Les Arts reivindica el género 'chico' de la zarzuela con 'La Verbena de la Paloma'

Música y ópera

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VALÈNCIA. Ya hace más de un lustro que el Palau de les Arts le empezó a hacer un hueco en su programación a la zarzuela. Un hueco que se ha ido ensanchando tempoada a temporada. Y sin embargo, el género chico del repertorio español aún no se había subido a ninguno de sus escenarios. 

Les Arts recupera La verbena de la Paloma, de Tomás Bretón, dos años después de la cancelación de la producción a causa de la dana (el día 29 estaban en ensayo pre-general, con toda la obra ya desplegada). Se trata de uno de los títulos más reconocibles de la zarzuela, en esta ocasión con una propuesta escénica de Nuria Castejón que incorpora un prólogo en homenaje al Teatro Apolo de Madrid, donde se estrenó el sainete lírico en 1894. José Miguel Pérez-Sierra, director del Teatro de la Zarzuela, se pone al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana y el Cor de la Generalitat Valenciana en las cuatro funciones programadas del 4 al 8 de noviembre.

“Las zarzuelas cortas del teatro por horas son como un elixir condensado, unas auténticas joyitas”, sostiene Pérez-Sierra, que reivindica el valor musical de un repertorio que nació con una clara vocación popular. A finales del siglo XIX, el género chico permitió acceder al teatro lírico a públicos que no podían permitirse una función completa. El Teatro Apolo llegó a ofrecer hasta cuatro sesiones diarias y terminó convirtiéndose en el principal escenario de esta fórmula. “Se hizo tan popular que a la última sesión, más allá de las doce de la noche, acudía la gente que salía de estar en el Teatro de la Zarzuela”, recuerda.

“La Verbena de la Paloma es la obra más genial de Bretón”, afirma también el director musical, destacando la capacidad del compositor salmantino para condensar en una hora una escritura de gran riqueza. Bretón era un músico de formación y aspiraciones europeas, muy interesado en Wagner y en la tradición centroeuropea, aunque supo trasladar esas influencias al paisaje popular madrileño. Por ejemplo, no hará falta afinar muchísimo el oído para identificar, en el comienzo de la escena de la cantaora, el inicio de El oro del Rin, de Wagner. Luego, la escena se transforma totalmente y se funde con el ambiente flamenco.

Un homenaje al Teatro Apolo

La producción de Castejón, realizada para el Teatro de la Zarzuela, incorpora el prólogo cómico-lírico Adiós, Apolo, escrito por Álvaro Tato. La pieza se sitúa en el último día del teatro madrileño, cuando la compañía recibe la noticia de su quiebra y del cierre del edificio. De esta manera, el público verá (en sentido figurado) la función de La verbena de la Paloma como si fuera aquella última sesión, en una introducción que incluye fragmentos musicales y escenas de otras zarzuelas.

  • José Miguel Pérez-Sierra. -

Se trata de un homenaje para reivindicar la historia del género chico. Pero cualquier zarzuela es, en sí, un gesto de reivindicación de un repertorio singular y, no por popular, menos complicado: “La auténtica dificultad de la zarzuela es que el artista tiene que ser un cantante de ópera, pero además debe tener cualidades de teatro de prosa, bailar como en los musicales de Broadway y hacer otras tantas cosas”, apunta Pérez-Sierra. A su juicio, de hecho, hay zarzuelas que resultan vocalmente más complicadas que algunas óperas, aunque su principal singularidad está en esa combinación de disciplinas.

El director destaca, en este sentido, la cohesión de un reparto que lleva dos años representando la producción por distintos escenarios españoles. Borja Quiza y Carmen Romeu, estrellas actuales de la zarzuela, encarnan a Julián y Susana, respectivamente, junto a Antoni Comas como Don Hilarión, Milagros Martín como Señá Rita y Emilio Sánchez como Don Sebastián. Completan el elenco Ana San Martín, Gurutze Beitia, Sara Salado, Gerardo López, Alberto Frías, Mitxel Santamarina y Ana Goya.

Los prejuicios sobre la zarzuela van cayendo

En los últimos años, institucionalmente se ha hecho un esfuerzo por acompañar esa lectura obtusa y folclórica que acompaña al género en España. “Los españoles somos los principales enemigos de la zarzuela. Lo llevamos siendo durante décadas”, afirma contundentemente. Y es que el director, que ha trabajado con este repertorio en escenarios europeos, considera que su recepción internacional demuestra que estas obras pueden integrarse con naturalidad en temporadas líricas junto a títulos operísticos.

Es el público español el que tiene que superar la asociación automática entre tradición y anacronismo. “Que sea muy nuestro no quiere decir que sea antiguo o casposo. Son tradiciones maravillosas que siguen siendo vigentes e interesantes hoy en día”, opina.

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