Antes de que el eclipse inunde nuestras pantallas: así lo filmó el cine valenciano en 1905

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UNA CINTA PERDIDA

Ángel García Cardona llevó, junto a la Casa Cuesta, su cámara hasta Porta Coeli para registrar el fenómeno. La película se estrenó poco después, pero hoy no se conserva

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VALÈNCIA. “El eclipse es la obsesión general”, contaba la prensa en 1905. “En algunos momentos, el excesivo interés popular hizo que se tuvieran que tomar medidas de contención”, añade M. Encarnació Soler i Alomà en su investigación sobre aquel episodio. Había tanta gente que hubo que impedir que los curiosos se agolparan alrededor de los aparatos de observación y molestaran a los astrónomos. Mientras tanto, en València muchos comercios, oficinas y fábricas decidieron cerrar durante unas horas, al menos el tiempo que durase el eclipse, para no perderse aquel hito. Trenes y tranvías trasladaron, por su parte, a numerosos visitantes hasta distintos puntos de las provincias de Castelló y València para contemplar el fenómeno.

Más de un siglo después, la expectación ante el eclipse del próximo 12 de agosto no es muy distinta de la que se vivió entonces, con hoteles llenos ya y ciudades preparadas para recibir todavía más turistas. 

Lo que sí ha cambiado es la cantidad de cámaras que registrarán el momento. Frente a los miles de vídeos que se grabarán en unos días -aunque los expertos advierten que hace falta utilizar un filtro específico para no dañar el sensor del teléfono-, en 1905 solo hubo cinco filmaciones sobre el eclipse en España, o al menos esas son las que se conocen. Una de ellas fue obra del valenciano Ángel García Cardona, quien se desplazó hasta Porta Coeli, a unos 40 kilómetros de València, para rodar Eclipse de Sol.

  • Viñeta de Apel·les Mestres sobre el eclipse de 1905. Imagen extraida del libro A proposito de Cuesta -

Los otros fueron Santiago Feliu, de la casa Napoleón, y el fotógrafo Riba, que trabajaron en Vinaròs junto al astrónomo Josep Comas i Solà; Bartomeu Oller, que filmó desde Roquetes, en Tortosa, para la firma Macaya; Miquel Utrillo, situado en Alhama de Aragón, y Josep Truyol, que registró el fenómeno en Palma de Mallorca por encargo de una comisión escocesa. Cinco rodajes repartidos por distintos puntos del país para intentar atrapar un fenómeno que apenas duró unos minutos. 

El mapa de aquellas filmaciones queda recogido en el artículo El eclipse de 1905, una novedad para el cine español, incluido en el libro de la Filmoteca Valenciana A propósito de Cuesta. Escritos sobre los comienzos del cine español (1896-1920), coordinado por Juan Ignacio Lahoz Rodrigo y publicado en 2010.

Un pionero en Porta Coeli

Que Ángel García Cardona estuviera detrás de la cámara aquel 30 de agosto no fue una casualidad. El cine apenas había comenzado a caminar, pero el valenciano llevaba ya varios años trabajando con aquellas primeras imágenes en movimiento. “El eclipse supuso un reto y un pretexto para las incipientes productoras, que enviaron sus operadores a tomar imágenes a los sitios más interesantes, seguras del favor del público que gozaba enormemente al ver, con una rapidez que ya empezaba a ser notable, las imágenes correspondientes al acontecimiento de apenas unos días antes”, escribe M. Encarnació Soler i Alomà.

En su caso, Cardona era fotógrafo de profesión y estaba acostumbrado a retratar fiestas, acontecimientos populares y escenas urbanas. En 1899, apenas año y medio después de la llegada del cinematógrafo a València, abrió un salón en la calle de las Barcas. “Durante todo ese tiempo es él quien está haciendo cine en València”, afirma Nacho Lahoz, historiador especializado en cine mudo español y antiguo jefe de conservación de la Filmoteca Valenciana.

En 1905 su camino se cruza, además, con el de la Casa Cuesta, conocida comercialmente como Films H. B. Cuesta. La empresa había nacido como una droguería en la plaza del Mercado, pero con el tiempo amplió su actividad al negocio de la fotografía. Fue entonces cuando ambos confluyeron. Casa Cuesta aportaba la estructura empresarial y García Cardona la experiencia detrás de la cámara. “Aunque el artífice era Ángel García Cardona”, puntualiza Lahoz.

Empezaron a trabajar juntos aquella primavera. Primero llegó un reportaje sobre la visita de Alfonso XIII a València; después, otro sobre la Feria de Julio; y el siguiente gran acontecimiento fue el eclipse. Su colaboración continuaría con otros géneros, desde los reportajes de actualidad hasta el documental taurino. En 1906 García Cardona rodó El ciego de la aldea, una de las primeras películas de ficción conservadas del cine español.

“La trayectoria de Ángel García es muy importante”, subraya Lahoz. El ciego de la aldea mostraba ya cierta sintonía con la evolución formal del cine europeo. “No es que estuviera a la última, pero se ven rasgos más modernos en sus planteamientos de filmación”. La cámara empezaba a hacer algo más que colocarse de frente y registrar lo que ocurría.

Pero antes de dar ese salto a la ficción, García Cardona llevó su cámara hasta Porta Coeli. La elección tampoco fue casual. “Era un punto de observación muy relevante a nivel internacional”, recalca Lahoz. Hasta el entorno de la antigua cartuja se habían desplazado científicos de distintos países y allí instaló su campamento una comisión estadounidense.

La expectación hizo el resto. Según recoge A propósito de Cuesta, el lugar estuvo muy concurrido y durante aquella jornada se tomaron numerosas fotografías y ‘vistas cinematográficas’. Entre ellas estaba la película de García Cardona, que había llegado hasta Porta Coeli con el equipo y los ayudantes necesarios para registrar el eclipse.

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Un estreno casi inmediato

¿Y qué pasó después? Podría pensarse que la película tardó semanas, o meses, en estrenarse ante el público, pero la realidad es que su estreno fue casi inmediato. Eclipse de Sol se exhibió el 31 de agosto en el Salón Novedades de València. Pero no quedó ahí la cosa, porque el film también se proyectó en uno de los cines barceloneses que en aquellos años gozaba de más prestigio como era la Casa Napoleón. La prensa informó además del envío de cintas a otras ciudades europeas.

Esto fue así porque García Cardona contaba con una ventaja: tenía un laboratorio propio y Casa Cuesta estaba especializada en fotografía. Podían filmar, revelar y enseñar la cinta mientras el eclipse todavía estaba en boca de todos. “Una de las cosas que tenían era la inmediatez. Aprovechaban el acontecimiento y el interés que generaba para difundir rápidamente las imágenes”, señala Lahoz.

Hoy, sin embargo, no podemos ver aquellas imágenes. La película no se conserva y su historia ha tenido que construirse a partir de noticias y reseñas publicadas en 1905 y años posteriores. Son esos textos los que permiten saber qué filmó García Cardona y cómo una cinta rodada desde Porta Coeli terminó mostrando aquel eclipse dentro y fuera de València.

El próximo 12 de agosto ocurrirá justo lo contrario. Imágenes habrá muchísimas, pero queda por ver cuáles de ellas seguirán contando la historia dentro de otros 121 años. 

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