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presidente del COLEGIO OFICIAL DE PEDAGOGOS

Enrique Castillejo: «No ganamos nada paralizando la Lomce»

Hace diez años, decidió fundar un colegio oficial de pedagogos al  comprobar que eran excluidos de las oposiciones. Desde entonces, lucha por la visibilidad de este colectivo y por mejorar la formación docente

31/10/2016 - 

VALENCIA. Sólo existen tres Colegios Oficiales de Pedagogos y Psicopedagogos en España. Son los de Cataluña, Baleares y la Comunitat. Enrique Castillejo preside, no sólo el órgano valenciano, sino el Consejo General que los engloba. Hace más de una década que se implicó en su fundación, tras comprobar que los concursos de empleo público excluían a los pedagogos. Ha luchado por la visibilidad de estos profesionales en ámbitos como la mediación empresarial o la peritación judicial. También ha vivido desde el cargo el tránsito de la LOE a la Lomce y le ha tocado lidiar con dos administraciones autonómicas de diferente signo.

—¿Por qué consideraron que era necesario un Colegio de Pedagogos?

— Nos dimos cuenta de que los pedagogos no podían ejercer libremente en las mismas condiciones que el resto, así que decidimos actuar y para ello solicitamos la Ley de Colegios. Encontramos voces contrarias, esas viejas rencillas que existen en todo gremio, pero nos apoyó el entonces conseller de Justicia, Miguel Peralta. Hay un dato curioso: aunque negociamos con el PP, que era el partido que gobernaba, fue la primera vez que el PSOE no se opuso a la norma. Porque nuestras funciones no son crear un lobby ni fiscalizar a nadie.


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—Ahora hay que colegiarse para ejercer.

— Según la ley, sí. Sólo quedan excluidos los profesionales que ejerzan su actividad al servicio de la Administración. Pero siempre digo que yo no estoy aquí para perseguir a nadie.

—¿Con qué administración autonómica han tenido mejor sintonía?

— No hay especial sintonía con nadie. El Colegio no tiene ideología y, al menos mientras yo lo presida, no la tendrá. Tanto con el PSOE de Zapatero como con el PP hemos tenido buena interlocución, pero también muchos problemas. El actual conseller, Vicent Marzà, no nos ha recibido a día de hoy. Supongo que hay que darles tiempo, dejarles calentar motores... llevan doce meses. Para ser honestos, en noviembre contactamos con ellos, en diciembre se lo recordamos y en febrero les dijimos que avisaran si se les había perdido la carta.

—De reunirse finalmente, ¿cuáles serán sus principales reclamaciones? 

— Tenemos dos puntos centrales de discusión: las necesidades educativas especiales y la dotación de orientadores. Actualmente hay un orientador por cada 700 alumnos, que alguien me explique cómo se puede trabajar así.

—Las últimas pruebas PISA situaban a España en a la cola de Europa: 29 de 44 de países. ¿Tenemos un mal sistema educativo? 

— Bueno o malo es simplificar mucho. Estructuralmente, es uno de los mejores del mundo. Tenemos un país donde, no sólo se garantiza la educación gratuita y obligatoria, sino también los puestos escolares desde el 86. De ahí el nacimiento de la concertada, por cierto. Ahora bien, la legislación no está en el siglo XXI. Cada Gobierno de turno hace su reforma magistral para ver si pasa a la historia, pero no existe una política educativa que analice la sociedad y la economía. También debemos mejorar el acceso a la docencia. La formación inicial y permanente de los profesores no es la adecuada, ellos mismos admiten sentirse poco preparados.

—¿La carrera de Magisterio y el Máster de Secundaria son insuficientes?

— Efectivamente, no existe una cátedra docente. El mayor peligro está en Secundaria. Los alumnos llegan al Máster con su titulación de origen, pero no saben nada de Pedagogía y tampoco se les ofrecen enseñanzas suficientes. Como los posgrados los aprueba la Aneca, pero cada facultad los diseña a su antojo, hay unos desequilibrios enormes. Así que nosotros seguimos luchando para que en España, como en otros países europeos, exista una formación docente con un ciclo de la especialidad y otro ciclo de pedagogía. O vamos a un modelo muy norteamericano de libertad absoluta o nos quedamos como estamos poniendo más vigilancia.

—¿Es partidario de paralizar la Lomce? 

— No. Si la paralizamos, ¿qué hacemos? No hay plan B, por tanto sería irresponsable. En España muchas decisiones educativas provienen de la ideología de partido. Todos estamos a favor de un gran pacto de Estado, pero eso es algo lento. No ganamos nada paralizando la Lomce, cuando encima estamos en una situación crítica. No podemos permitirnos estas tasas de fracaso escolar, tampoco a nivel económico. Porque cuando una persona no finaliza sus estudios, el Estado le va a tener que ayudar permanentemente, va a haber más gasto sanitario, pequeña delincuencia…

—¿Le convencen las famosas reválidas?

— La Lomce no habla de reválidas, sino de pruebas externas. ¿Acaso la Selectividad no es lo mismo? Vale que la aplicación está siendo nefasta. Pero bueno, en cuanto a las necesidades educativas especiales, esta ley es un corta y pega de la anterior, así que no hemos ganado ni perdido nada.

—¿Qué le parece el método Montessori? 

— Es muy antiguo, aunque ahora esté de moda. A mí me parece correcto, siempre y cuando la gente sepa lo que hace. Con un profesorado preparado, unos padres informados y sin publicidades excesivas, está bien. Ha demostrado cierta validez científica, aunque tampoco es el secreto de Maná. En los último años es habitual que cada dos por tres nos sorprendan con una nueva propuesta: método Thinking, inteligencias múltiples, inteligencia emocional, Motessori… El problema de la innovación educativa es que no es eso. Debemos profesionalizarla.

«Debemos mejorar el acceso a la docencia y la formación de los profesores; ellos mismos admiten sentirse poco preparados»

—Es un gran defensor del marketing educativo, ¿en qué consiste?

— A mí también me sorprendió en el año 2011, cuando lo incorporamos al Colegio, pero nuestra obligación es investigar. Consiste en que los pedagogos puedan trabajar otros campos, como la comunicación del centro parar mejorar el producto y captar nuevos alumnos. Algunos nos acusaron de competencia desleal, incluso de comercializar con los estudiantes. No, hombre, no...

—¿Hay diferencias entre la educación pública y privada a nivel pedagógico?

— No demasiadas, la dotación de orientación es absolutamente tercermundista en ambos casos. En un concertado, es una hora por grupo, pero si tienes cuatro cursos y varias líneas... Hay datos que dicen que el 48% de universitarios no finaliza su grado, con el consiguiente gasto que esto conlleva para el Estado. Buena parte de este fracaso proviene de una mala orientación.

—¿Cuáles son los desafíos más importantes de nuestra educación?

— La formación del profesorado, la dotación de los centros y la elaboración de una ley educativa que no se toque en 50 años. Pero es que para esto necesitamos involucrar a profesores, pedagogos y toda la comunidad educativa. En España se habla mucho de educación, pero realmente a nadie le interesa, porque entonces no se darían determinadas barbaridades.

—¿Y en la Comunitat?

— Vamos a dejarnos de ideologías, así de sencillo. Hablemos exclusivamente de educación. ¿Por qué no terminamos con la  batalla entre concertados y públicos? No existe.  

(Este artículo se publicó originalmente en el número de junio de la revista Plaza)

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