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DISEÑO PARA EL PENSAMIENTO

Nostálgicos del viejo diseño de las naranjas valencianas

La industria de la naranja valenciana fue una de las pioneras en el uso de marcas comerciales y de diseño para expandirse fuera de España, y es precisamente en Holanda donde un grupo de artistas lleva treinta años recuperando todo aquél material gráfico generado en la Comunitat Valenciana

29/10/2018 - 

VALÈNCIA. Donde ha habido industria (y empresarios con visión estratégica) se ha desarrollado el diseño, porque así es como ya desde hace siglos las empresas sabían que tenían un elemento decisivo con el que competir. Y este fue el caso de la naranja valenciana, que ya doscientos años siglos atrás salía al mercado internacional y encontró en el diseño gráfico un arma comercial fundamental para hacer sus marcas memorables.

Las empresas frutícolas tenían nombres poco comerciales y apenas recordables, menos aún para un mercado anglosajón que necesitaba referentes y nombres con cierta épica para conectar. El engaging, el branding y el naming de hoy, que ya lo hacían nuestros bisabuelos, y así es como cerca de los almacenes de fruta se fue confeccionando un tejido de empresas gráficas, desde fábricas de papel a imprentas e ilustradores publicitarios o pintores y grafistas para dar rienda suelta a la creatividad valenciana que desembocó en talleres de litografía especializados en la cartelería de la Feria de Julio y también deFallas.

La etiqueta naranjera fue la reina del primer gran formato comercial de un producto valenciano. Los almacenes lanzaron al mercado miles de marcas que les daban flexibilidad para posicionar unas u otras en distintos mercados, a veces hablando de propiedades, otras con tópicos españoles y hasta con mujeres que recordaban a actrices de Hollywood, y con estas etiquetas se estampaban las cajas que contenían las naranjas y hasta el papel de seda que las protegía,todo generalmente con diseños muy coloridos para llamar bien la atención.

Toda esta gráfica de las naranjas narra muy bien la evolución estilística a lo largo de varias décadas, donde se ven desde trabajos más básicos usando stencils hasta recreaciones casi fotorrealistas en paralelo a la evolución técnica que permitía el uso más complejo de la tipografía. Del modernismo a las vanguardias fue la edad dorada de estos formatos, un pequeño porcentaje de los cuales podemos disfrutar aún gracias a coleccionistas privados y próximamente en un Museo de la Naranja que reabrirá sus puertas seis años después de echar el cierre por impagos de las entidades que lo mantenían desde que se inauguró en 1995.

Una de las regiones de exportación que la naranja valenciana tenía en el mapa eraHolanda. Tanto que algunas empresas de aquí crearon nombres y marcas expresamente para los Países Bajos, que desde 1717 que data el primer envío desde Sagunt se estuvieron desembarcando cajas y cajas de naranjas de Carcaixent, Alzira, El Verger, Burriana o València.

Y trescientos años después de aquél primer envío a Holanda nos encontramos con precisamente una pequeña comunidad de artistas holandeses que se dedica con sus obras a recuperar el valor de aquellas gráficas de naranjas valencianas de la que ya no queda constancia en la Comunitat Valenciana. De fuera vienen, una vez más, a darnos lecciones de valor sobre lo que somos y tenemos y que no explotamos por culpa de este meninfotisme a la vez tan nuestro.

Anthonie Heynsius es un holandés que se ha dedicado los últimos 30 años a buscar y clasificar precisamente estas cajas de fruta, sin saber que prácticamente en su totalidad eran importadas del mismo punto del planeta, la Comunitat Valenciana. Primero los mercados de fruta y después los rastros, fueron lugares de peregrinaje para Anthonie que en la actualidad almacena miles de cajas, algunas de las cuales reconvierte en estanterías, biombos o cómodas, y desde hace un par de años está con él Anita Nijman, que se define como su aprendiz y recoge su legado.

Esta diseñadora gráfica se enamoró de estas cajas de naranjas valencianas desde que las vió por primera vez en el almacén de su maestro, y desde entonces le acompaña entusiasmada en esta labor de conservación y por otro lado de dar una segunda vida a los contenedores diseñando elementos para el hábitat, pero sobretodo elementos de pequeño tamaño como joyeros, cajas de música o buzones, productos impregnados de la esencia de las marcas de naranjas valencianas.

Anita ha venido a València a pasar una temporada, un viaje en el que pretende encontrar alguna caja más para su colección, mejorar su español y también indagar en los almacenes que aún hoy siguen abiertos, como los alicantinos Hijos de José Felis que firman la marca que es su favorita, la de las naranjas Lunch. Tiene muy claro su interés con estas cajas: “Because theyre so beautiful!”exclama con los ojos muy abiertos mientras sigue contando sobre este grupo de holandeses que comparten afición.

Nijman me habla de otro artista local, Luitzen Zandbergen, que también recupera estas antiguas cajas frutícolas (gran porcentaje procedentes de nuestra terreta) pero es mucho más meticuloso en sus creaciones, e incluso ha editado un libro (en estuche de madera reciclada de cajas, claro)con sus obras. Por lo visto este otro holandés con nostalgia valenciana tiene la colección más amplia en la zona.

Anthonie, Anita y Luitzen están rescatando las desaparecidas cajas de naranjas valencianas con una labor realmente impagable y totalmente desconocida en el origen de todos estos materiales. Anita es quien ha iniciado ahora el acercamiento, obligada a venir a buscar sobre el tema al no poder encontrar prácticamente nada de historia online, y es que los datos, al igual que tantísimos originales, se perdieron en la gran riada de 1957 e incluso cuesta encontrar libros especializados (donde destacan Vicente Abad y Tomás Viana como los grandes investigadores en la materia).

En su causa, Zandbergen dio hace años con otro aficionado a la iconografía de las naranjas y frutas del siglo pasado,este afincado en Francia, Jean-Yves Pennec, un artista que aunque ha utilizado envoltorios y cajas para algunos collages, principalmente usa las marcas de naranjas valencias como inspiración y recurso para su obra plástica.

Una gran decepción de Anita al llegar a València fue descubrir que sus temores eran ciertos y ya no existe ese cuidado de antes por la gráfica de las marcas. “Lo moderno es aburrido”, claudica, y no puede tener más razón, cuando de hecho fueron los plásticos con su llegada en los sesenta, las mallas y los formatos a granel lo que acabaron con las técnicas y la profesionalización previa del diseño.

Toda esta gráfica naranjera no volverá, ni sus especiales formatos tampoco, pero no los perdamos y aprendamos esta gran lección de los holandeses que vieron antes que nosotros la belleza vintage de las marcas de naranjas.

Por cierto, para hacer más épica esta aventura a ciegas de la diseñadora Anita Nijman, antes de ponerse al volante a emprender el viaje por carretera preparó su viejo Nissan y no sólo lo cargó con algunas de sus cajas favoritas sino que lo customizó basándose en su etiqueta naranjera preferida. Arte con ruedas lo llama, y es probablemente el mejor elemento comunicativo del sector frutícola que surca las carreteras valencianas desde el siglo pasado.

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