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València a tota virolla  

Nacida de un ladrillo: aquello que esconde una Casa en Bétera

Finalista en la Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo, el proyecto de los arquitectos Hugo Mompó y Juan Grau explica, desde el ladrillo, un lugar y un entorno

22/05/2021 - 

VALÈNCIA. Los arquitectos Hugo Mompó (Quadrat Estudio) y Juan Grau están habituados a que sus proyectos se levanten desde un puente aéreo inaudito: la distancia entre València y la ciudad alemana de Mannheim. Ensanchando las oportunidades a ambos lados, es probable que en uno de esos viajes Mompó llevara a cuestas -como una estampita- la foto de Casa en Anavissos, del arquitecto Aris Konstantinidis. Esa construcción representa muchas de sus pretensiones: “está seguramente construida con los materiales del lugar, sin revestimiento alguno, que la hace parecer en cierta manera atemporal. Una vivienda expuesta al clima y soberana del lugar. Tan sencillo como esto”. 

Cuando un matrimonio les propuso para alzar su casa en el sur de Bétera, cerca del pueblo, con unas vistas apabullantes a la Calderona emergidas tras nivelar el terreno, con una sospecha del mar allá a lo lejos, fue entonces cuando a Mompó y a Grau les vino a la cabeza la foto de Anavissos. Esa conexión inercial que conecta puntos del Mediterráneo, estrechando lazos sedimentados desde la eternidad. 

Estaba a punto de comenzar un proceso de cerca de cuatro años (dos en proyecto, año y medio de obra) que ha caminado desde la lentitud de aquellos procesos que requieren decisiones repensadas. “Es una casa hecha a mano, ladrillo a ladrillo. Literal”, precisa Mompó. Pero todavía no ha llegado el momento de sacar los ladrillos a la superficie.

El proceso terminó cuando vieron, desde la rendija de ‘su’ casa, la entrada de los nuevos inquilinos con sus hijos, haciendo verdaderamente suya la propiedad. “Más que la capacidad de imaginar espacios, es esencial la gran capacidad que tiene la arquitectura en poder imaginar la vida”, sostienen los autores. Desde entonces arrancaba otra trayectoria: la de la Casa en Bétera como exponente de una arquitectura sencilla. Esta última semana era seleccionada como finalista en la XV Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo. 

Su trascendencia nace de la potencia para sustanciar un lugar. Su renuncia a imponerse. Es aquel quien se desprende de alharacas para quedarse en lo sustancial. Es un paisaje que elimina los ruidos para escuchar mejor la voz. Justo por eso fue importante esquivar la tentación de ser rápidos: “Había que tener tiempo para desarrollar las ideas e ir filtrándolas hasta que poco a poco nos fuimos quedando con lo esencial, con lo que la casa tenía que ser.  Los clientes entendieron este proceso desde el principio y además nos dieron todo el tiempo que el proyecto necesitó tanto en la fase de proyecto como en la fase de ejecución”. 

El lema en el subtexto de la casa -Todo con casi nada- es clave para desencriptar la lógica de su arquitectura. La pertenencia al lugar. La permanencia en el tiempo. “Como si siempre hubiera estado allí construida”. Hasta trasladar la sensación de que es la casa la que le ha nacido al medio. “Todos los materiales y las soluciones constructivas y espaciales que se plantean, son las que han existido siempre”, extienden. “Las ventilaciones cruzadas, los espacios protegidos del sol, la luz y la sombra, los espacios intermedios de transición entre el exterior y el interior, la alberca para refrescarse en verano…”.

La costilla es un ladrillo

El nacimiento se produjo de un ladrillo. Su particular costilla. Moldeada a partir de una extremidad que se le sonsacó a la tierra. Y de una proporción, tal que el número áureo: 4 x 11,5 x 9 cm. “Es la medida que tienen los ladrillos que conforman los muros de la casa, que quedan vistos, en su estado natural. Las piezas del suelo también tienen esa dimensión para que todo coincida, quede ordenado y en su sitio”. Una idea dirigida a un propósito: “la eficiencia de aquello que con un esfuerzo ajustado tiene, sin embargo, un gran rendimiento y una suerte de adaptación al medio”. Estructurada a través de “un mundo de ocho recintos iguales, hechos de diafragmas ortogonales que, desnudos y descarnados, flotan encima nuestro, que nos transmiten cierta idea de levedad”.

Quizá sea un intento de buscar emparejamiento forzados decir que la Casa en Bétera es paradigmática de un momento o de un estilo a la valenciana. Sí lo es de una personalidad: la de “utilizar los recursos materiales y las soluciones especiales que siempre hemos tenido a la vista y que parece se nos han olvidado. El respeto por la tradición popular, filtrada o reinterpretada a través de una sensibilidad contemporánea”. 

Puede que se trate de arquitectura, pero esta casa no solo habla de arquitectura. 

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