El proyecto olvidado en Campanar que soñaba con una València llena de vivienda accesible

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VALÈNCIA A TOTA VIROLLA

En el barrio de les Tendetes, poco después del mayo del 68 y a lomos del Movimiento Moderno, unas pequeñas casas modulares imaginaron un futuro donde la ciudad se llenaba de viviendas sociales modulares

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VALÈNCIA. El rastro de GO.DB no se acaba nunca. En eso se parece a València. Aquel estudio de arquitectura, el que llegó a albergar 200 empleados en el interior de un platillo volante en mitad de la huerta de El Puig, el que inventó una València moderna entre los sesenta y setenta, el que, llegando desde Asturias como si vinieran de otro planeta, levantó el colegio Guadalaviar, el Nuevo Centro, Les Gavines en el Saler, Lanas Aragón o los edificios de Álvaro de Bazán con Jaume Roig, aquel estudio y aquellos arquitectos que respondían a la suma de García-Ordóñez y Dexeus Beatty, siguen entre nosotros. Solo hay que esperar a la puerta de sus edificios para que los nuevos debates les alcancen. 

En Tendetes, donde Campanar, en concreto en la calle Bergantín, y con el nombre -también marciano- de M-IV-SIC, el futuro les ha vuelto a alcanzar. Si los vídeos y los discursos en torno a movilizar el capital inmobiliario suficiente como para construir casas a gogó no paran de sucederse, hace casi sesenta años los GO.DB buscaron profundizar en los detalles. ¿Pueden hacerse muchas casas en muy pocas horas?, se preguntaban. Y se contestaron con una demostración: una mañana de noviembre, del 68, como si fuera mayo, buscaron tumbar el orden constructivo preestablecido, y cual Guastavino incendiando edificios en Nueva York (para demostrar que no se quemaban), García-Ordóñez y Dexeus procuraron que los capitostes vieran con sus propios ojos de qué manera una vivienda podía cobrar cuerpo en lo que dura un partido de fútbol. 

En plena alianza con el Ministerio de Vivienda, y motivados por la necesidad de construir viviendas económicas que respondieran al desplazamiento continuado de población hacia las grandes y medias ciudades, estos visionarios -con una fe inconmensurable, vinculados al Opus Dei- encontró en el ensamblaje edificatorio una fórmula cargada de futuro. O eso creían. 

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Al igual que en las cadenas de montaje de los automóviles, GO.DB imaginaba que los métodos industriales aplicados a la arquitectura llegarían para quedarse y terminarían por abaratar los costes de construcción. Con la influencia visible de Miguel Fisac en sus planteamientos, prácticamente fue a través de García-Ordóñez y Dexeus que este nuevo lenguaje comenzó a vocalizarse en la ciudad. 

Muy cerca del PROP, también del Nuevo Centro -su nave nodriza-, el experimento luce hoy como un fósil, encerrando en el tiempo pero encapsulando un mensaje que el paso del tiempo solo ha hecho que reclamar. Ocho viviendas experimentales, ocho viviendas procurando “facilidades a la clase obrera con escasos recursos” para permitir que pudieran “acceder a un alojamiento de promoción libre”, escriben Maite Palomares y Ana Portalés, en Viviendas en hormigón prefabricado. La experiencia de GO.DB. en Campanar. 

Lejos de una ocurrencia, o de un atrevimiento silvestre, el arrojo de GO.DB estaba impulsado por el Instituto Nacional de Vivienda, quien tras el prototipo M-III, dio paso a la operación en Tendetes, concebida como un ensayo de laboratorio, un intento de confirmar que aquello que se observaba sobre una muestra pequeña, podría funcionar a lo grande. ¿Por qué no imaginar València repleta de estos módulos que dignificaran las viviendas sociales y, sobre todo, permitieran expandir la ciudad ágilmente? 

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El arrojo requería una nueva visión. La modulación tridimensional permitía concebir organizaciones apenas vistas para los espacios, sustituyendo “la estructura típica de pórticos por cajones prefabricados”, explican Palomares y Portalés. La creencia de García-Ordóñez en ‘lo nuevo’ le hace concebir soluciones apenas practicadas. De ahí que no podamos entender su afán por industrializar la vivienda como un fin, sino como el medio para representar las enseñanzas arquitectónicas que responden a su tiempo, las del Movimiento Moderno, como escribe Cortina Maruenda al respecto: “Los sistemas industriales (…) son solamente los instrumentos con los que hacer arquitectura”. Tanto él como algunos de sus principales aliados del Moderno creen entonces que es una cuestión de superviviencia: “…estamos plenamente convencidos del riesgo de muerte que se cierne sobre la arquitectura tradicional si no cambiamos antes los medios de producción”, llegó a enunciar el propio García-Ordóñez. 

Toda la fe en los módulos tridimensionales (Modul-Arch) que debían servir para concebir la arquitectura en ciernes, en la vivienda pero también en las superficies comerciales, educativas… Las piezas que se unen y que una vez conectadas permiten la armonía, en Tendetes se configuraron a través de una solución casi minimalista de “vigas habitables” perpendiculares a fachada para dar forma a viviendas de 75 metros cuadrados. Como rememoran Maite Palomares y Ana Portalés, en la experiencia lab de Campanar los módulos se ejecutaron a pie de obra, sin transporte, gracias a “un espacio adyacente al solar destinado al montaje de una planta de fabricación”. Una cadena de ensamblaje echando a rodar: “Los Elementos Modulares eran la envolvente donde instalar las piezas interiores que se colocaban en serie desde las líneas de montaje, agrupadas según tipos. Para ello, se instalaron tres vías sobre las que se desplazaban unas plataformas, consiguiendo un sistema de producción fácil y económico”. Podría parecer una operación discreta, pero supuso toda una movilización de la que da cuenta la implicación de Renfe, quien dispuso sus vías para el transporte de elementos modulares, formando parte de la cadena de montaje. 

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Y el 22 de noviembre de 1968, el montaje funcionó. Con el Gobernador, los técnicos del Ministerio y la prensa por testigos, cada módulo se enlazaba en quince minutos. Una vivienda de diez módulos en dos horas. Tendetes llamando al futuro: mayor calidad de las viviendas, menos costes, más oportunidad de tener casa.

El resultado del experimento podría considerarse un fracaso, en cuanto a que apenas pudo reproducirse. En parte porque era una arquitectura a la que la sociedad -como escribe Cortina Maruenda- le confería escaso valor: producía “una rápida asociación” con las ideas de “barracón”. De hecho en parte de estas viviendas de Tendetes se buscó rebajar la apariencia industrial. Fundamentalmente aquel intento de industrialización que buscaba dar la vuelta al contexto, fue víctima del mismo. Con una “falta de mano de obra especializada y con escasos recursos para su modernización”, según Palomares y Portalés. 

Los habitantes del experimento de Campanar, en buena parte antiguos empleados de la oficina de GO.DB, además de conservar un cierto orgullo de pertenencia por aquel propósito venido del futuro, son el testimonio de unos visionarios de la arquitectura moderna que, hace casi sesenta años, quisieron preguntarse por el ‘cómo’ y no solo por el ‘cuánto’. 

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