MADRID (SERVIMEDIA). Portugal es el país con mayor representación en la lista de los diez grandes refugios climáticos naturales de Europa elaborada por Forbes España, al situar Azores, Madeira y Sintra entre los destinos europeos que mejor conservan un verano templado frente al avance de las olas de calor.
El reportaje, publicado bajo el título ‘Los diez refugios climáticos de Europa: el nuevo lujo del siglo XXI’, analiza cómo el cambio climático está comenzando a modificar las preferencias turísticas y residenciales en el continente y sostiene que el confort climático se perfila como un nuevo factor de atractivo para determinados territorios.
Portugal concentra tres de los diez destinos seleccionados (30%), la mayor representación por países de la clasificación, por delante de Francia, que también aporta tres enclaves, mientras que España, Italia, Alemania y Reino Unido cuentan con un representante cada uno.
El análisis destaca que el 60% de los destinos incluidos en la selección se sitúan en la fachada atlántica europea, donde la combinación de océano, montaña y grandes masas forestales genera microclimas capaces de amortiguar las temperaturas estivales incluso durante las olas de calor más intensas.
Entre los destinos portugueses seleccionados, Azores destaca por la extraordinaria estabilidad de su clima oceánico. Situado en pleno Atlántico, el archipiélago disfruta de una reducida amplitud térmica durante todo el año, elevada humedad ambiental y una naturaleza volcánica que ha favorecido su posicionamiento como uno de los principales destinos europeos de turismo sostenible, naturaleza y bienestar.
Madeira figura también entre los grandes refugios climáticos europeos gracias a la influencia de los vientos alisios, el océano Atlántico y su relieve volcánico, que mantienen temperaturas suaves durante todo el año. Estas condiciones han permitido conservar la Laurisilva, uno de los bosques subtropicales más antiguos y mejor preservados del planeta, considerado uno de los grandes tesoros naturales de Europa.
El tercer destino portugués es Sintra, probablemente el caso más singular de Europa continental por combinar un microclima excepcional con un extraordinario patrimonio histórico y paisajístico. Situada a apenas 20 minutos del Aeropuerto Internacional Humberto Delgado de Lisboa, a unos 30 minutos del centro de la capital portuguesa y a solo 15 minutos de Cascais, Estoril y algunas de las playas más conocidas del litoral atlántico, Sintra mantiene durante el verano temperaturas habitualmente varios grados inferiores a las registradas en Lisboa gracias a la interacción entre el Atlántico, la Sierra de Sintra y una extraordinaria masa forestal.
Otro elemento diferencial es que Azores, Madeira y Sintra albergan bienes inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, reforzando su atractivo internacional tanto por su riqueza natural como cultural.
En Azores, el centro histórico de Angra do Heroísmo, en la isla de Terceira, fue inscrito como Patrimonio Mundial en 1983 por su papel estratégico durante la expansión marítima portuguesa, mientras que el Paisaje de la Cultura de la Viña de la Isla de Pico obtuvo el reconocimiento en 2004 por su singular adaptación al paisaje volcánico.
En Madeira, la Laurisilva fue declarada Patrimonio Mundial en 1999 por constituir uno de los bosques subtropicales más antiguos y mejor conservados del mundo. Por su parte, Sintra fue inscrita en 1995 como Paisaje Cultural Patrimonio Mundial, siendo el primer paisaje cultural reconocido por la Unesco en Europa, gracias a la excepcional integración entre naturaleza, arquitectura romántica y patrimonio histórico, con enclaves emblemáticos como el Palacio da Pena, el Castelo dos Mouros y la Quinta da Regaleira.
Según destaca Forbes España, el creciente interés por este tipo de destinos responde a una tendencia que trasciende el turismo. La expansión del teletrabajo, el envejecimiento de la población europea y una mayor preocupación por la salud y la calidad de vida están llevando a un número creciente de compradores internacionales y familias que buscan una segunda residencia a valorar el confort climático como un nuevo atributo residencial.
La publicación concluye que, en un escenario marcado por el aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia de las olas de calor, territorios capaces de ofrecer noches frescas, abundante vegetación y temperaturas moderadas durante el verano podrían reforzar progresivamente su atractivo turístico e inmobiliario, convirtiendo el clima en uno de los activos naturales más valiosos de Europa.