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acción de la artista valenciana en una residencia artística en rio de janeiro

Natalia Ocerín 'despedaza' a la activista Marielle Franco en el Brasil de Bolsonaro

La vida de la luchadora por los derechos de la comunidad negra y transexual brasileña se transforma en una reflexión sobre el clima de extrema violencia y hostilidad en el país

23/04/2019 - 

VALÈNCIA. Cuando el IVAM explica el nombre de su su última gran exposición, Tiempos Convulsos, cuenta que no habla solo del contexto social en el que vive el artista sino al revés, la capacidad que tiene el artista de hacer vibrar el mundo en el que vive a través de su arte. Eso suele surgir del activismo y de la lucidez, del acierto de cada artista para conmocionar. Y ese es el eje sobre el que la saguntina Natalia Ocerín ha vehiculado su último proyecto.

Ocerín atiende por teléfono desde Brasil a Culturplaza, a pocos días de volver para España. Ha estado un mes desarrollando una residencia para la fundación sin ánimo de lucro Despina, que seleccionó su proyecto hace meses, junto al de otros artistas, que han estado trabajando con un tutor particular y que culmina con una exposición que está preparando actualmente.

Decir que en España se goza de unas libertades democráticas mucho más desarrolladas en comparación a otros países no está muy de moda. Pero en este mundo cambiante, relativizar las cosas no hace muchas veces justicia. El Brasil de Bolsonaro está dejando un ambiente devastador en lo que a derechos humanos y calidad democrática se refiere. El país está sumido en una ola de crimen que se ha cronificado. Cuenta la crónica negra de allí, por ejemplo, que hace unos días, 10 militares fueron detenidos en Rio de Janeiro por disparar hasta en 80 ocasiones a un vehículo con una familia entera (hijo de 7 años incluido) al confundirlos por ladrones, aunque se dirigían a una fiesta infantil.

Foto: NATALIA OCERÍN

Si las mayorías son atacadas, cabe imaginar cómo lo estarán las minorías en un país con un porcentaje importante de población de raza negra, que sin embargo, no ha sabido encajar en muchas ocasiones esa realidad con la acogida y la tolerancia suficiente. 

Es el caso de la protagonista del proyecto de Natalia Ocerín, Marielle Franco, una concejal de Rio de Janeiro y activista en favor de los derechos de la comunidad negra y LGTBIQ+, especialmente de las negras trans. En marzo de 2018, volviendo de un acto en favor de los derechos de las mujeres negras, Franco fue interceptada en su coche y ejecutada a balazos. El crimen despertó una importante conmoción en un país que ya se había acostumbrado entonces a la cotidianidad de este tipo de violencia. Las investigaciones que ha realizado la policía han apuntado a dos sospechosos que guardan relación directa con la familia del presidente Jair Bolsonaro, por lo que esa conmoción se ha traducido en un símbolo de resistencia de la oposición política al gobierno de ultraderecha del exmilitar, que entre otros lemas, asegura que "la violencia limpia" como justificación de su medida para que los civiles puedan portar armas en la vía pública.

Foto: NATALIA OCERÍN

Natalia Ocerín ha desarrollado este mes su residencia, que consiste en nueve lienzos con una parte del cuerpo de Marielle Franco, que ha ido repartiendo en diferentes puntos estratégicos de Río de Janeiro para fotografiarlos. La combinación del lienzo con la fotografía, que supone en sí un diálogo de la obra con el contexto hostil actual será lo que componga la exposición final de la artista. De esta manera Ocerín, que anteriormente ha había desarrollado su carrera con las artes plásticas en su práctica totalidad, acaba haciendo casi un acto performativo. 

Los nueve lienzos son Marielle Franco sin que se le pueda reconocer: descompuesta. "La gente dice aquello de que sigue viva, de que sigue presente, pero yo la despedazo para decir que no, que ella ya no está, que la han asesinado, y que hay que tomar conciencia de ese crimen brutal", explica Ocerín. También era una manera de poder hacer las fotografías sin miedo a lo que pudiera pasar: que el militar al que ha fotografiado con un lienzo de la sien de Franco no fuera un acto suicida. 

Las ubicaciones de los nueve lienzos combinan la memoria y la denuncia: sus oídos han estado en las favelas donde ella nació y donde siguen sin respetarse los Derechos Humanos más básicos, también donde está masacrando indiscriminadamente a la población más vulnerable; los ojos están en la zona residencial donde viven los dos sospechosos y la familia Bolsonaro, por razones obvias; la boca se ubicó en el Senado en el que ella trabaja y hacía su activismo cotidiano; los hombros en Casa das pretas y Casa Nem, sus lugares de resistencia y oposición política; su cabeza en el lugar de su asesinato y las sienes en sus otros lugares de trabajo: el Senado y el Palacio de Justicia.

Foto: NATALIA OCERÍN

El domingo, volverá a España con los lienzos bajo el brazo. Aún no los ha terminado. Se viene con ellos para asentar lo bestia de lo vivido este mes allí ("La realidad aquí me ha dado un tortazo, está mucho peor de lo que parece porque la violencia ya no les sorprende de tan común que es", explica) y entonces acabarlos; aquí espera también exponer su trabajo. Pero por encima de ello, este proyecto ha cambiado su perspectiva de su propia carrera: "Siempre me ha gustado tratar lo social, pero nunca lo había hecho tan militante, y sin duda quiero seguir sumergiéndome y ser más política y más activa. Me parece que es la manera en la que yo como artista me debo desarrollar ahora mismo", añade.

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