MADRID (SERVIMEDIA). El valor de las piezas de lujo se define cada vez más por el 'savoir-faire', el trabajo manual y los oficios especializados, frente a la velocidad de las tendencias y la producción inmediata. Un informe de EY corroboró esta tendencia al señalar que más del 70% de los clientes de este mercado está impulsado por el deseo de disfrutar de productos de alta calidad.
Durante mucho tiempo, el lujo se explicó a través de la exclusividad y el reconocimiento de una firma, pero una parte creciente de su valor se encuentra ahora en el proceso previo a que la pieza llegue al escaparate, como la selección de materiales, el dominio de una técnica o la precisión de los acabados. Así lo corroboran los datos del 'Luxury Client Index' de EY, que señala que más del 70% de los clientes de lujo están impulsados principalmente por el deseo de disfrutar de productos de alta calidad.
La reciente celebración de la alta costura en París situó de nuevo el trabajo manual y los oficios especializados en el centro de la conversación del sector. En paralelo, iniciativas como 'Les Journées Particulières' de LVMH, cuya próxima edición se celebrará en octubre, confirmaron el interés por mostrar aquello que habitualmente permanece fuera de la mirada del cliente.
Talleres, archivos, manufacturas y procesos de creación permiten explicar qué sostiene el valor de un objeto de lujo. En los últimos años, el grupo también ha impulsado proyectos como 'Les De(ux) Mains du Luxe', organizado junto al Comité Colbert, donde firmas como Louis Vuitton, Dior, Celine o Guerlain acercan al público técnicas de marroquinería, costura, perfumería y acabados artesanales.
EL 'Savoir-faire' en alta joyería
En el sector de la alta joyería, esta mirada hacia la artesanía se concretó en procesos donde la elección de las gemas motiva el diseño y la estructura busca un equilibrio entre estética, comodidad y seguridad. En casas internacionales como Cartier o Tiffany & Co. la atención al detalle forma parte de la identidad, donde el diseño, la selección de gemas y la precisión técnica han contribuido a construir piezas asociadas a la permanencia.
En España, firmas como RABAT reflejan esta evolución a través de una cuidada selección de diamantes naturales y gemas certificadas, donde excelencia, conocimiento gemológico y responsabilidad convergen. Cada piedra se escoge de manera individual, atendiendo a criterios de singularidad, calidad y proporción, desde las 4 Cs —color, claridad, corte y quilataje— hasta la adecuación de cada gema al diseño final.
En un mercado cada vez más atento a aquello que justifica el valor de una pieza, ese interés por la calidad vuelve a ganar peso todo aquello que la hace posible: los materiales, el oficio y la precisión de los acabados.
En RABAT, este enfoque se completa con diamantes certificados por GIA y procedentes de origen ético garantizado bajo el Proceso de Kimberley, además de su pertenencia al 'Responsible Jewellery Council', que sitúa a la firma dentro de un marco internacional de buenas prácticas compartido por algunas de las principales marcas del sector.
El valor de una pieza no reside solo en aquello que puede observarse, aseguran desde la firma, sino también en todo lo que sostiene su creación. El 'savoir-faire' recuerda que determinadas piezas requieren tiempo, criterio y una precisión que forma parte de su permanencia.