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políticos al habla / OPINIÓN

Orgullo valenciano

6/02/2019 - 

El pasado fin de semana el Consell ha celebrado su seminario semestral, cónclave de puesta en común de las tareas cumplidas y de los compromisos de futuro del gobierno valenciano. Se trata de una de las novedades del cambio: contar con un gobierno que planifica y evalúa su trabajo.

El repaso de la evidente mejora de la situación económica, con un crecimiento del 11,1 %, de la creación de empleo por encima de la media estatal. Todo ello con unas políticas presupuestarias realmente sociales que confirman el éxito de la fórmula, a saber, que las políticas sociales reparten bienestar y mejoran la economía del conjunto de la sociedad.

Conviene recordar que todo ello se ha hecho con una financiación insuficiente, pendiente desde 2014 de revisión por el Gobierno estatal, y cuyo resultado injusto hacia nuestra Comunitat ya nadie cuestiona.

Una de las claves a destacar del éxito ha sido contar con los ayuntamientos que, coordinados con la Generalitat, se han implicado en la tramitación de las ayudas sociales, también en la mejora de las infraestructuras educativas y sanitarias, para acelerar las mejoras urgentes en esta Comunitat que venía del despilfarro y la corrupción del PP, y teníamos prisa por salir adelante.

Las elecciones ya están ahí y el tablero se vuelve a poner a cero y todo es posible. La posibilidad de un pacto de las derechas a la andaluza está en boca de todos. Pero cualquiera que observe los datos y mire hacia atrás con objetividad no puede dar crédito a la posibilidad de que la derecha que arruinó esta Comunitat pueda volver a gobernar.

Sin embargo, la política autonómica es desconocida para mucha gente, y son los mensajes y debates estatales los que orientan buena parte del voto, cuyo contenido emocional se superpone al racional. Es más, los estudios indican que el miedo es la clave para lograr cambiar la opción política. Algunos abusan de éste sin pudor ni medir las consecuencias.

Ese es el motivo por el que los mensajes de la oposición alcanzan elevados niveles de violencia verbal carentes de todo fundamento y se oyen acusaciones como "amigos de terroristas" o "pacta con los golpistas", ejemplos del argumentario del PP y Cs.

La líder del PPCV, Isabel Bonig, protesta en un pleno de Les Corts. Foto: KIKE TABERNER

En esta línea a aprender valenciano lo llaman catalanizar y de ahí ya se pasan sin rubor alguno a la imposibilidad de estudiar en castellano, ¡esa lengua al parecer en peligro de extinción en nuestra Comunitat! Y ello para poder hablar de independentismo, que es lo que realmente persiguen; es decir, para generar miedo construido artificialmente y carente de toda fundamentación en nuestra Comunitat. El objetivo es trasladar al imaginario colectivo el conflicto catalán aquí, en lugar de intentar solucionarlo allí donde realmente existe.

A Podemos le cayó el sambenito de Venezuela, y les acusan de algo tan absurdo como querer convertirlo todo en dicho país -que por cierto dejó de ser colonia española hace más de 200 años aunque algunos no lo crean-. Es agitar el mensaje del temor al comunismo que ya les funcionó en el pasado.

Incluso se utilizó el recurso al miedo sobre la estabilidad del acuerdo de gobierno: el pacto del Botànic es la suma de dos partidos en el gobierno y otro que apoya desde el parlamento. Esta fórmula ha sido objeto de todo tipo de burlas por parte de la derecha, que amenazaba con la poca durabilidad del mismo y el caos. Sin embargo ha sido ahora usada en Andalucía por la derecha y es su aspiración para esta Comunitat. Los pactos a tres bandas sólo son malos cuando no los hacen ellos. Los de los demás, sencillamente quieren que den miedo.

La realidad está lejos del caos profetizado por Cs y el PP, pues el pacto de gobierno valenciano no sólo ha sido estable y duradero, sino que ha sido el más prolijo en cambios normativos de todos los parlamentos autonómicos y con la aprobación de todos los presupuestos.

Así, la realidad política valenciana es hoy de orgullo, pues con un parlamento plural, el diálogo ha traído amplios consensos en torno a las más de 66 leyes aprobadas, pilares del cambio social. Algunas de ellas eran asignaturas pendientes como la Ley de protección de la Huerta de Valencia, tumbada la anterior legislatura por la mayoría del PP; o la nueva regulación de los proyectos urbanísticos (LOTUP) para desterrar la idea de que el territorio ha de estar sometido a la especulación y abandonar los PAIs fantasma.

Orgullo valenciano porque tenemos un Consell transparente que cada seis meses da cuenta de la labor hecha, se impone una agenda de futuro y se examina sobre su cumplimiento. El balance de todos los seminarios es de un 92% de ejecución. Pocos gobiernos sacan tan buena nota.

Reunión del Consell este fin de semana en el Seminari de Govern

El orgullo valenciano es el que nos lleva a impulsar una reforma de la Constitución en clave valenciana, a exigir una financiación justa, a defender a nuestros agricultores y nuestros productos como la naranja, a proteger nuestra tierra frente a los especuladores, a impulsar nuestra economía por encima de la media estatal, a acabar con discriminaciones, a mejorar nuestra educación pública, a recuperar la sanidad privatizada, y, en definitiva, a ser un ejemplo de buen gobierno para el resto de Comunidades Autónomas.

La ilusión del cambio, tras veinte años de régimen del PP, ha sido una fuerza decisiva para lograr cumplir con todos los objetivos marcados. El cónclave del Consell ya ha marcado las líneas del futuro: más igualdad, más creación de empleo, más participación y más mecanismos para luchar contra el cambio climático.

El camino es consolidar este nuevo modelo de Comunitat en el que las personas sigan siendo el eje de las políticas, desde la honestidad, la transparencia, el rigor, y sobre todo el amor por esta tierra en la que, ahora sí, vivimos con orgullo valenciano.

Isaura Navarro es diputada de Compromís en Les Corts

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