy poderosa

-¿Hay alguna canción que te dé especial vértigo enseñar?
-No me suele dar vértigo compartir mis canciones, pero es verdad que en esta última, ‘Confesión’, doy características de esa persona, que encima es conocida, e incluso recito una frase que lleva tatuada. Si la escucha, sabrá que hablo de él, pero me da igual. Es mi vida.

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-Ser telonera es un regalo, pero también implica salir ante un público que está esperando a otra persona. ¿Cómo viviste los conciertos de Manuel Turizo y Lia Kali?
-Me enfrentaba al miedo de no saber si me iban a aceptar. Al final, el público no viene a verme a mí y puede sentir que le estoy quitando tiempo al artista que espera. Salía un poco miedosa, como de puntillas, pero lo disfruté. Todo lo que me permitió ese pensamiento.

Además, nunca había sido telonera de esta manera. Había cantado con Rels B y Karol G en Castellón, pero aquello era un festival. Había muchos artistas y el público sabía cómo funcionaba. Con Manuel Turizo y Lia Kali era distinto porque yo era la única artista que actuaba antes. Y con Lia Kali fue superguay. Ya he cantado varias veces con ella y, además, es un estilo en el que puedo encajar. Con Manuel Turizo sí noté más cierta impaciencia por que terminara por parte de la gente. Tenían curiosidad por ver qué hacía, pero al mismo tiempo estaban esperando que saliera él. Aun así, me lo pasé bien.

-En 2024 llegaste a las semifinales de Feat, el programa de música urbana de Playz grabado en Argentina. ¿Cómo viviste la competición y qué descubriste sobre ti como artista durante el proceso?
-Fue una locura. Se grabó todo en cuatro días, no hubo tiempo ni siquiera para ensayar y casi no descansábamos. Yo, además, atravesaba un momento vital fuerte, mi relación ya estaba mal y, después del programa, lo dejé con mi ex. Fui con mucha ansiedad porque esa temporada me había vuelto el miedo escénico y nunca había estado en televisión. La experiencia me ayuda mucho a calmarme sobre un escenario, pero en la tele no sabía cómo iba a reaccionar. Tenía que cantar cosas que no llevaba preparadas y enfrentarme, sobre todo, a la incertidumbre.

La experiencia me demostró que estaba preparada para todo. Trabajé bajo presión, sin tiempo, y destaqué; también me lo decían quienes estaban allí. Durante mucho tiempo he defendido que lo que hago es especial, pero creo que todavía no lo había interiorizado de verdad. No lo digo desde el ego, sino desde el amor, porque creo que todo el mundo tiene algo especial, cada persona en cosas distintas. También aprendí muchas cosas sobre el mercado e irme tan lejos me hizo ver que podía empezar mi vida desde cualquier parte.

-Después de actuar en escenarios y países tan distintos, ¿qué te sigue emocionando de salir a cantar?
-El directo es lo que más me gusta. Yo ya soy feliz cantando. Cuando escribes tu música estás en una parte más encerrada y, después, sales y expresas todo eso. Supone un riesgo, pero también te permite revivir con las personas que tienes delante todo lo que sentiste mientras escribías.

Seguramente hay una parte de mí que busca el aplauso, aunque intento que no sea así porque no quiero condicionarme ni vivir la experiencia en función de eso. Me encanta cantar, bailar, la performance y lo que siento al hacerlo. Son emociones muy extrañas, pero es muy bonito, especialmente cuando se produce una conexión fuerte con el público.

He actuado en muchos sitios, pero todavía ha sido reducido el número de personas que han venido específicamente a verme. Me gustaría vivir ese momento de encontrarme ante muchísima gente que quiere escuchar una canción concreta mía y que ha venido para cantarla conmigo.

-¿Cuáles son tus referentes musicales en este momento?
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Ahora mismo, Juicy BAE. Me gusta mucho porque veo algunos parecidos entre ella y yo y me inspira un montón. Sus letras me parecen increíbles y ella es brutal. También escucho mucho a Beam y, en términos más mainstream, Rosalía me inspira muchísimo, indiscutiblemente.

-¿Dirías entonces que este álbum recoge a todas las Lara Taylor de estos diez años o representa un nuevo comienzo?
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Es un reset. Recoge todo lo que he hecho, pero también supone empezar de otra manera y volver a mi inicio. He intentado ser de muchas formas, cuando con lo que más he conectado ha sido precisamente con ese inicio. Empecé haciendo electrónica y este disco vuelve a ser algo electrónico. Es hacer las paces con ese pasado.

Si mi yo niña pudiera ver ahora mis vídeos y todo lo que he conseguido, estaría superenamorada de la persona en la que me he convertido. Estaría alucinando.

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