Burguitos: "Seguramente no he tenido el reconocimiento que me habría gustado, pero ya no me importa"

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Los cines Babel acogen el próximo 30 de octubre el estreno del documental Al límite de la ciudad donde se repasa la trayectoria de más de cuatro décadas del músico, ilustrador y dibujante de cómic valenciano

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VALÈNCIA. Fernando Burgos Cólliga, conocido artísticamente como Burguitos, es consciente de que su condición de outsider irredento le ha proporcionado una libertad creativa ilimitada, aunque al mismo tiempo ha estrechado los horizontes de una trayectoria que probablemente podría haber llegado a muchas más personas, y a lugares más lejanos. Desde finales de los años setenta hasta la actualidad, el músico, ilustrador y dibujante de cómic valenciano ha construido una carrera ecléctica, multidisciplinar y deliberadamente desvinculada de las corrientes estilísticas y escenas culturales que sí encontraron acomodo dentro del sistema. La movida madrileña, sin ir más lejos.

“Si pudiera volver atrás, seguramente tomaría otras decisiones. Siempre me ha quedado la espinita de no haberme ido a Madrid en los años ochenta; de no haber aprovechado ese momento tan bueno que me pilló en plena juventud. Barajé la opción, pero es que me agobiaba mucho esa ciudad, había mucho caos. Yo estaba más cómodo en Valencia, donde controlaba muy bien cómo funcionaba todo”, confiesa Burguitos, con el que hablamos con motivo del documental sobre su vida que se estrenará el 30 de octubre en los cines Babel a las 20 horas. La presentación correrá a cargo del periodista cultural y escritor Eduardo Guillot y contará con la presencia de Burguitos junto al músico Carlos Sanchis, director de la cinta, junto a los productores Paco Barreda y Paco Martí.

El documental -que recoge testimonios de diversos músicos, artistas plásticos y escritores como Abelardo Muñoz, Ricardo Esteve o Arístides Rosell- toma prestado el título de una de sus canciones, “Al límite de la ciudad”, para aludir a ese extrarradio mental y geográfico en el que siempre se ha movido Burguitos. A lo largo de 47 minutos, le vemos caminando por su barrio de toda la vida, en las inmediaciones de la Avenida del Cid; preparando un concierto en una pequeña sala de la ciudad, o trabajando en su casa, donde disfruta de una vida solitaria e hiperactiva. Es el refugio donde compone canciones, moldea esculturas, dibuja historietas y crea películas animadas con IA a partir de sus propios dibujos.

El “ramalazo cómico”, que es sin duda otra de las claves de la obra gráfica y musical de Burguitos, viene de familia. De hecho, ese nombre artístico es un homenaje a su padre, el célebre humorista y cómico musical de espectáculos taurinos conocido como El Gran Burguitos. “El humor es un hilo conductor que siempre está ahí, aunque cuando más se evidencia es en mis actuaciones en directo. En las letras de mis canciones puedo ser a veces un poco más reivindicativo y otras más intimista, pero siempre hay algo en clave de humor”.

La sátira social también se aplica a su universo gráfico, muy influenciado por figuras del cómic francés como Moebius, Enki Bilal y por referentes del underground norteamericano como Robert Crumb. En sus dibujos, la ciencia ficción y el costumbrismo valenciano a menudo van de la mano; pensemos por ejemplo en Cráneo de fallera radioactiva, de 1978, obra que el IVAM incluyó en la exposición Contracultura: resistencia, utopía y provocación en València de 2020. 

Trayectoria musical

La trayectoria musical de Burguitos arranca a finales de los años setenta con el grupo Piedras en el Riñón y continúa durante los ochenta con formaciones como Combo Potombo, Stilo Gráfico y Castafiore Swing. Burguitos siempre estuvo cerca de donde ocurrían las cosas, pero sin involucrarse plenamente en ellas. 

En los años dorados de la movida valenciana, aprovechó la proliferación de bares y pequeñas salas de conciertos donde un mismo grupo podía actuar tres o cuatro veces al mes -cosa impensable hoy en día-. Sin embargo, sus grupos no encajaban realmente con la nueva ola, con el punk, ni con la onda gótica ni ninguno de los estilos que definían la nueva modernidad. Burguitos, por así decirlo, no quería cardarse el pelo. Su música, además, era muy ecléctica y no encajaba en los parámetros de la industria musical del momento. “En la época de Stilo Gráfico tuvimos un manager y se intentó contactar con alguna discográfica, pero a mí todo ese rollo de la industria me agobiaba”, explica él mismo.

A pesar de ello, el talento compositivo de Burguitos encontró a un público fiel que se enganchó a las letras de sus canciones, protagonizadas por personajes anónimos envueltos en situaciones de la vida diaria. De ahí que a menudo se le describa como “cronista urbano”.

A finales de los ochenta, Burguitos inició su proyecto en solitario donde mezclaba todavía más estilos: pop, son, rumba, blues, raíces flamencas, músicas latinoamericanas, ritmos africanos…. La discografía de esta última etapa, en la que ha contado con músicos como el violonchelista Matthieu Saglio, el batería Jesús Gimeno, el acordeonista Carlos Sanchis y la instrumentista y cantante Ana Carrasco, incluye los elepés Agotado (1998), Zoológico imaginario (2002), Por los besos que me das (2007), El tiempo que se retrasa (2013), Asepsia (2020) y De masa madre (2024). 

“Viéndolo todo con perspectiva -concluye Burguitos-, tengo suerte porque no he tenido ningún tipo de presión. He hecho siempre lo que he querido y me he tomado mi tiempo entre disco y disco: una media de cinco años. He tenido siempre la libertad para crear a mi manera. Y sí, seguramente no he tenido todo el reconocimiento, la fama ni el dinero que me habría gustado, pero ha llegado un momento en que eso ha dejado de importarme”.

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