Música y ópera

ENTREVISTA

Metal Mareny y la estela del metal valenciano

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VALÈNCIA. En pleno apogeo de la Ruta del Bakalao, justo en la carretera que vertebraba ese fenómeno musical de masas, en un pequeño pueblo, unos jóvenes admiradores del heavy más clásico, iban a montar una de las bandas más importantes y reconocidas fuera de nuestras fronteras valencianas en el mundo de rock duro. Ellos son Metal Mareny. Recuerdo la gélida noche del 27 de diciembre de 2002 en la sala Repvblicca a los de Mareny de Barranquetes teloneando a los madrileños Saratoga, presentando su elepé más aclamado, Agotarás. Aquel fue mi primer encuentro con la banda de heavy metal más importante en València desde la aparición de Zarpa. Hoy nos fundimos en un riff con sabor a sal y arena junto a Nap, bajista del combo, para recordar la historia de un grupo que surfeó la Segunda Ola del heavy metal español con una vista privilegiada.

Le pregunto antes de comenzar la charla si le llamo Nap o por su nombre real, me señala que hasta su madre le llamaba Nap, así que no hay más discusión. También remata explicando uno de los curiosos requisitos que ponen al incorporarte a la agrupación: “Un requisito para entrar en Metal Mareny es tener un mote. Da igual si sabes tocar o no, el que no tenía mote le pusimos”, bromea desde su casa pocos días antes de la navidad.

Imagínense poner el nombre de su pueblo en el nombre de la banda, ser los abanderados del municipio, llevarlo por toda España. Me imagino a los periodistas de otros lares preguntando por la procedencia, ¿qué es eso de Metal Mareny?. “Eso es lo que quedó claro en el primer ensayo, entonces no sabíamos ni tocar; oye: ¿cómo lo llamamos?, Metal Mareny, eso quedó claro. Y creo que fue el Sapo, el batería, quien lo dijo”.

Aunque en la red no existe información, hubo una noche que el dios del metal, Ronnie James Dio, actuó junto a una de las bandas exponentes del thrash metal, los neoyorkinos, Anthrax, en Xàtiva. Dio es todo un referente para cualquiera que le guste el metal, vocalista de Black Sabbath y de Rainbow y creador de símbolo de los cuernos en el heavy. Metal Mareny fue la tercera banda en actuar esa noche, un sueño cumplido para cualquier amante del rock duro. “Vino un promotor en una época que había una subvención del aniversario del Quijote con eventos y tal”, recuerda. “Éste trajo a Xàtiva a Dio con Anthrax, con la formación original, entonces había oído hablar de nosotros, y vino a buscarnos al bar Guitar rock de Sueca. Nos contrató para tocar en Xàtiva. Los técnicos de Anthrax se pusieron muy bordes, qué dónde íbamos nosotros, el promotor les dijo que la pasta la ponía él, llamó por teléfono y dijo: traedme una PA y lo que sea”.

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Metal Mareny estuvo muy poco tiempo encima de las tablas. Tiempo suficiente para degustar ese momento como único e irrepetible. “Tocamos tres canciones, a la tercera canción nos echaron los de Anthrax, ¡y eso que en la prueba de sonido hubo buen rollo!”, dice. “Nos pagaron lo propuesto, y dijimos: es el concierto más rentable de nuestra vida, tres canciones y una pasta. Luego actuó Dio, y cuando terminó, nosotros nos queríamos hacer una foto con él. Vino Rudy Sarzo, que es cubano y era el bajista de Dio, y nos hizo de traductor. Salió y nos dijo: me sabe muy mal lo que ha pasado, aunque yo no tengo nada que ver con eso, no os deberían haber echado”.

Tras este paréntesis, volvamos a los inicios del combo. Era mediados de los 90 y el destino, o los padres de los músicos, iban a hacer acto de presencia. “El guitarra y El Gamba son primos, pero no lo sabían. Se pusieron en contacto los padres, y dijeron que los dos tocaban la guitarra y que se fueran a Mareny a ensayar, y ya fue ese día, que empezamos a ensayar. Y buscábamos cantante, porque para el heavy hay que cantar bien, y un día ensayando, el Gamba se pone cantar y ahí se quedó. Era una época en la que usábamos unas azadas del campo como palos de micro”, recuerda riendo.

Antes de la entrevista habíamos charlado por teléfono, y me había sorprendido de la fuerza del rock, pues Mareny de Barranquetes está justo en medio de toda la movida de la ruta del bakalao. Y ellos, como así me indica Nap, eran como la aldea de Asterix. “Nos tocó vivir el metal, nosotros íbamos a lo nuestro, aquí todo era para el bakalao, nosotros pasábamos de eso e íbamos a otra cosa. Ya cuando comenzamos a conocer el mundo flipamos, cuando fuimos a Gandia o a València y había garitos específicos”. En 1995 la banda viguesa, Killer Barbies, ruedan en la sala Chocolate una escenas para el filme Killer Barbys de Jess Franco, y en esa grabación estaban unos imberbes jóvenes que estaban comenzando a machacar sus instrumentos. “A Chocolate solo he ido dos veces: una que iba con mi camiseta de Iron Maiden y otra porque Killer Barbies estaba grabando un corto de la banda y salimos de público”.

El mismo año en que Metal Mareny comienza a tocar, a cantar con los palos de azada, se meten a grabar su única maqueta al lado de casa. Nap contaba con 19 años. “Cuando empezamos a hacer canciones, nos enteramos que en Tavernes de la Valldigna un chico grababa a bandas más bien punk, pop y era económico y accesible a nuestro bolsillo. Lo único era que la batería tenía que ser programada. Empezamos a grabarlas en octubre del 97, o por ahí, estuvimos un año porque íbamos a ratos. No teníamos ni puta idea”. La maqueta contaba con ocho temas, prácticamente era un disco, pero había algo por lo que optaron por denominarlo maqueta. “Era duración de un disco, pero lo llamábamos maqueta porque lo grabamos nosotros”, revela. “Y luego, la portada, nos flipamos muchísimo, metimos tantas cosas que es una mierda. Queríamos poner el dibujo, el nombre, un marco alrededor de laurel, todo eso a un tamaño DIN A3, bien, pero eso pásalo al cedé y queda una explosión de mierda”.

  • Metal Mareny, con Ronnie James Dio. -

La espontaneidad de Nap se agradece. Mientras nos reponemos de las risas por la portada, hablamos de esa presentación en sociedad del álbum, algo totalmente nuevo para estos chavales. “Lo presentamos en el Guitar Rock, que era un bar muy peculiar, que era un bar del padre de Iván, el guitarra, nos pusimos en la terraza. De esa maqueta hicimos dos tiradas de mil cada una, y me sabe muy mal que en alguna fiesta lo regalé y no tengo ninguna”, se lamenta. Lo sigue buscando por internet, por si alguien lo conserva. Era una primera maqueta, pero era su primera maqueta y solo el hecho de verla en alguna tienda de música generaba una gran satisfacción. “Me hizo mucha ilusión ir a València, a Discocentro, y buscar por la letra M, Muro, Medina Azahara y luego Metal Mareny, coño, ¡qué ilusión me hizo!”

Buscando el origen (2002) fue su primer disco, producido por Enrique Soriano, bajista de Insania. “Grabamos con él sin conocerlo, aprendimos mucho con él, y dijimos qué paletos somos. Cosas que son de primero de manual de grabar un disco, y hasta no grabar con él no supimos”, comenta. Le recuerdo el concierto de Saratoga porque ellos estarían presentando éste elepé. “Con Saratoga hemos tocamos mucho; de hecho, la primera y única vez que hemos tocado en Madrid fue con ellos, en la sala Divino Aqualung. Tocar en Madrid mola, ahí eres visible”, reconoce. La banda sabía que los medios de comunicación estaban en Madrid. “Fue una época muy chula porque íbamos mucho a Madrid, no para tocar, sino para vida social. El Sapo, por ejemplo, vino Mägo de Oz a tocar a València y lo invitaron a tocar una canción, La Rosa de los Vientos en Repvblicca”

Una de las personas clave en la vida de Metal Mareny fue el locutor, José Antonio Gabaldón. Inolvidable para muchos, entre los que me incluyo, por su programa de radio, La Oreja Metálika, y también por su fanzine, que también tuvo su propio escenario en el Viña Rock. “El Viña estuvo muy guay porque ahí fue Gabaldón el que nos invitó”, dice. “Entonces solo teníamos la maqueta. Fue en 2002, todavía nos habíamos publicado el disco. Fue una gozada: fuimos los primeros, aquello empezó con cuatro gatos pero terminó con mucha gente. Y como experiencia con un festival tocho, con una escenario tocho. Fue el primer año con cuatro escenarios. Hicimos dos Viñas”.

A Nap le viene súbitamente otra anécdota a la cabeza, y eso es una maravilla para cualquier fan del grupo. En 2004 se publicó un disco tributo a los legendarios Panzer. En ese recopilatorio estaba Metal Mareny con el tema Panzer. Y en un concierto, el propio Carlos Pina, que también era presentador del mítico Bienvenidos al Paraíso en Radio 3 y cantante de los Panzer, subió a cantar con ellos. “Tenemos una versión de Panzer, y tocamos en Repvblicca, y se subió y tocamos la canción. Entonces no había retomado Panzer, en la última época de la radio. En aquellos años no había móviles para grabar, un tío muy majo”. Otro ejemplo más de que Metal Mareny tenían un estatus dentro del heavy patrio.

Los Mareny, sobre todo son seguidores del heavy español, y eso se nota en sus discos, pero también en las canciones que han decidido desenterrar del olvido. Una de ellas, dentro de los surcos de su segundo trabajo, Siente la fuerza (2004), es una versión de Tigres llamada, No me rindo. Y además invitaron a cantantes realmente importantes dentro de la escena. “Invitamos a Óscar Sáncho, a Leo Jiménez y Carlos de Castro”. Las voces de las bandas más relevantes de aquellos años, Lujuria, Saratoga y Barón Rojo. “Con Óscar, nosotros mismos nos pusimos en contacto, y Leo y Carlos de Castro por Gabaldón, que es amigo de ellos. Carlos grabó en su estudio de casa y nos lo mandó, y Óscar Sancho se vino de fiesta al Guitar Rock. Leo vino un domingo, comimos por el Carmen, porque el estudio estaba en el Carmen”, recuerda.

Hay un descanso desde la publicación de Siente la fuerza (2004) y Rompiendo la maldición (2012) de muchos años. “Pasó 2007, Iván dejó la banda, entró Colom, como el tío estaba fuerte lo llamamos así, él era el guitarra de Piel de Serpiente. El Gamba tuvo un tumor en el oído y le extirparon el oído, ahora escucha en mono, canta con un solo oído y tiene mucho mérito. Todo se fue posponiendo”, dice. Metal Mareny decidieron ser ellos mismos los que grabaran sus trabajos, sin prisas y ya con la eclosión del heavy español pasada, era el momento. “Un disco vale una pasta, vamos a un estudio, pagamos una pasta y al mes siguiente el disco éste está en un cajón, y se acabó. Así que hicimos una cosa, vamos a comprarnos el material nosotros, a nuestro ritmo y a nuestro gusto. Lo hicimos aquí en el Mareny”.

El título parece un grito en medio de esa situación, de nuevo, de sordera por parte de los medios del heavy hecho aquí. “Iba un poco de eso, de los grupos que no llegan nunca. Nosotros confiábamos en romper la maldición y luego no pasó nada”. Hay un tema especialmente bueno. “316, que es el metal marino, lleva una aleación especial para los barcos que no se oxidan tanto. Que no nos oxidábamos tan fácilmente”.

El verano de 2025 Metal Mareny tocaron en casa, celebrando su aniversario y deleitando a la gente con un regreso bastante esperado. “Fue un poco entre amigos. El ayuntamiento nos ponía el escenario, el equipo, hicimos publicidad en redes, que nosotros somos muy dejados para esas cosas”. Por cierto, como hemos dicho antes, para entrar en Metal Mareny uno debe tener mote, y su nuevo guitarrista, Héctor Martínez Lledó, no iba a ser menos, “le dijimos oye, ¿tienes mote?; nos dijo: mi abuelo se llamaba Pío. Pues nada, Pío”

La última pregunta era obligada, ¿habrá regreso discográfico? “Estamos con canciones nuevas, pero vamos a un ritmo muy lento. Ahora con niños pequeños es más difícil. Para que eso pase (Ndr: actuar en el festival Leyendas del Rock) hay que tener un disco nuevo”.

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