GRUPO PLAZA

el billete / OPINIÓN

No hay derecho

17/07/2022 - 

A principios de enero de 2016, por mediación de Carlos Pascual, vinieron a verme a la redacción Javier Plaza, Juan Añón y José Ramón Chirivella, representantes de la Associació de Juristes Valencians (AJV), para pedir que el Grupo Plaza diera la voz de alarma sobre algo que, según les había llegado desde Madrid, se iba a producir ese mismo año: el Tribunal Constitucional iba a anular tres leyes valencianas –de régimen matrimonial, de uniones de hecho y de custodia compartida–, recurridas dos por Zapatero y la tercera por Rajoy, y eso podía significar en la práctica la pérdida de la capacidad de legislar en materia de derecho civil por parte de Les Corts.

Nos hicimos eco –este periódico es, con diferencia, el que mayor cobertura ha dado en los últimos seis años a la reivindicación del derecho civil valenciano–, pero ya era tarde. Los malos augurios se confirmaron y las tres sentencias cayeron esa primavera dejando a los valencianos, en la práctica, sin capacidad de legislar en materia civil. Una competencia que sí tienen seis comunidades autónomas (Aragón, Baleares, Cataluña, Galicia, Navarra y País Vasco), las seis que, junto a la valenciana, tuvieron un derecho civil propio diferente del de Castilla.

Todo parecía perdido porque todo estaba perdido, como publiqué en un derrotista artículo, pero tras una de las sentencias, José Ramón Chirivella me dijo que aún había una posibilidad de recuperar el derecho civil valenciano: "Tenemos que convencer a los dos grandes partidos de que cambien la Constitución". "Ah, bueno, si solo es eso…", bromeé. Pero él no bromeaba.

El presidente de la AJV es un tipo peculiar. Tiene buen humor, es tenaz, sufridor, no se enfada con nadie y encaja con deportividad los contratiempos. Nada le distrae del objetivo que se marcó un buen día, que es que los valencianos recuperemos las competencias en derecho civil propio. En eso lleva más de seis años, recogiendo las toallas de quienes por hartazgo amagan con abandonar la causa y obligándoles, de buenas maneras, a seguirle.

Concentración de la AJV en València. Foto: EVA MÁÑEZ

La suya es una carrera de fondo en la que sabe que, como en la fábula de Esopo, no por correr más se llega antes. Una carrera con cada vez más acompañantes pero que en realidad disputa en solitario porque si él no estuviera la causa estaría muerta y enterrada.

Seis años en los que ha logrado el apoyo de más de 500 ayuntamientos, casi todos los de la Comunitat Valencia, de las tres diputaciones, de Les Corts, de patronal, los sindicatos y decenas de organizaciones de la sociedad civil, además de los principales partidos valencianos: PSPV, PP, Compromís y Unides Podem.

Parafraseando a Almodóvar cuando regresó a los Premios Goya en 2010 por la insistencia de Álex de la Iglesia: "Tenéis un presidente muy pesado". Chirivella es perseverante, no se rinde ante la adversidad ni desfallece si un día va poca gente a la concentración en la plaza de la Virgen –al poco monta otra en Madrid– o si Puig olvida mencionar el derecho civil en un discurso importante. Otros muchos profesionales de prestigio, especialmente del mundo del derecho, mueven hilos para lograr el objetivo, pero él es la gasolina que hace girar la rueda.

"Como consigamos recuperar el derecho civil, hay que ponerle una calle a Chirivella", le dije el jueves pasado a mi compañero Ximo Aguar. Nuestro jefe de Política estuvo desde el miércoles y toda la jornada del jueves siguiendo al minuto la negociación entre partidos para conseguir que el Congreso de los Diputados, en el Debate sobre el Estado de la Nación, aprobase una propuesta de resolución de Compromís instando al Gobierno a promover, junto a la reforma del artículo 49 de la Constitución –sustitución de la palabra "disminuidos" por "personas con discapacidad"– la introducción de una frase que permitiría la recuperación del derecho civil valenciano.

Joan Baldoví. Foto: JESÚS HELLÍN/EP

Lo que se votaba no iba a cambiar nada, era una propuesta de resolución, pero si PSOE y PP votaban a favor, su posición quedaría en cierto modo comprometida para el día que se vote la reforma del artículo 49 en la que los dos partidos están de acuerdo.

En el Congreso estaba José Ramón Chirivella, de invitado pero trabajando más que muchos diputados, hablando con parlamentarios valencianos del PP y del PSOE –hasta con el ministro Bolaños, que debía dar el plácet del Gobierno– para que convencieran a sus grupos. No era fácil porque Joan Baldoví cometió un primer error de principiante, que fue juntar en una misma iniciativa esa propuesta con otras que ninguno de los grandes partidos podía apoyar. Después de más de diez años en el Congreso, el diputado de Compromís debería saber que juntar churras con merinas en una propuesta de resolución es dar argumentos para que no te la aprueben.

Los socialistas Alejandro Soler y Vicent Sarrià encontraron la manera de que su grupo votara a favor, y fue rehaciendo la iniciativa de Baldoví. Después, convencieron a Bolaños con la ayuda de Ximo Puig al teléfono. La nueva redacción seguía siendo imposible para el PP, por su ataque a la política fiscal de Ayuso, lo que hizo inútil cualquier esfuerzo de Belén Hoyo para que su grupo la apoyara. No obstante, los votos del PSOE eran suficientes para sacar la iniciativa adelante.

Hasta que, a punto de iniciarse las votaciones, los diputados alertaron sobre el segundo error de principiante de Baldoví: había olvidado aceptar la enmienda socialista en el plazo estipulado, por lo que la propuesta que se iba a votar era la suya original, que lógicamente fue rechazada.

Concentración frente al Congreso por el Derecho Civil Valenciano. Foto: DAVID SABADELL

"No hay derecho", pensé, sintiéndolo más por Chirivella y todos sus compañeros de viaje que por la mayoría de los valencianos a los que no les importa si tenemos más o menos autogobierno. Con la satisfacción del deber cumplido y después de haberse hecho la "foto del acuerdo" con los diputados a las puertas del Congreso, el presidente de la AJV viajaba de vuelta en el AVE a València saboreando el triunfo cuando Aguar le llamó con la delicadeza de quien va a comunicar la muerte de un ser querido. 

La incredulidad dio paso al estupor, que le duró lo que tardó el tren en llegar a la Estación Joaquín Sorolla. Sin un reproche ni una mala palabra, como el navegador del coche cuando uno se equivoca de camino, al día siguiente ya había recalculado la ruta y estaba explicando a quien quisiera escucharle cuáles son los siguientes pasos para que los valencianos recuperemos las competencias en derecho civil. No hay derecho, pero José Ramón Chirivella no parará hasta que lo haya.

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